Actualidad Ollanta Humala firma el Acuerdo Nacional impulsado por Salomón Lerner, pero el ascensor con rumbo al centro sigue atascado.
Acuerdo en el Desacuerdo
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Humala y Lerner el lunes 9 en la sede del Acuerdo Nacional. Para el empresario, “con el 31.7% de la votación, Ollanta no puede gobernar. Tiene que concertar”. |
La semana pasada se encontraba listo el documento-antídoto hecho para neutralizar el “veneno” destilado en el plan de gobierno original de Ollanta Humala. Se trata de unas ocho páginas basadas en el tranquilizador “Compromiso por el Perú” firmado por el candidato el 28 de marzo. Una sumilla básicamente ortodoxa, opuesta al interminable programa refundador presentado al Jurado Nacional de Elecciones en diciembre pasado.
Además de Félix Jiménez, jefe del mencionado plan de gobierno, en la redacción del documento tuvieron un papel protagónico técnicos provenientes del toledismo y recién sumados al equipo de Gana Perú, encabezados por Kurt Burneo, Óscar Dancourt y Luis Alberto Arias.
Pero algo pasó, pues al cierre de esta edición el mencionado documento todavía no salía a la luz.
El mismo viernes 6 Humala sostuvo una reunión con los representantes del Acuerdo Nacional, entre quienes estaba su presidente Max Hernández, para anunciar la integración de Gana Perú a tal instancia. Entonces confirmó que el documento apunta al consenso político. Pero según lo trascendido desde el equipo técnico, Humala fue renuente para ceder en algunos puntos relacionados con la explotación de recursos naturales y el precio del gas.
El retraso acentúa la sensación de estancamiento de su candidatura reflejada en las últimas encuestas. Consultado por CARETAS, el jefe de campaña Salomón Lerner Guitis aseguró que el documento sería presentado entre el jueves y viernes de esta semana.
“En Gana Perú hay las mejores intenciones de concertar con todas las fuerzas políticas”, asegura. “Creemos en la gobernabilidad. Con el 31.7% de la votación, Ollanta no puede gobernar. Tiene que concertar. Ni Toledo ni García quisieron gobernar con consenso. Nosotros, en cambio, creemos que el cogobierno debe darse con las fuerzas que busquen cambios paulatinos sin dejar de lado la apertura y la necesidad que tiene el país de convocar la inversión extranjera”.
En estas circunstancias, el empresario le hace honor a su nombre de pila. Ríe cuando CARETAS le comenta que ahora lo conocen como el líder de los “mencheviques” que se enfrenta a los “bolcheviques” de Gana Perú.
“No es tanto así”, aclara. Pero Lerner, quizá el personaje más influyente en el entorno de Humala luego de su esposa Nadine Heredia, enfrenta un desafío crucial por estos días. La búsqueda del mencionado “cogobierno” parece diluirse a medida que se acortan los plazos de la campaña.
MIEDO AL CENTRO
El pistoletazo de salida de la segunda vuelta le otorgaba una importante ventaja, pero Humala se encuentra hoy en problemas.
Mirko Lauer advierte que la inicial corrida al centro de Humala paró en seco. “Hay un núcleo duro del humalismo para el cual un exceso de apertura simplemente conduce a comprometerse con los principios de gobierno que también figuran en la agenda del bando enemigo”, explicó en su columna de La República, el martes 10. “El camino brasileño del que hoy se reclama el humalismo consiste precisamente en esa llave de judo político. Lula precisó dos derrotas para llegar a esa conclusión”.
Y Humala suele repetir una metáfora asociada a ese arte marcial. Un personaje que fue cercano a su campaña apunta que “él dice utilizar la energía de los adversarios, como los judokas. Así lo ha hecho con varias personas. Quiere asesores baratos por afinidad ideológica. Quiere que los otros líderes le regalen la foto tomada con él pero no quiere asumir ningún compromiso político. Eso le está resultando fatal. Era mucho más difícil perder que ganar esta campaña. Se han liquidado apoyos fundamentales. Esta semana será clave para hacer algo claramente responsable y estructurado que revierta la situación”.
ELUSIVO COGOBIERNO
Es un delicado balance. Luego de la primera vuelta, Humala se embarcó en una primera semana correctamente planteada. En su publicidad agradeció a quienes no votaron por él, pues así “se fortalece la democracia”. Luego presentó a las personalidades que endosaron su candidatura y al equipo de nuevos técnicos, procedentes sobre todo de Perú Posible, que se sumaron a su equipo.
Las negociaciones oficiales con el toledismo se frustraron a pesar de que un sector del nacionalismo, en el que destaca Omar Chehade, favorecía una alianza orgánica de gobierno, al estilo Perú Posible-FIM. Según se supo, PP pidió las carteras del MEF y Vivienda. Alejandro Toledo no recibió ninguna respuesta y, en cambio, fue disuadido en su propio frente por personajes como Carlos Bruce y Juan Sheput.
Lerner sabe que el mencionado cogobierno no pasa solamente por la suscripción de apoyos de particulares sino que es fundamental la asociación con agrupaciones políticas.
El empresario se ha cuidado en destacar que la firma del Acuerdo Nacional, sin duda un paso en la dirección correcta, fue reclamada por Acción Popular. Los populistas celebran su congreso este fin de semana y podrían oficializar su apoyo al nacionalista.
Cabe preguntarse si los esfuerzos de Lerner pueden ser saboteados por el propio comandante.
“INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN”
El viernes 6, durante un encuentro con los maestros en la Derrama Magisterial, Humala remarcó que “la educación en el Perú tiene que ser un instrumento de liberación e integración, no un instrumento de dominación. Tiene que ser un derecho y no un privilegio”. Al más añejo glosario marxista se sumó la crítica a la ley de carrera pública magisterial que, sostiene el candidato, trata a los profesores “como alumnos y no como profesionales”.
Si algún proceso importante comenzó el gobierno que termina, ese fue el de la ley de carrera pública magisterial. Así fue quebrado el espinazo del SUTEP más radical y permite que los maestros sean evaluados y comiencen a acceder a importantes mejoras salariales según la calidad de la enseñanza que imparten.
Con sus declaraciones, Humala repite la torpeza que cometió Alejandro Toledo en la primera vuelta. Y es todavía peor porque, a diferencia del “cholo”, Humala es identificado con un radicalismo que tiene un nicho paralizante en el magisterio.
Lerner se ha referido a un “apanado” mediático y es indudable que un porcentaje importante de medios de prensa se ha puesto a favor del fujimorismo. Pero también es cierto que la influencia del periodismo siempre es relativa en la pulsa electoral peruana, sobre todo cuando una parte importante de los votantes interpreta con desconfianza el tono abiertamente proselitista adoptado en buena parte de la prensa escrita y televisiva. Por momentos parece aquí que la campaña se libra más entre titulares que entre candidatos.
Peor para él resulta que se pierda en una crisis de credibilidad. Confrontado con la realidad de su plan de gobierno, que consigna extremos preocupantes en materias como libertad de prensa y modelo económico, se ha demorado críticamente en presentar las enmiendas. Y cuando es obligado a salir del guión se hace evidente la limitación de sus recursos políticos.
JARABES DE RICINO
En la primera vuelta cosechó votos a partir de una estrategia que evitaba la confrontación y la ruptura. De acuerdo a las encuestas, su núcleo duro de 10%-12% se comenzó a expandir a partir del ablandamiento de su personalidad política, el alejamiento de los entredichos con los otros candidatos y la insistencia en propuestas con que pocos podrían estar en desacuerdo (CARETAS 2179).
El argumento contra la corrupción, además, siempre fue su valor agregado. Una idea fuerza en el segundo tiempo es la de persuadir a quienes no votaron por él a evitar el retorno del fujimorismo. Entre muchos comienza a cundir la impresión de que el precio es demasiado alto. Como se lo recomienda su ex asesor uruguayo Luis Costa Bonino, son tres los mensajes que ahora debe proyectar: “democracia, democracia y democracia”.
Ahora, justo cuando tiene que convencer a los electores que optaron por el otro lado del espectro, le cuesta salir de los aspectos más recalcitrantes de su plataforma. Por ejemplo, Lerner acercó a un personaje más concertador como Alberto Adrianzén que, sin embargo, rubricó el inaceptable capítulo sobre medios presentado en el plan. Y esa tentación controlista también está presente en declaraciones de moderados como el propio Lerner y Chehade.
A propósito de la firma del Acuerdo Nacional, vale la pena destacar el documento que Félix Jiménez, el jefe del plan de gobierno, envió a Max Hernández el 10 de marzo. Allí advierte que “no suscribiremos el contenido del Plan Bicentenario” mientras no sea resuelta una serie de observaciones. Dichas metas planteadas por el Centro de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) son consecuencia directa de los lineamientos del Acuerdo Nacional. Allí Jiménez rechaza de plano la “estrategia de exportación” y remarca que “no hay evidencia robusta que permita afirmar que el libre comercio es favorable al crecimiento y desarrollo”. Premisas herejes para una parte de los votos en juego. De acuerdo a alguien que ha trabajado con él, Jiménez es un economista “que trabaja para estar en minoría, no para construir la mayoría”. Nunca eso ha resultado más evidente.
Parecido talante el de Daniel Abugattas, que la noche del martes 10 declaró que los tratados de libre comercio se respetarán “al cien por ciento. Así como se cumple con la deuda externa, se debe cumplir con los tratados de libre comercio”. Es decir, como si fuera jarabe de ricino.
Igual que cuando La República titula en primera plana, a propósito de declaraciones de Humala, que “Premier y ministro de Economía serán independientes”. El candidato intenta convencer a los votantes de que, con todos los candados que se impone a sí mismo, no podrá cometer barbaridades. Al final muchos no lo ven como el hombre indicado para el trabajo en Palacio o sencillamente no le creen. Como calcula la fuente consultada párrafos más arriba, esta semana puede ser definitiva para marcar el rumbo de la segunda vuelta. (Enrique Chávez)
Balón de Ollanta no Sale a Cuenta
Estructura del precio. El candidato presidencial Ollanta Humala insiste en que el precio del balón de gas solo cueste S/. 12 en su gobierno. Aun si el costo de planta se redujera a cero, y se lo exonerara del pago de impuestos y regalías, el precio del balón sería alrededor de S/. 14. Actualmente, el balón de 10 kilos en Lima es de S/. 35 y en el Cusco de S/. 37.2. Claro que en Ecuador y Bolivia cuesta entre S/. 6 y S/. 12, respectivamente, pero es subsidiado. Según el decano del Colegio de Economistas del Perú, César Bedón Rocha, subsidiar el gas costaría al Estado peruano US$ 1,100 millones anuales.