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Fútbol Capitán de la selección se pierde Copa América, pero apunta a las eliminatorias Brasil 2014.

Claudio Pizarro: La Copa Pendiente

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Emigró a Alemania con 21 años. Hoy es el máximo anotar extranjero en la historia de la Bundesliga y 1oo goles a su favor en el histórico Bayern Munchen.

Su romance con la red empezó de niño en el Cantolao. Tras debutar en primera con el Pesquero y ratificar sus condiciones en Alianza Lima, con 21 años de edad y 38 tantos en su haber, emigró al fútbol alemán a través del Werder Bremen. Allí surgió una química única. Pisó fuerte desde el principio e impuso una nada desdeñable cuota de gol.

Hoy, es el máximo anotador extranjero en la historia de la Bundesliga y tiene 12 temporadas continuas en el más alto nivel, incluyendo 6 años de presencia y 100 tantos, tan solo en el histórico Bayern Munchen. Con esas credenciales y un compromiso con la selección, que enfatiza sin hesitar, Claudio Pizarro está de vuelta, aunque el infortunio se ensañe con él y le impida estar en la Copa América por esa inoportuna distensión de ligamento adquirida en una jugada intrascendente.

El diálogo empieza con un reconocimiento irrefutable: ¿Sabes que eres el futbolista peruano más exitoso de todos los tiempos a nivel de clubes? “Sí, lo he pensado. He tenido una muy buena carrera, me he cuidado, he tratado de ganar cosas importantes, siempre me ha gustado ir para adelante y producto de eso y de ser muy positivo es que me ha ido bien.” Y no se equivoca. A diferencia de otras figuras de nuestra historia que no pudieron lidiar con sus propios caracteres, Claudio tuvo siempre la virtud de ser tolerante con las decisiones de técnicos que, en ocasiones, lo postergaban a la suplencia. “Lo aprendí con el tiempo: el fútbol da muchas oportunidades que no sabes cuando van a llegar. Hay que estar siempre al 100% y cuando tienes minutos hay que aprovecharlos para demostrar tu valor.” Sus goles llegaron desde el primer partido. Uno a uno los fue sumando hasta amenazar el record del brasileño Giovanni Elber como máximo anotador foráneo en Alemania. “Cuando te vas acercando empiezas a pensar en el objetivo. Igual, el record no me condicionó. A los delanteros nos piden goles y si no los haces dejan de considerarte. En Europa toman mucho en cuenta esa estadística”.

Se describe como una persona tímida que le rehúye al acoso de la prensa. “Llegan momentos en que te ha ido mal en el juego o que tienes un problema personal y uno ve en alguna prensa, digamos, cierta impertinencia. Se cree que uno tiene que responder siempre y no es así, pero mi disposición en general, es la mejor, por el público”. Sabe que, al margen de su entrega incondicional, con la selección tiene una cuota de goles al debe. Admite que, algunas veces, por querer cumplir múltiples funciones su contundencia ofensiva se diluyó. “Sí, me sentía muy presionado y ansioso, oía lo que se comentaba y lo que me pedían en la calle y eso, años atrás, no lo sabía manejar. Con el tiempo, viviendo en el área, he aprendido a tener la paciencia de que una buena pelota me llegue y anotar. Eso es lo que ahora me pide Markarián: ser el definidor de área”.

No solo tiene el mérito de su marca goleadora sino también el de su vigencia abrazando logros. Y le atribuye al sosiego del hogar - conformado por su esposa Karla y sus hijos Claudio, Antonella y Gianluca - buena parte de su éxito. “Me casé a los 20 años y me llevé a mi esposa a Bremen desde el primer día y aun seguimos juntos. Esa ha sido una ventaja. Cuando me va mal en la cancha, no me gusta hacer nada y puedo ser intolerante, pero ella sabe comprenderme y tranquilizarme. Eso es fundamental para mí. He tenido gente cerca que ha sabido guiarme”.

Tiene 32 años y rollo futbolístico para algunos más, pero lo tiene claro: “Técnico no voy a ser, no quiero sufrir la angustia por la que atraviesan los entrenadores. Quiero disfrutar de mis hijos y de lo que he cosechado. Me dedicaré a los negocios, aunque siempre tendré vínculo con el fútbol, quizás en el mismo Werder. No creo que me quede a vivir en Alemania pero sí en Europa, posiblemente en España, también por el idioma.” Al hablar de la selección se muestra elocuente: “Estamos bien, la diferencia es que ahora siento que soy yo el de la experiencia y el líder, noto que los chicos están pendientes de lo que hago y sé que soy un ejemplo para ellos. Les hablo siempre del valor de la oportunidad que da la vitrina de la Copa América y la eliminatoria; saben que jugar bien y ganar un partido, los acerca a emigrar. En Japón se notó la idea de lo que quiere el entrenador. Hemos aprendido a mantener el cero atrás, pero claro, nos falta meterla. Es parte del proceso. Sabemos que el clima siempre es de confianza y entusiasmo al inicio. Perderemos y empataremos, jugaremos a veces mal pero será muy importante que el apoyo de la gente no decaiga.” Considera que la capitanía no se ejerce con el brazalete: “Es solo un símbolo, líderes y capitanes somos varios. Quizás la decisión de Sergio se dio por advertir que tengo ascendencia en el grupo. Me he mantenido siempre en contacto con Vílchez, Butrón, Vargas y otros, hablando de la selección. Ese contacto influyó.” Recuerda con amargura y sin rencor la indisciplina en el Hotel Golf Los Incas de la que no participó y que igual lo alejó por 3 años de la franja roja. Allí el sentimentalismo supera la frialdad del implacable goleador: “Extrañé a la selección, he vuelto luego de mucho tiempo y una de las emociones más grandes que he sentido ha sido llevar la camiseta y cantar el himno en Holanda cuando jugamos hace poco ante Ecuador. Yo mismo me sorprendí de esa sensación.” Tenía la ilusión de una nueva Copa América, pero su rodilla se lo ha negado y ahora, como tantas veces, confía en la recuperación y en afrontar bien la eliminatoria. Aun con el dolor de no poder estar en Argentina, se anima a hablar de los rivales: “A Chile le va a costar el cambio de técnico aunque tiene muy buenos jugadores; Uruguay es un rival muy frontal y directo, les molesta la pelota abajo y por eso contra ellos últimamente nos va bien; México es siempre muy fuerte en lo colectivo aunque lleva un equipo joven. Será un torneo importante y servirá de parámetro para el objetivo central que es la eliminatoria. Igual, queremos llegar lo más lejos posible”.

En el fútbol galáctico tiene sus preferencias pero no pierde la perspectiva: “Estuve en la final de la Champions League y quería que gane el Madrid por la presencia de Mourinho, mi ex entrenador en Chelsea y también de Ozil, mi amigo en Bremen; pero el Barcelona es el mejor equipo que he visto, te hace correr hasta demolerte físicamente. Resuelve todo bien y a gran velocidad.” Terminando el diálogo reafirma: “Quiero cumplir objetivos personales con la selección y para eso me preparaRE al ciento por ciento. Hemos aprendido de lecciones anteriores, todos estamos muy mentalizados y nos daremos íntegros.”
Ha vuelto y sabe que esta es su última oportunidad para cumplir el sueño pendiente: Brasil 2014, con la franja al pecho y cantando con un nudo en la garganta, el himno nacional. Lo imagina y la voz le tiembla, pero no duda: “Esta vez no podemos fallar”. En la Copa América no será, pero para lo que viene después, le tomamos la palabra.(Escribe: Eddie Fleischman)


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