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Música Luego de concierto en el atrio de la Catedral, pianista revela su otra fe: las artes marciales.

Juan José Chuquisengo: Melodía Santa

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Recorrido nostálgico. Chuquisengo en San Francisco, parte de sus antiguas caminatas en épocas del Conservatorio.

Entre tocata y tocata, en su estudio en Munich, no es raro ver al peruano Juan José Chuquisengo abandonando el piano para apropiarse de los ambientes de la academia de baile colindante para practicar sus ejercicios de karate o kung-fu. El destacado pianista ha encontrado en las artes marciales el complemento desconcertante pero ideal para su profesión. Superando el miedo a dañar sus manos con algún golpe extraviado, el artista sabe que tanto frente al piano como ante el contrincante, el estado en el que debe de sumirse es el de una situación de no-pensar, un estado de acción pura.

Afincado desde los 17 años en Alemania (donde llegó a sentir que la soledad le apestaba y la música podía ser su refugio), Chuquisengo vuelve constantemente al Perú para reunirse con el público local, como lo hiciera el pasado 29 de abril en un concurrido concierto en el atrio de la Catedral de Lima. Hijo de un investigador de la Policía Nacional y de una madre adepta de las baladas románticas, Chuquisengo se inició en su arte con un piano destartalado que su padre adquirió por cinco soles al final de una noche de tragos. Era una reliquia apolillada que había pertenecido al presidente Echenique y que el padre del futuro pianista arrastraría esa misma noche hasta su casa. “Una carcocha de piano, con las teclas amarillas, disparejas, al que le faltaban cuerdas”, rememora el artista, quien entonces tenía siete años cuando el primer maestro de piano llegó a su casa. Mucho más adelante vendría el shock de sus padres ante el anuncio de su vocación a los 14 años, las advertencias, los ultimátums, la resignación y la contradictoria constatación de que para ser músico en el Perú es necesario salir de él. “Me decían que con la música me iba a morir de hambre o me iba a tener que ir del país, y al final tuvieron razón”.


 


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