Opinión Por: ROLANDO LUQUE MOGROVEJO1
La Ley y el Diálogo
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Los aymaras de Puno han dado 30 días de plazo al gobierno de Humala. En la revuelta antiminera de junio, murieron cinco personas. |
Hace poco más de cuatro años en el Alto Corrientes los apus del pueblo achuar, Plus Petrol y las autoridades del Estado suscribimos un acta que ponía punto final a un conflicto social que había tenido momentos de tensión muy altos. Aunque todavía seguimos pugnando para que algunos de los acuerdos se terminen de cumplir, quedó claro, allí, en la base petrolera Dorissa en medio de la selva, que el entendimiento entre actores diversos era posible, no obstante los intereses encontrados y las barreras de la lengua y la cultura. Y quedó claro también que el instrumento que había que esgrimir para lograrlo no tenía que ver con lanzas ni fusiles sino con algo humilde y potente a la vez: el diálogo.
Luego vendrían otros casos más con campesinos de la costa, comuneros de la sierra, frentes de defensa, universitarios, etc. Hoy el 63% de conflictos sociales activos es tratado a través de alguna modalidad de diálogo. En julio del 2008 era el 30%.
No obstante ello y antes de sucumbir en un optimismo ingenuo, debo señalar que el 53% de estos procesos se instaló después de la violencia; que gran parte de ellos no tienen un diseño apropiado ni una conducción eficaz y que basta un caso mal comprendido y peor gestionado para originar treinta y tres muertos, como en Bagua.
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¿Es el diálogo la primera opción y un bien público suficientemente valorado? Creo que tomarse en serio el diálogo implica admitir la posibilidad de que “el otro” puede tener razones válidas y mejor sustentadas que las mías; que estar en el gobierno, en el directorio de una empresa o a la cabeza de un gremio no vuelve a nadie portador de alguna verdad incontestable; que en las sociedades complejas el Estado debe ser abierto y receptivo a las múltiples voces que expresan esa complejidad; que el diálogo no es un hecho improvisado ni un ejercicio académico interminable sino un proceso en manos de profesionales; que el monitoreo, análisis e intermediación son capacidades que se adquieren; que dialogar es ante todo un acto de reconocimiento del otro, de su valor, de su historia y de la necesidad vital de producir acuerdos para seguir juntos.
Las bondades de este esquema casi no se discuten. Sin embargo, creer que esta es la modalidad permanente de resolver los conflictos sociales, es un error. Los Estados en el mundo moderno han sido diseñados para resolver conflictos y es su autoridad y la eficacia técnica de sus procedimientos legales los que se hacen cargo de las contradicciones de una sociedad.
Las estrategias de diálogo aplicadas a casos complejos no reemplazan sino complementan la perfomance del Estado. En este sentido las reformas institucionales, la gestión eficiente, el ordenamiento territorial, el derecho de consulta, la revisión del sistema de evaluación ambiental, la potenciación de los mecanismos de participación y control ciudadanos son tan prioritarios como las promesas de inclusión.
Pero como los conflictos no esperan y el siguiente gobierno va a necesitar actuar desde el primer día, hay que aprovechar la confianza inicial para dar respuestas en plazos razonables a los veinte o treinta conflictos más urgentes. Es indispensable, también, darle al funcionario que lidere la gestión de los conflictos el peso político que necesita para que sea capaz de hacer valer sus análisis y sus planes de intervención. Hay que organizar equipos descentralizados con recursos para recoger información en tiempo oportuno y trabar alianzas con los líderes dialogantes de cada zona; y, afianzar el rol de los terceros imparciales en un contexto en que los gobiernos son parte en los conflictos.
Y, si me lo permiten, ver en la Defensoría del Pueblo a una aliada permanente. Nada le hace mejor a la autoridad estatal que la colaboración leal y la crítica insobornable. (Por: Rolando Luque Mogrovejo1)
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1 Defensor Adjunto para la Prevención de los Conflictos Sociales y la Gobernabilidad de la Desensoría del Puelo.