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Opinión El trasfondo sicológico de la disyuntiva que se presenta este 5 de junio: Nuestras mentes están hechas para elegir.

La Mente Humana en Elección

Elegir es inherente a la vida con movimiento: ¿saltar sobre la presa o esperar unos segundos? O terminamos con alimento en el estómago, o con nosotros en estómago ajeno. Están en juego nuestros genes.

Hay errores que cuestan caro. Si uno de nuestros ancestros reflexionaba sobre si el ruido proveniente de la maleza era o no un león (¡o, quizá, un león vegetariano!), ninguno de nosotros es su descendiente directo. Si salió corriendo despavorido y era el sonido del viento, seguro llegó a reproducirse.

Cableados para elegir, pero rápidamente, sin información exhaustiva y con un sentimiento poderoso de tener razón. Es para eso que nuestras mentes están hechas.

Las opciones eran limitadas y comenzaron a crecer en número y cambiar en esencia recientemente. Comer y no ser comido, lograr algo de poder en un grupo, una pareja para reproducirse y criar pequeños. De eso a comprar y vender, decidir sobre vestimenta, colegio de los hijos, restaurante, etc. Últimamente vivimos sumergidos por ofertas de destinos, canales de TV, aliños para ensaladas, computadoras o lugares de Internet.

No es lo mismo husmear por ese inacabable menú de opciones intrascendentes que escoger pareja, AFP, tratamiento para nuestras enfermedades, acciones en la bolsa o… Presidente de la República.

Para eso necesitamos DNI, ser pensantes, evaluar y analizar cuidadosamente y desapasionadamente la realidad y domar esa molestosa subjetividad que ensucia los hechos. La vida económica y electoral no es una tómbola, sino una hoja de Excel.

Las actuales invocaciones a la razón, consideraciones sobre el futuro; análisis de planes de gobierno, desempeños económicos comparados, partes policiales y anales judiciales, muestran lo poco que se conoce la mente eleccionaria.

Si se trata de una computadora, apelar al DNI mental y poner en un Excel pros y contras asegura una elección razonable. Pero, ¿matrimonio, departamento, AFP o Presidente de la República? No hay Excel que valga.

¿Por qué?

Porque estamos marcando los sesgos de nuestra atención: solamente lo que está dentro existe en nuestra conciencia; y por nuestros modelos mentales, impermeables a argumentos y datos. Y porque somos muy malos para evaluar riesgos y el impacto que hechos futuros tendrán en nuestro nivel de felicidad.

Si nos casamos o no, qué departamento compramos o quién nos va a gobernar, contienen demasiadas variables y su relación con el bienestar individual y colectivo es menos clara. En esos casos, la racionalidad y el análisis se opacan ante la intuición y, sí, luego sirven para confirmarla, justificarla, para producir el relato que nos contamos a nosotros mismos y a los demás con el fin de explicarla y seguir sintiéndonos bien dentro de los modelos mentales que nos definen.

Hacer largas listas con ventajas y desventajas es poco útil o una finta. Más y más información, a partir de cierto punto, es contraproducente: no aumenta la pertinencia de mi elección aunque sí la seguridad que siento de que es correcta.

La sabiduría de las masas sigue siendo la mejor manera de elegir a quienes van a ejercer altas cuotas de poder. De las percepciones e intuiciones agregadas se desprende un pronunciamiento que se parece mucho al resultado de Wikipedia.

En otros países es la misma mente sin DNI la que guía la mano que presenta DNI, pone un aspa o no pone nada o pone alguna estupidez en la cédula de sufragio y luego la deposita en una urna, que en el nuestro. ¿La diferencia? Pues que en esos lares hay partidos, los políticos profesionales tienen desempeños que la gente sigue a lo largo de los años y comienzan desde abajo, hay instituciones que se encargan de limitar el poder y castigos muy precisos para quienes abusan de él.

Los procesos electorales son una forma de medición. El que tenemos no es perfecto ni mucho menos, pero sus imperfecciones no se encuentran en las calificaciones educativas de los ciudadanos que eligen. Ellos, desde el analfabeto hasta el Ph.D., ponen en acción un cerebro lleno de prejuicios, ideas preconcebidas, afinidades, sesgos, anhelos y temores, que nos caracteriza desde siempre a la hora de las grandes decisiones. (Por: Roberto Lerner)

Hipos de Felicidad e Infelicidad


Sacarse la lotería es un hecho absolutamente deseable. Quedar parapléjico es lo peor que nos puede pasar. Lo primero conduce a un aumento considerable de felicidad, mientras que lo segundo a una disminución catastrófica. Los ganadores de loterías –como lo experimentan quienes consiguen algo anhelado: aumento de sueldo, premio, pareja, etc.– tienen un hipo hacia arriba en sus niveles de contento, y los que quedan parapléjicos –como todos quienes reciben una mala noticia, pierden su libertad en la cárcel, etc.– un hipo hacia abajo. ¿Cuánto dura? Poco, alrededor de tres meses. Luego regresamos a nuestros habituales, y distintos para cada persona, niveles de felicidad o infelicidad.

Cómo Escogemos


–¿Cuántas opciones hay?
–Coca-Cola, Pesi Cola, Fanta, en sus versiones normales y de dieta; y agua. ¿Cuántas opciones hay? Los norteamericanos, responden que siete. Pero si son ucranianos la respuesta es: dos, gaseosas y agua. Hasta para lo más elemental de una elección
–entre qué escojo– depende de la cultura, de la experiencia concreta con respecto de las decisiones.

–¿Elegir en un asunto individual y nada más que individual?
Hay varios rompecabezas, diferentes. Unos niños tendrá cada uno el suyo para tratar de armarlo lo antes posible. A un grupo los dejan escoger; a otro un adulto señala a cada niño cuál rompecabezas deberá trabajar; y a un tercero el mismo adulto señala cuál la madre de cada niño escogió para él. Si los niños son norteamericanos, la primera opción produce los mejores resultados y la tercera los menos buenos. Si los niños son japoneses, por el contrario, los tiempos de solución son más cortos en la que es la madre quien determina qué rompecabezas enfrenta cada niño.


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