Opinión Por JOSEPH STIGLITZ
El Próximo Líder del FMI
Nueva york – Antes de lo esperado, el Fondo Monetario Internacional tendrá un nuevo director gerente. Durante más de una década, critiqué la gobernancia del Fondo, simbolizada por la manera en que se elige a su líder. Por acuerdo de caballeros entre los accionistas mayoritarios –el G-8–, el director gerente del FMI tiene que ser europeo, y el del Banco Mundial norteamericano, siendo EE.UU. el segundo accionista de mayor importancia.
Los europeos normalmente eligen al candidato entre bambalinas, al igual que los norteamericanos, luego de una superficial consulta con los países en desarrollo. El resultado muchas veces no ha sido bueno para el FMI, el Banco Mundial ni el mundo.
El nombramiento de Paul Wolfowitz, uno de los arquitectos de la Guerra de Irak, para liderar el Banco Mundial, es uno de los más tristemente célebres. Sus criterios no fueron mejores de los que involucraron a EE.UU.en esa aventura bélica desastrosa. Tras colocar la lucha contra la corrupción al tope de la agenda del BM, Wolfowitz renunció a mitad de su mandato, acusado de favoritismo.
Conforme pareció surgir un nuevo orden tras la Gran Recesión provocada por EE.UU, el G-20 acordó (o al menos eso se creía) que el próximo director del FMI sería elegido de una manera abierta y transparente. Se suponía que el resultado de ese proceso daría como resultado un director gerente proveniente de un país de mercados emergentes. La principal responsabilidad del FMI es combatir las crisis, que en su mayoría han estallado en los países en desarrollo –más de 100 desde el inicio de las desastrosas políticas de desregulación y liberalización financiera hace 30 años–. Hubo muchos héroes de esas batallas en los mercados emergentes.
Las crisis tienen que manejarse con mucho cuidado. En 1997, la mala gestión de la crisis del Este de Asia por parte del FMI y del Tesoro de EE.UU. transformó la desaceleración económica en recesión, y la recesión en depresión. El mundo no puede darse el lujo de repetir ese desempeño.
Ahora, la crisis está en Europa, y el Banco Central Europeo parece estar priorizando su balance y el de los bancos europeos –abrumados con la deuda de Irlanda, Grecia y Portugal– por sobre el bienestar de los ciudadanos. Esta deuda casi con certeza tiene que ser reestructurada. Pero al haber permitido que los bancos se apalanquen más allá de la prudencia y acumulen derivados tóxicos, el BCE se opone a cualquier tipo de reestructuración o amortización.
Pero es un poco tarde para que el BCE descalifique la reestructuración de la deuda como “impensable”. Debió haberlo previsto antes de dejar que las cosas llegaran adonde llegaron. Debió haber regulado el mercado para impedir que los bancos de Europa se volvieran tan vulnerables.
El BCE necesita pensar en cómo ayudar a todos, no sólo a los banqueros que compraron los bonos. El nuevo criterio debería poner a la gente en primer lugar, y a los banqueros y tenedores de bonos en segundo lugar. Incluso si los accionistas y los tenedores de bonos pierden hasta la camiseta, con la reestructuración correcta, se puede salvar a los bancos y proteger a los contribuyentes y a los trabajadores.
La actitud del próximo director gerente del FMI –y si persistirá en el salvataje fiscal a través de la austeridad, en cuyo caso los costos serán asumidos por los ciudadanos, mientras que los banqueros sólo reciben una palmadita en la mano– es crítica, pero difícil de predecir. A pesar del fracaso de la estrategia del FMI en el Este de Asia, América Latina y otras partes, todavía tiene adherentes, incluso en los mercados emergentes.
A pesar de lo mucho que me gustaría ver a alguien de los mercados emergentes y del mundo en desarrollo presidir el FMI, la principal prioridad es elegir un líder con las capacidades y el nivel de compromiso y entendimiento necesarios en un proceso abierto y transparente, alguien que siga transitando el sendero de la reforma en el que se embarcó el Fondo.
La realpolitik podría implicar que haya personas de experiencia tanto de China como de Estados Unidos en la alta gerencia, pero la presunción de que el puesto número dos debería ser ocupado por un estadounidense también tendría que desaparecer.
El FMI, el Banco Mundial y la comunidad internacional tienen que reafirmar su compromiso con un proceso abierto y transparente –y preguntar cómo se puede mejorar el proceso. Por ejemplo, en lugar de nominaciones de parte de gobiernos, que suelen ser reacios a respaldar a candidatos excelentes de los partidos de la oposición, un comité de nominación internacional podría presentar nombres. De la misma manera, cambios en los procedimientos de votación (votación pública por países, y no a través de distritos electorales, o un requisito de que los candidatos ganen el respaldo de una mayoría de países en desarrollo y emergentes) podría persuadir a más funcionarios de mercados emergentes de postular sus nombres.
Lo que estamos viendo ahora –campañas abiertas, a diferencia de una selección a puertas cerradas– parece ser un paso en la dirección correcta. Pero es de esperarse que las promesas de campaña no aten de manos al nuevo líder, como suele suceder en la política electoral. Las ideologías simplistas llevaron al mundo al caos en el que hoy se encuentra, y las recetas simplistas (incluso en la forma de “austeridad de mano dura”) sólo agravarán los problemas.
Uno de los principales candidatos para ser el próximo director gerente del FMI es una mujer francesa, Christine Lagarde, que como ministra de Finanzas de Francia, ayudó a sacar a su país de la Gran Recesión. Fue una franca defensora de las reformas del sector financiero, y se ganó el respeto de todos aquellos con quienes tuvo que trabajar.
La política no siempre es amable con los buenos candidatos. El mundo debería estar agradecido de que haya al menos uno. El lugar donde haya nacido no debería ser un impedimento para sus perspectivas. (Por Joseph E. Stiglitz*)
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*Joseph E. Stiglitz es catedrático de la Universidad de Columbia y ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía. Su libro más reciente es Freefall: Free Markets and the Sinking of the Global Economy, que ahora está disponible en francés, alemán, japonés y español.
Copyright: Project Syndicate, 2010.
www.project-syndicate.org Traducción de Kena Nequiz Puede escuchar un podcast en inglés de este artículo en el siguiente enlace:
http://media.blubrry.com/ps/media.libsyn.com/media/ps/stiglitz133.mp3