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Actualidad Ollanta Humala asume la Presidencia de la República con el reto de encontrar su juego propio sin salirse de la cancha.

Primer Gambito

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Humala recibió en oficinas de Magdalena al equipo peruano de fútbol y el entrenador Sergio Marakarián. El “Mago”, que no fue convocado al gabinete, le deseó “los mejores sueños que un gobernante pueda tener para su pueblo”.

¿Cambio? ¿Dónde? Tales son las preguntas esenciales que persisten sobre el discurso inaugural de Ollanta Humala y las acciones que el nuevo gobierno emprenderá en el tradicional plazo de los primeros 100 días.

Con el gabinete anunciado en su totalidad y la recomposición del juego de poder en el entorno del presidente electo, parece que las batallas de la instalación ya fueron libradas. A estas alturas, las posibilidades de relativas sorpresas se limitan a dos campos: el de los programas sociales y, sobre todo, el del régimen tributario. Más precisamente el del nuevo régimen impositivo del sector minero.

Si algo quedó claro del parto ministerial, es que el equipo económico del humalismo, aquel que se forjó luego de la primera vuelta, fue prácticamente liquidado. Félix Jiménez, jefe del equipo del “primer” plan, desapareció del ojo público en dos semanas. De la segunda hornada sobrevive con protagonismo Kurt Burneo, aunque no ocupará el despacho del MEF con el que tanto se le asoció y en el que se sentará el ex viceministro Miguel Castilla.

Quien asentó su rol es Salomón Lerner Ghitis. Su nombramiento como primer ministro confirma que prácticamente comparte el poder con el nuevo presidente y se considera que tuvo capacidad de definición en las carteras claves: Rafael Roncagliolo (Relaciones Exteriores), Rudecindo Vega (Trabajo) y Daniel Mora (Defensa) son buenos amigos suyos desde los días en los que presidió la Asociación Civil Transparencia. El arequipeño Carlos Paredes, el asesor mistiano de Humala que ocupará el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (CARETAS 2190), viene despachando con Lerner. Y trascendió también que Francisco Eguiguren (Justicia) y Carlos Herrera Descalzi (Energía y Minas) recibieron su impulso.

El último anunció que el esquema tributario se adoptaría en consenso con los mineros. Adelantó que ya se iniciaron conversaciones con “muchas de las empresas mineras y todas han entendido y todas ellas están dispuestas a ceder en el esfuerzo de dar más recursos”.

Herrera Descalzi, por cierto, ya consideraba “crucial” discutir las sobreganancias en enero último, meses antes de sumarse al equipo de Humala.

Lerner también insiste en que los tributos mineros aumentarán de todos modos. Evita el término de “impuesto a las sobreganancias” pero aclara que solo falta definir si se le cobrará al sector sobre la venta o la facturación.
Ahí está la pregunta de los muchos millones.

¿CUÁNTO HAY?

Fuentes cercanas a la Sociedad Nacional de Minería, Energía y Petróleo (SNMEP) aseguran que se encuentran listos para encajar el golpe. Pero el criticado spot publicitario con el futbolista Juan Carlos Oblitas indica que la idea todavía duele.

Allí se alerta que la carga tributaria del sector minero ya supera el 40%, pero para los críticos no sorprende que a Oblitas se le conociera como “El Ciego”.

Se alega que los cálculos mineros se basan sobre la tasa impositiva que pagan pero no toma en cuenta la rentabilidad intrínseca.

Desde esta perspectiva, la minería peruana es mucho más rentable que la de EE.UU. y Chile. En los predios de Gana Perú se afirma que los costos en el país son menores. Bastaría, en ese orden de ideas, con contrastar la rentabilidad de Codelco de Chile con la de Southern Perú.

El equipo económico de la campaña, liderado por Burneo e integrado también por el tributarista Luis Arias Minaya, presentó una propuesta estructurada con la asesoría del experto norteamericano James Otto (CARETAS 2187). El documento ahora está en manos de Herrera Descalzi y Miguel Castilla, el próximo ministro de Economía. El modelo era similar al chileno, implementado en el 2010, que fija las regalías en base a las utilidades en lugar de las ventas. Es el esquema que con variantes se aplica en Israel, Canadá y Liberia.

El sector privado no tiene una propuesta todavía. “Como de costumbre los van a llevar a la guillotina y no hablan entre ellos”, advierte un analista.

El congresista electo por Gana Perú Javier Diez Canseco reiteró en su columna de La República que la meta es recuadar US$ 2,000 millones anuales más de la minería. Es el mismo cálculo que hacía el vicepresidente Omar Chehade apenas realizada la primera vuelta: 40% de impuesto a las sobreganancias para obtener US$ 2 mil millones adicionales (CARETAS 2177).

En cálculos de Humberto Campodónico, ahora también en el nuevo gobierno, el “aporte extraordinario” u “óbolo” minero significó apenas unos S/. 2,300 millones en cinco años. Entre el 2005 y el 2010, las utilidades netas de la gran minería superaron los US$ 24 mil millones. Campodónico señala que, entre el 2007 y el 2010, las sobreganancias mineras estuvieron en el orden de los US$ 1,500 millones anuales.

Campodónico señaló en febrero último que “si esta sobreganancia se hubiera repartido en la proporción 30% para el Estado y 70% para la minera (lo que es conservador) los ingresos tributarios adicionales habrían sido de US$ 1,800 millones (S/. 5,200 millones), cifra que más que duplica al magro óbolo minero”. Esto, sin embargo, significa unos US$ 450 millones anuales, número todavía muy lejano al que aventuran Chehade y Diez Canseco. Menos de la cuarta parte, de hecho.

