Libro Juan Claudio Lechín, boliviano, lanza manual para desprevenidos. ¿O paranoicos?
Fascismo en Tres Actos
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Lechín conoció a Fidel Castro en 1985. “Bufa. Da la impresión de estar ante un bisonte”. |
1985, La Habana, Cuba. Fidel Castro ofrece una cena en el Palacio de la Revolución a los asistentes del Congreso de la Deuda Externa que se ha celebrado en la ciudad. La larga lista de invitados sube las largas escaleras en fila de a dos. “En todas partes agentes de seguridad, por supuesto”, describe Juan Claudio Lechín, de punta en blanco, terno de lino, zapatos trenzados. En lo alto, Fidel Castro, parado, vestido de verde olivo, 60 años, fuerte y grande. “Bufa”, recuerda Lechín. “Da la impresión de estar ante un bisonte”. La Revolución agasaja a los invitados con un buffet de langostas y ostras, estaciones de champán francés y vinos inacabables.
2006, La Paz, Bolivia. En el Convento de San Francisco, Lechín y otros cinco ciudadanos se declaran en huelga de hambre. Protestan contra el gobierno de Evo Morales que pretende modificar los artículos de la Constitución por una mayoría simple en lugar de mayoría calificada o dos tercios de la Asamblea. Entre ellos el empresario Daniel Dabdoub, de Santa Cruz. Al octavo día, una turba irrumpe en el convento. “¡Lechín al farol!”, claman. Lechín fuga y encuentra refugio en la lavandería del Convento. Monitorea la turba el peruano Walter Chávez, ex emerretista, editor del “Juguete Rabioso”. La huelga de hambre duró 18 días, sumándose a la medida de fuerza 1,500 bolivianos en diferentes ciudades del país, culminando con la Marcha del Millón en Santa Cruz.