Libro Importante publicación destapa el vínculo entre alimentación y cáncer. Aquí, algunas recetas para ahuyentar este flagelo.
Prevención a la Carta
 |
Destacado oncólogo francés David Khayat. |
¿Pueden unas apetitosas costillitas, un bistec bien jugoso, nuestro patriotísimo pollo a la brasa o hasta una desabrida zanahoria hacernos más propensos a contraer un cáncer? Según el oncólogo francés David Khayat, sí. Autor del libro
La biblia contra el cáncer (Planeta, 2011) y responsable de la campaña nacional gala de prevención de este mal durante la gestión de Jacques Chirac, Khayat sostiene que nuestros comportamientos alimenticios son los responsables de un tercio de los cánceres.
Desmitificando el riesgo del consumo de endulzantes como el aspartamo, o del uso del microondas y hasta de los antitranspirantes, Khayat apela a la ciencia conocida como la nutrigenómica para explicar cuáles son esos alimentos que tienen la capacidad para “estimular, bloquear o preparar ciertas reacciones químicas que pueden desempeñar un papel absolutamente crucial en la génesis de un cáncer”. Es decir, qué alimentos favorecerán la producción de toxinas cancerígenas y cuáles pueden tener un rol importante en su bioinactivación.
Definiendo al cáncer como ese “proceso infernal” de multiplicación descontrolada de una de los mil millones de millones de células que existen en el cuerpo humano, el francés apela a la prevención a través de la alimentación como la mejor forma de luchar contra el cáncer, la más barata y, de paso, la más eficaz, tomando en cuenta el poder antioxidante de las frutas y verduras. Sin olvidar la regla de oro: no fumar. Ni tabaco ni otras hierbas. Premisa sin la cual cualquier otro intento de prevención sería un mero engaño a sí mismo.
 |
Publicación editada por Planeta. |
Sin embargo, no se trata solo de qué vegetales o carnes consumir. Es prioritario también tomar en cuenta el proceso de producción de los alimentos y el tipo de cocción. Así, deberá evitarse el contacto de los alimentos con los hidrocarburos policíclicos producidos por la cocción a muy altas temperaturas, como en el caso de la carne cocida a la brasa. Igualmente, la leucemia se explicaría por la amplia presencia de contaminantes agrícolas presentes en las frutas y hortalizas que consumimos. Por esto, es importante elegir una opción agroecológica.
Por otro lado, el alto nivel de contaminación de ríos y mares ha hecho que buena parte de los pescados que consumimos sean verdaderos “yacimientos minerales” de metales pesados como el mercurio y el plomo, que se van acumulando en la sangre, el hígado y el cerebro. A evitar: el popularísimo atún, el salmón y el suculento pez espada. A preferir: la caballa, la sardina y el lenguado. Y en cuanto a la carne de res, evitar la sangre presente en ella, cuyos componentes favorecen la formación de compuestos tóxicos. La recomendación: lavarla antes de prepararla y dejarla reposar luego de su cocción para descartar el jugo que suelte.
Sobre la cocción de los alimentos, lo ideal sería consumir carne poco hecha, tartares y pescado crudo (¿alguien dijo cebiche?), y, sobre todo, evitar la cocción en wok que favorece la aparición de aminas aromáticas policíclicas: compuestos altamente cancerígenos. Por otro lado, las frituras también deben evitarse, pues las grasas que empleamos en ellas se van modificando con el calor, apareciendo los temidos peróxidos lipídicos en el preciso momento en que el aceite se convierte en cancerígeno.
Pero no se trata de asustar al lector (aunque a este paso ya lo pueda estar al revisar su última visita al food court), sino de ofrecer pautas favorables. En este sentido, vale empezar citando el non plus ultra de los alimentos anticancerígenos: el zumo de granada, capaz de bloquear los factores de crecimiento celular y frenar la progresión de células cancerosas de la próstata, además de tener efectos benéficos sobre los cánceres de mama. Igualmente, son altamente destacables el palillo, el té verde, el vino tinto (que contiene resveratrol), los complementos de selenio, el tomate, el ajo, la cebolla y la quercetina (que se encuentra en las alcaparras). Todo esto sumado a una práctica constante de ejercicio físico.
Los lácteos merecen mención aparte, pues su consumo habitual en los hombres adultos puede aumentar sensiblemente el riesgo de cáncer de próstata. Y en el caso de los melanomas malignos, estudios recientes de la Universidad de Tennessee plantean la relación entre esta epidemia y el consumo de zumo de naranja, rico en sustancias altamente cancerígenas para las pieles muy blancas en presencia del sol.
Y entre tanto consejo, quizá, aquí los tres mejores. En primer lugar: aplicar el sentido común. En segundo lugar: evitar los excesos duraderos. Y en tercer lugar, una frase genial: “Laennec, uno de los médicos franceses más ilustres, solía decir que la enfermedad era el resultado de las pasiones tristes. De modo que ¡fuera tristeza! Come con alegría y no te prives de lo que te gusta, sean cuales sean las consecuencias teóricas, si solo lo haces de vez en cuando”. (MDP)