Opinión Por: FRANCISCO SAGASTI
Tabla de Riesgos
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Compulsar preferencias y prejuicios, invoca el autor. |
Si una campaña electoral puede compararse con un proceso de seducción, hace algún tiempo escribí que los planes de gobierno jugaban el papel de ropa interior: no se ve durante el proceso, y en caso de tener éxito, debe mostrarse (CARETAS 1909). Ahora, en la segunda vuelta, llegó el momento del
striptease para Humala y Fujimori.
El frondoso plan de gobierno de uno de ellos resultó ser un calzoncillo largo, acaso propicio para inviernos más crudos. Las críticas lo han obligado a recortarlo al tamaño de un jockey. El escueto plan de gobierno de su rival es una breve tanga, lo que hace difícil criticar su vestimenta excepto para quienes quieren ver más traje y menos anatomía.
Los planes de gobierno son importantes y muestran las intenciones de los candidatos, pero al fin y al cabo son solo planes. Las circunstancias en el ejercicio del poder obligan a modificar las intenciones, y si bien no es ético hacer campaña en una dirección y gobernar en dirección diametralmente opuesta, tampoco puede esperarse que un gobernante siga al pie de la letra lo que decía su plan de gobierno durante la campaña. Sin embargo, esto no lo exime de justificar claramente el alcance de los cambios que va a introducir.
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Para definir por quién votar en una elección tan reñida y polarizada, es más importante un análisis de los riesgos asociados con cada candidato y de las iniciativas para mitigarlos, que enfrascarse en bizantinas discusiones sobre el contenido de sus planes de gobierno. Esto no es fácil, sobre todo cuando muchos medios de comunicación han abdicado de su responsabilidad de informar con veracidad e imparcialidad, y están amplificando miedos y rechazos que opacan nuestra comprensión y el uso de la razón.
El resultado daría una idea clara sobre qué implicaría para el país la elección de uno u otro candidato –eso sí, desde la perspectiva de quien hace el análisis, sus valores, preferencias y prejuicios, ya que éstos determinan el peso que le damos a cada uno de los riesgos identificados y la confianza que tenemos en las formas de mitigarlos o reducirlos.
Tome papel y lápiz, defina categorías de riesgo, piense qué podría hacerse para hacerles frente, y aplíquelas a los dos candidatos. Luego examine sus preferencias y prejuicios, y sin autoengañarse decida su opción de voto.
POSDATA
El riesgo que más me preocupa no está asociado a uno u otro candidato. No hay mucho margen de maniobra para cambios bruscos en políticas económicas o temas constitucionales, sobre todo con un Congreso fragmentado y una sociedad civil vigilante. Mi preocupación surge de la polarización extrema y la intolerancia que muestran los partidarios de uno y otro candidato, y de las distorsiones difundidas por los medios de comunicación que azuzan a la población. Al concluir la segunda vuelta, casi la mitad de los peruanos habremos votado por el ganador y la otra mitad por el perdedor. El tremendismo con que se está manejando la campaña no ayuda a crear las condiciones que permitirán al próximo presidente, sea quien sea, gobernar bien para todos los peruanos. Al fin y al cabo, viviremos todos en el mismo país luego de las elecciones. Pensemos en el 6 de junio, busquemos puntos de convergencia, y empecemos a crear espacios de diálogo y concertación.