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26/May/2011
 
 
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Opinión “Al lado de una perla como esta, el perro del hortelano de García queda como una mascota de Greenpeace”.

Si Entre Blancos no nos Ayudamos…

Esta vez las redes sociales sí demostraron su poder para convocar gente: más de treinta mil personas marcharon el jueves 12 por el centro de Santiago hacia La Moneda, para protestar con espléndida energía por la aprobación del proyecto Hidro Aysén, la construcción de cinco centrales hidroeléctricas que usarán aguas de los ríos Baker y Pascua, que ni más ni menos corren por la prístina Patagonia chilena. Las protestas se daban en simultáneo, desde La Serena en el norte hasta Coquimbo en el sur. Chile tiene un déficit de energía que muy pronto hará tentar al país los bordes de una catástrofe, necesita al menos duplicar su disponibilidad actual en menos de 15 años. Pero sin lanzar ninguna campaña para usar racionalmente el recurso y menos buscando con creatividad entre las muchas opciones alternativas que se vienen experimentando en el mundo, el gobierno de Piñeira da luz verde a un proyecto que se venía cocinando desde la gestión de Bachelet. Un camino que da resultados en el corto plazo, pero que es babilónico en términos presupuestales y sobre todo, como ha ocurrido en China y otros lugares del planeta, demuestra que su costo/beneficio es nefasto para la salud de la Tierra.

En mi vuelo de regreso a Lima leo la edición de El Mercurio del sábado 14 de mayo. La información sobre las movilizaciones parece ser objetiva, sin embargo, los sesgos ideológicos y sobre todo, las opiniones editoriales sobre el caso, son de antología. En una columna sin firma de la página A3 del diario se lee: “… mirando desde la perspectiva actual, si en 50 años más la sociedad cambiara de parecer y se declarara categóricamente descontenta con estas represas, podrá fácilmente demolerlas y recuperar en gran parte aquellos ecosistemas afectados por aquellas (sic), pues habrá acumulado la riqueza necesaria para reemplazarlas por otras fuentes de energía”. Al lado de una perla como esta, el perro del hortelano de García queda como una mascota de Greenpeace. Y para poner el cherry en la torta, un alto funcionario del Ejecutivo chileno declaró que las inversiones no se iban a detener por “temitas ambientales”.

Paso las páginas del enorme y antiguo decano de la prensa chilena y me encuentro con un fotón de Alan García que lo retrata en uno de esos momentos en los que el litio está de oferta “paga dos y llévate tres”, boyante y despectivo como cuando pateó a Lora y etcétera. ¿Por qué nuestro saliente presidente ocupaba un espacio tan notorio en la muy consultada sección de Economía y Negocios de El Mercurio? El titular de la nota da la respuesta: Alan García impulsa la construcción de 20 centrales hidroeléctricas en Perú – Inversión ascendería a US$ 15 mil millones. El subtítulo no es menos contundente: Las unidades alcanzan, en su conjunto, una potencia de más de mil MW, lo que permitiría a Perú exportar energía a otros países.

El texto de la nota está lleno de tecnicismos pero en resumen nos dice que mientras en Chile cuatro hippies viejos protestan por una meada de gato de 4 MW, los millones de modernos peruanos –sin chistar– aceptan que se haya dado un decreto supremo que califica las mencionadas veinte centrales como “una iniciativa de interés nacional para el largo plazo en el Perú”. Se precisa luego que las dos decenas de hidroeléctricas peruanas se desplegarán a lo largo del río Marañón, sin puntualizar qué significa la cuenca de la serpiente de oro en el sistema orográfico peruano. El Mercurio sigue, la magnitud del proyecto es tal que no solamente, dice, atenderá la demanda doméstica de energía sino y sobre todo, la de la gran industria minera. Y como si fuera poco, se proyecta vender electricidad a Ecuador y América Central por seis mil millones de dólares al año. “Si entre blancos no nos ayudamos ya qué nos queda”, parece decir El Mercurio y la conservadorísima clase empresarial chilena en este mensaje, lo que demuestra que eso de “país moderno”, alude a la cantidad de tiendas Louis Vuitton que se ven tanto en Santiago como en Lima. (Rafo León)


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