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Urbanismo El viejo debate por una zona rosa en Lima y la nueva propuesta arquitectónica de un Museo Erótico con ruta turística incluida.

La Vía en ROSA

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Casona El Buque, en Barrios Altos, remodelada. Tres pisos, paneles fotovoltaicos para absorber la energía solar, una sugerente abertura de bienevenida y un fálico cañón de luz en la azotea. Todo con energía renovable. El museo sería el corazón de una zona rosa que incluiría una ruta turística.

El de la zona rosa es un empolvado debate que, no por viejo, parece resuelto. Los países más desarrollados cuentan con una (ver recuadro) y Lima casi tuvo la suya (ver mapa), pero lo importante es definir sus términos. Luego de soltar el tema en una entrevista a CARETAS, la alcaldesa de Lima ha decidido –razonablemente– elaborar una propuesta seria antes de dar el siguiente paso. Pues bien: el arquitecto Roberto Prieto tiene una.

La expuso en el concurso Cinco Ideas para el Centro Histórico de Lima, e implica la refacción de la recordada y hoy abandonada Casa El Buque de Barrios Altos, cerca de la antigua Peña Horadada. Según los cronistas citados en el libro Barrios Altos: Tradiciones Orales (1998), ésta servía como refugio nocturno para los virreyes. En ese sentido, la propuesta respeta la historicidad del inmueble y los parámetros normativos de la zona. El resultado podría ser el primer Museo Erótico de Lima, paradero ineludible en la ruta de un histórico circuito rosa.

El museo es un proyecto ambicioso que busca abarcar todas las expresiones eróticas de la historia del arte peruano. Hacia atrás, ensalzará para el goce público a los huacos preincaicos, las descripciones de las Pampayruna de Garcilaso de la Vega, algunas alusiones de Guamán Poma y las “descripciones ácidas” sobre la ciudad de Lima de Terralla y Landa. Un circuito turístico alimentaría la llegada al museo. La ruta literaria incluiría el Jr. Huatica de Vargas Llosa, los huecos visitados por Julio Ramón Ribeyro, los puntos de encuentro de Víctor Humareda, los huariques de Bryce y Vallejo, y las odas a la recordada Raquel B. del escritor y periodista Federico More. La Pies Dorados vargasllosiana también ameritaría su propio paradero, mínimo.

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El concepto original incluye espacios destinados a la educación sexual, a diversas exposiciones e, incluso, a una residencia-taller para artistas visitantes. Se mantendrían los tres niveles, y se incluirían paneles fotovoltaicos para absorber la energía solar, un fálico cañón de luz en la azotea y un color más que sugerente. Todo con energía renovable.

La ruta integraría a la Lima tradicional de boîtes y boleros con la capital contemporánea de perreo y telos al paso. Por un lado, los puntos ineludibles en la cronología del ocio adulto: Jr. Amazonas, Abajo del Puente, la Plaza de Armas, Jr. Huatica y Av. Arica. Por el otro, toda la variada oferta de apertura sexual que acompañó a la apertura económica de inicios de los noventa. El sexo también se privatizó y hace tiempo es parte del vale todo del mercado. Ello aceleró la crisis en los cinco burdeles legales de la ciudad: Las Cucardas, La Salvaje, El Botecito, La Nené y El Trocadero. Además, la privatización del servicio de mujeres públicas las privó de beneficios laborales. El full service es realmente un “service”. Por todo ello, es importante retomar un problema histórico y plantear una propuesta que reubique, fiscalice y controle la prostitución.

LA CASA ROSADA

Cuando las murallas de Lima cayeron, la prostitución ya estaba dispersa por toda la ciudad. La marginalidad estaba, literalmente, al margen del río Rímac. Más allá de lo que había sido el Portal de Maravillas había más que rumores. En 1907 llega la legalidad, y en 1928 las autoridades deciden instaurar un barrio rojo en las afueras de la capital que por entonces llegaba hasta la Av. Grau. El trabajo se centralizó en la calle 20 de Setiembre, luego conocida como Jr. Huatica (las actuales siete primeras cuadras del Jr. Renovación, en La Victoria). “Ir a huatiquear” se instaló en el imaginario oral como luego lo harían “ir a jironear” o “ir a larquear”. El Jr. Huatica que recuerda Marco Aurelio Denegri –con palangana, radiola, empapelado de calatas y baldes– se cerró cuando el escritor tenía 18 años, en 1956 (su libro Recuerdos Huatiqueros (Asociación de Estudios Humanísticos. Lima, 1977) merece también ser parte del museo). Según los conocedores allí nació el bolero, como en Argentina nació el tango y en México apareció el piano arrimado de Agustín Lara. En 1956, los encuentros se mudan a la Av. México. Lo que hoy es el borde del Mercado Mayorista era, por ese entonces, uno de los límites de la ciudad. En 1966 las autoridades lo cierran y las chicas se van a las avenidas Arequipa, Arenales y La Colmena. Todo gira alrededor del Cinco y Medio y El Trocadero. El primero, en el kilómetro 5.5 de la Carretera Central. Según Prieto, la primera salsa en el país se bailó en la pista de baile de El Trocadero, en plena Av. Argentina. En adelante, el comercio se volvió ambulatorio, y la informalidad propició la proliferación de enfermedades y delitos. El patrón ha sido recurrente: reubicar las casas de tolerancia en los extramuros de la ciudad. Pero la ciudad ha seguido creciendo.

El primer proyecto de un barrio rojo apareció en 1956, durante la dictadura del general de la alegría, Manuel A. Odría. Un usuario visionario como él lo previó: un panóptico con cuatro pabellones, dos niveles y sesenta cuartos por nivel. Un total de quinientos aposentos estructurados –cuándo no– siguiendo un modelo de panóptico. Tuvo que cambiar el siglo para que César González, ex alcalde de Lince, propusiera expandir el museo del sexo que mantiene en su clínica dentro de una zona rosa con todas las de la ley. (Carlos Cabanillas)

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El cosmopolita barrio St. Pauli en Hamburgo, al norte de Alemania.

Tolerancia Extranjera

Ámsterdam, París y Hamburgo: ejemplos exitosos.

El Moulin Rouge parisino, cerca a la estación Blanche, es el corazón de la zona del movimiento. El Pigalle francés cuenta también con un Museo del Erotismo.
En El Cairo, un centro de recreación menos conocido, los inmuebles se clasifican por filias, según el gusto del cliente.
Barcelona y Madrid son también dos casos conocidos. La calle La Ballesta, frente a La Gran Vía de la capital española, por ejemplo. Hasta México D.F. y el conservador Santiago de Chile han zonificado sus áreas de esparcimiento.

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Ámsterdam, en Holanda. El barrio rojo tiene hasta una calle para las trabajadoras peruanas.

El punto en común son los negocios circundantes: sex shops, centros de recreación, tiendas de alimentos y hasta cines. Pero no hay que olvidar que la mayor urgencia está en controlar la prostitución y así eliminar la delincuencia, el proxenetismo, la venta de drogas y las condiciones de insalubridad circundantes.


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