Lo que se saque irá a las arcas del MEF. Y de allí a los nuevos programas sociales que costarían unos S/. 2,400 millones anuales (CARETAS 2184).

JUNGLA SOCIAL

Miguel Castilla, que se estrena como nuevo ministro de Economía, hizo unas breves declaraciones en las que adelantó el trazado de su cancha. “La economía está creciendo sólidamente”, sostuvo. “El reto es mantener un crecimiento por encima del 6% para reducir pobreza y a su vez tener un rol mucho más activo en los programas sociales”. Castilla insistió en que “la idea que tiene el presidente Humala es profundizar una serie de temas que han estado ausentes, una política mucho más activa de inclusión social, pero es importante construirla sobre crecimiento económico”.

El nuevo ministro anunció que se concentraría en que los nuevos programas como Cuna Más, Pensión 65 y Beca 18 sean “bien diseñados”.

Castilla no es nuevo en la materia. Durante su paso por el viceministerio de Hacienda, al que renunció apenas el viernes 15, puso énfasis en las mejoras del Sistema de Focalización de Hogares diseñado para reducir las filtraciones en los programas sociales. También trabajó en la corrección de aquellas en el Seguro Integral de Salud, que en un momento habían llegado al 40%.

El año pasado fueron invertidos un poco más de S/.7,527 millones en programas sociales, lo que equivale al 8.45% del Presupuesto Nacional (PN). Pero el tablero se achica de modo importante al ver que casi S/. 4,500 millones van a los programas de infraestructura. Es obvio que para salir de la pobreza se necesitan servicios básicos, colegios y carreteras, pero hay quienes discuten si la provisión de servicios básicos puede calificar de programa social.

En ese sentido, Agua Para Todos es el de mayor presupuesto, con más de S/. 1,661 millones que equivalen al 1.88% del PN. En segundo lugar queda el Programa Nacional de Infraestructura Educativa, con casi S/. 1,090 millones (1.23% del PN).

El gobierno saliente aplicó un primer ajustón, cuando durante el primer año de mandato redujo los programas de 86 a 23. El impulso para bajar el número a menos de 20, como se esperaba, se fue perdiendo con el tiempo.

Kurt Burneo, el designado ministro de la Producción que luego inaugurará la cartera de “Desarrollo e Inclusión Social”, adelantó que “se necesita mejorar la eficiencia y eficacia de los programas sociales. Tiene que haber un lineamiento para todo lo que es política social”. Criticó que “no hay una medición adecuada en muchos de los programas sociales porque no se tienen líneas de base”.

Ahí se interna en una tupida jungla. Por ejemplo, el Vaso de Leche cuenta con un presupuesto total de S/.363 millones y su manejo se encuentra descentralizado en los gobiernos locales, lo que ha motivado incluso un lapidario informe de la Contraloría de la República (CARETAS 2167).

Entre los conocedores en la materia cunde la impresión del trecho que falta por avanzar en otros programas. Por ejemplo, el protagonista del Programa Integral de Nutrición es el Pronaa, que tiene casi el mismo presupuesto de Juntos (0.71% del PN). Son casi S/.630 millones anuales. La papilla se reparte entre las madres con niños pequeños, pero no hay un mecanismo confiable para comprobar que el alimento llegue a las bocas de los pequeños.

Del mismo modo, las irregularidades en el SIS (S/.570 millones de presupuesto) han sido bien documentadas por la prensa. Y la lista sigue.

A pesar de los procesos descritos más arriba, los programas sociales no han tenido un perfil político particularmente protagónico durante el gobierno que termina. Humala pretende acrecentarlo y así darle cuerpo a su discurso de cambio. No se espera que se ocupe de la letra pequeña en su mensaje del 28. Será escrita, en cambio, por la realidad de los números.

Alternancia en el Poder

La convulsionada vida política del Perú hace de la presidencia de Ollanta Humala un episodio singular.

Se trata de la tercera alternancia sucesiva de poder en democracia en 190 años de República.

La primera vez se registró a principios del Siglo XX con la República Aristocrática, aunque no era un sistema abiertamente democrático.

La última vez, en 1990, cuando Alberto Fujimori asumió el mando de García (1985), y aquel de Belaunde (1980).

Lamentablemente Fujimori desbarató la secuencia con el autogolpe de 1992 y se entronizó en el poder.

Humala será el presidente número 17 que asume el mando por elecciones en la historia de la República,

Desde 1821, han transitado por el poder 74 gobernantes, es decir, el doble de los que se establece como período, cinco años.

En el camino se registraron 25 golpes de Estado.

En pocas palabras, los peruanos han estado sometidos más tiempo a gobiernos dictatoriales, que a gobiernos democráticos.

El péndulo pareció detenerse en 1980, con el final del gobierno de la Junta Militar (1968 – 1980).

Desde entonces, y saltando a la garrocha los ocho años de autoritarismo fujimorista (1992 – 2000), fueron elegidos seis gobiernos en elecciones, de la mano con las autoridades sub nacionales.

Humala es el sexto en los últimos 31 años.

Asumirá un país con poca tradición democrática, demandas insatisfechas e instituciones y partidos políticos débiles que canalicen los intereses y conflictos múltiples. Un verdadero desafío.(Escribe: Fernando Tuesta)


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