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Opinión “Será necesario sentirnos que somos un país y no un archipiélago de incomodidades mutuas”.

El Gesto Peruano

Lima, 22 de julio de 2011

Por supuesto, espero que el gobierno entrante tenga la suficiente manija como para pilotear los conflictos socioambientales que tiñen nuestro territorio, lo he escrito mil veces y hasta con tiza en las veredas de las calles, como un loco de esos bien barrocos: la gobernabilidad de este país atravesado pasará por la forma en que se conduzcan las relaciones entre las gran industria extractiva y las poblaciones locales. En minería, en pesca, en agroindustria, en extracción de madera, en petróleo y gas. Hasta ahora García ha tratado el tema por cuerdas separadas y ha conseguido hacer en ese aspecto algo que parecía imposible, un gobierno peor que el que desempeñó entre 1985 y 1990.

Por supuesto, es imprescindible que el gobierno de Humala desarrolle estrategias para reducir tanto la pobreza como la exclusión y para ello será necesario sentirnos que somos un país y no un archipiélago de incomodidades mutuas. Y la educación, la ciencia, la tecnología, la cultura, todas esas cosas que han sido en el gobierno saliente las colas del perro del hortelano. Por supuesto que hay un largo etcétera de expectativas que me he creado respecto al gobierno de Humala y su equipo. Y en buena onda, debo decirlo.

Pero como ya estoy viejo, me he vuelto minimalista. Lo que más anhelo es que no le ocurra a nadie más lo que me tocó vivir hace un par de semanas en el civilizado Miraflores. Todo empezó cuando el alcalde Jorge Muñoz me hizo una invitación muy cordial a participar con él y con Mara Seminario, entonces viceministra de Turismo, en la inauguración de la Ruta de Vargas Llosa, acá en mi distrito. Acepté con gusto, pues me consta que para lanzar el producto se ha hecho un trabajo serio de investigación y una propuesta clara, didáctica y muy bonita de señalización. Si esto, como todos esperamos, se conduce bien, promoviendo la formación de guías, de horarios de cuenta cuentos, de pequeños negocios (me encantaría poner un café que se llame La tía Julia), pues entre broma y broma habremos creado algo que no solamente podrá atraer a los turistas interesados en la literatura sino, y sobre todo, a los miraflorinos nos elevará la valla de la cultura, nos unirá en torno a un autor que en mucho es nuestro.

Perfecto, el acto de inauguración se llevó a cabo en el Pasaje Champagnat, y tuvo la sencillez indispensable para ser miraflorino y vargasllosiano. Me alegró, de paso, ver en tan buena forma al doctor Jorge Puccinelli. Nada de discursos pomposos ni de tatachines, quienes tomamos la palabra nos limitamos a describir la ruta, sus objetivos y sus proyecciones, terminado lo cual los asistentes se animaron a recorrer a pie una parte del circuito.

Yo no pude hacer esto último, tenía que ir a una reunión. Me despedí y fui a buscar mi auto a un parqueo. En la esquina de Berlín con Diagonal, empiezo a cruzar con la luz peatonal en verde para mí, pero un taxista de station blanca se pasó la roja que le tocaba, a toda velocidad, y sin otra chance que atropellarme. Salvo que yo hiciera lo que hice: salté para atrás hacia la vereda y claro, me caí sobre mi pie derecho. Se me luxó feamente el pie, quedé inhabilitado para trabajar por una semana. La última imagen que recuerdo del taxista es la de un cachoso que me hizo el clásico gesto de desprecio que, creo, solo en el Perú se realiza tan bien. El brazo hacia arriba como diciendo, “me vales verga”.

No sé a qué ministerio le competiría enfrentar mi estúpido accidente. No tengo idea de cómo se puede comenzar a trabajar para disminuir el odio, el encono, el racismo de un lado y del otro. Me preocupa, sí, constatar que el taxista era bastante más cobrizo que yo y por tanto, más inteligente y sabio que cualquier blanco blandengue. Don Isaac dixit. (Rafo León)


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