miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2185

16/Jun/2011
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre PolicialesVER
Acceso libre NacionalVER
Acceso libre DebateVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Acceso libre SaludVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Acceso libre Conc. CanallaVER
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Fe de ErratasVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre La Copa IlustradaVER
Acceso libre LeerVER
Acceso libre UniversidadesVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Nacional Maximilian Hemmert-Halswick vivió un año en casa hogar de Cedro. Su testimonio.

Un Alemán en la Rica Vicky

5 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

Hemmert-Halswick vino por un programa de intercambio, y editó un libro de su experiencia en la casa hogar de CEDRO, donde cada chico contribuye en las tareas cotidianas.

Ahora en vuelta a Alemania, el joven Maximilian Hemmert-Halswick llegó a Lima gracias a un programa de intercambio que le permitió ayudar en una de las Casas Hogar de CEDRO en La Victoria. Allí, compartió las vivencias de niños que luchan por salir adelante gracias a este programa que anualmente atiende a 300 chicos de entre 10 y 18 años. Víctimas de violencia familiar y/o sexual o en situación de abandono en la calle, los jóvenes reciben allí alimentación, atención médica, escolaridad y capacitación laboral. Aquí su testimonio. Digno de ser imitado.

Me llamo Maximilian Hemmert-Halswick, soy de Colonia, Alemania, y pasé un año en Lima. Yo tenía una vida muy tranquila y no había viajado mucho. Lo más distante fue Italia, que echando un vistazo al mapamundi, no está muy lejos. Terminé la secundaria con el bachillerato y me hacía la pregunta: ¿Qué pasa después del colegio? ¿Servicio militar? ¿Servicio cívico? ¿Ya a la Universidad? Esas opciones no me vacilaron mucho. De un amigo escuché de la posibilidad de hacer un tipo de servicio en el extranjero, especialmente en países fuera de Europa. Yo había estudiado tres años de castellano en el colegio y por eso opté por un país hispanohablante. Me tocó Perú.

No sabía casi nada de ese país, tan lejos de Alemania; acá las noticias solo tratan de Europa, EEUU o de zonas de guerras. En el seminario preparativo nos habían contado algunas costumbres del respectivo país pero no nos podían decir exactamente qué nos iba a esperar. Nosotros fuimos tres: Lea, Axel y yo. Lea y Axel también iban a ir a Lima. El vuelo demoraría más de 18 horas. Entonces, el 15 de agosto de 2009 llegamos a Lima, por fin. Como he mencionado solo conocía Lima por el mapamundi, y según eso es muy cerca de la línea ecuatorial; yo pensaba que Lima era un lugar muy caliente pero resulta que me había confundido. Pero bueno, eso solo fue la primera impresión. Pronto los profesores de CEDRO, una organización bien conocida en la materia de impedir el abuso de drogas, nos introdujeron al programa “Casas Hogares”. Hay tres casas hogares en Lima. En dos solo habitan chicos, en la otra solo chicas. Entre las dos casas de chicos, yo me decidí para ir a la casa que está situada en el distrito de La Victoria. Axel se quedó en el Rímac.

¿Qué es una casa hogar? ¿Qué hacen allí? ¿Quiénes viven allí? Y ¿qué iba a hacer yo? Eso me pregunté… Bueno, en la casa hogar viven chicos que derivan de familias económicamente no muy bien situadas, asimismo chicos que han pasado cierto tiempo viviendo en las calles de la capital y otros, quienes han venido solos desde muy lejos en busca de una manera de salir adelante. Por eso esperaba a adolescentes reservados, tristes o desolados. Pero no fue así. Los chicos a los que yo tenía el honor de acompañar por ese año emiten alegría, confianza y esperanza. Yo no lo digo para hacerlo sonar bonito o para conmover a alguien, sino porque lo sentí así. A veces olvidaba de dónde venían algunos de ellos y de todo lo que han vivido y parecía que no había distancia entre uno de ellos y mi persona. Diciendo “uno de ellos” quiero poner de relieve qué significa eso: Allí viven más o menos 30 chicos y hay 5 profesores que se alternan con sus turnos. Los que llevan más de 2 meses allí, se adaptan bastante y sienten el cariño que les brindan. Los educadores son más como padres, entonces, y eso es creo uno de los fines de la casa hogar, forman una gran familia. Mejor dicho, una familia suplementaria, puesto que todavía tienen a su “verdadera” familia. Y, como en una familia, todos contribuyen al hogar haciendo sus tareas (claro, a veces falta convencer a uno de la necesidad de eso, pero en general funciona bastante bien). Limpiar, poner la mesa, preparar o traer la comida… Y de vez en cuando hay tiempo para jugar, para divertirse. Otro objetivo de la casa es brindarles la posibilidad de gozar de la educación escolar. Todos van al colegio, y si ya no son tan jóvenes aprenden una carrera técnica. Eso es lo general para saber de qué trata todo eso.

Si visitan esa casa, van a encontrar a esos chicos bien juguetones y, sorpresa, a un chico alemán. El último año ese chico fui yo. Yo venía todos los días de la semana, a veces también los sábados o domingos. Los chicos mostraban mucho interés en mí y yo también quería aprender de ellos. Como en cada relación, sea entre amigo, familiares o novios, hay que desarrollar el trato entre las personas. Al principio no sabía hablar bien, eso fue mejorando durante el año. Estando un buen tiempo en la casa hogar me acostumbré a este entorno, me sentí acogido, aceptado y respetado. En ese ambiente fue posible compartir historias, experiencias y sentimientos. Me encantaron esos momentos. Asimismo, hubo tiempo para jugar, para salir a otros lugares. Me gustó mucho que organizaran bastantes excursiones, y creo que a los chicos también les encantaron. Para mencionar unos pocos: Fuimos al Parque de Las Leyendas, hicimos un campamento en Chosica y varias veces fuimos a la playa. Cuánto quisiera estar en la playa ahora… mirando por la ventana solo veo blanco, solo veo nieve y muchísimo frío – pero eso es otra cosa. De esa manera, yendo a la Casa Hogar para contribuir a la convivencia allí, formando parte de esa familia, se ha pasado el año bien rápido. Ahora, estando muy lejos de allí, pienso mucho en el tiempo en Lima, en la casa hogar de La Victoria, y pienso –a mí, me gustaría ponerlo así por lo que quiere decir– que soy uno de ellos, uno más de la casa hogar de la Victoria.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente

Ver más en Nacional
Chaco Descentralizado
Un Alemán en la Rica Vicky

Búsqueda | Mensaje | Revista