Entrevistas Padre español Joaquín García y su vínculo con la selva del Perú.
Empatías Selváticas
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Joaquín García nació en Sabero, provincia de León, España. Vive en la Amazonía peruana desde el año 1968, hace 43 años. |
Hace pocas semanas se dio un grandioso espectáculo musical en el Teatro Municipal titulado “Amazonía, corazón del planeta”. Bajo la dirección de Gloría María Solari, hija del gran Piero Solari que todo el mundo recuerda, y con más de 50 artistas en escena sin contar la orquesta sinfónica. Detrás de todo este montaje estuvo la asesoría de Joaquín García, que era el experto en toda suerte de temas amazónicos. ¿Es el que más sabe de la selva amazónica? Indago por ahí y todo el mundo me lo señala. Interesante, pienso, muy interesante, así que lo cito a un almuerzo en el restaurante Costa Verde para que me devele su vida por esos lares. Está lleno de entorchados como la Encomienda de Isabel La Católica (España); el premio “Bartolomé de las Casas”, el Doctorado Honoris Causa por la UCP (Universidad Científica del Perú); Profesor Honorario de la Universidad Católica de Lima y la de San Antonio Abad del Cusco, entre muchos otros. –¿Podría ilustrarnos, con sus palabras, quién es usted?–Me llamo Joaquín García, soy sacerdote agustino. Tengo 71 años y estoy en la Amazonía desde el año 68, hace 43 años. Nací en el pueblecito de Sabero, en la provincia de León (España) y pertenezco a la clase media baja. No recuerdo haber querido ser en mi vida otra cosa que agustino. Me ordené de sacerdote a los 25 años y en aquella época encontré en mis compañeros una rebeldía disidente y revolucionaria ante la dogmaticidad eclesiástica vigente. Era la época del Concilio Vaticano II que pretendió modernizar a la Iglesia.
–¿Por qué fue a la Amazonía?
–En Perú los agustinos están instalados como misioneros en el Vicariato Apostólico de Iquitos, desde el año 1901. El año 65 salí de España y llegué a Colombia, donde estuve dos años y medio en el Liceo Cervantes, al norte de Bogotá, zona muy burguesa. Enfrente vivían Belisario Betancourt, Jaramillo Ocampo, Araujo Grau, etc., pertenecientes a la alta burguesía política. Allí me fue a buscar el Obispo de Iquitos y me hizo la propuesta de que yo trabajara en la Amazonía. Yo había fundado en Bogotá, en el propio Liceo Cervantes una escuela nocturna para muchachas de servicio, y hubo una reacción por parte de la sociedad circundante, que no admitía que a las mucamas les dieran clases nocturnas cuando en el día estaban en las mismas aulas los alumnos de la clase social del barrio de la burguesía política. Me tomaron como comunista y algún agustino (no todos) me consideró un rebelde. Entonces acepté la propuesta del Obispo de Iquitos y me fui para allá y estoy desde entonces en la Amazonía. Pero siempre ampliando horizontes, porque he recorrido casi todos los vericuetos de esta gigantesca y amplísima zona selvática.