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Pérdidas Facundo Cabral escapó del alcoholismo, del reformatorio, del cáncer, de la dictadura argentina y del olvido.

La Partida de Facundo

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El adiós al trovador argentino e incansable caminante. Su vida fue intensa, comprometida y azarosa.

Quizá el trovador argentino, caminante incansable, estuvo preparado para un desenlace que al común de los mortales nos parece cruel y sin sentido. Él había dicho, en alguna oportunidad, que “se gana y se pierde, se sube y se baja, se nace y se muere. Y si la historia es tan simple, ¿por qué te preocupas tanto?” “No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón”. Último mensaje para sus millones de admiradores.

Tenía 74 años y estaba prácticamente ciego desde tiempo atrás. Abandonado por su padre antes de nacer, emigró con su madre y seis hermanos a Tierra del Fuego. Se escapó de su casa a los 9 años y cayó en el alcoholismo; terminó en un reformatorio por su comportamiento violento donde conoció a un sacerdote jesuita que lo impulsó a aprender a leer y escribir. Meses antes de cumplir su pena escapó del reformatorio. Un día encontró a un mendigo que le habló de Dios como de un padre de quien heredamos un linaje real que debemos honrar. La revelación le cambió la vida y trasmitió esta vivencia en sus canciones. Batalló el cáncer y la muerte de sus seres queridos. Durante la dictadura militar argentina se exiló en México, de donde regresó en 1984. En 1970 “No soy de aquí ni soy de allá” lo lanzó a la fama. En 1996, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) lo nombró “Mensajero Mundial de la Paz.” Su madre, antes de morir, le dijo: “Muero contenta porque cada vez te pareces más a lo que cantas.” No tuvo tarjetas de crédito ni propiedades.


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