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Internacional EE.UU. se libró del bailout, pero el recorte de gastos sin aumento de impuestos puede empeorar las cosas.

El Acuerdo y la Catástrofe

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El vocero de la Cámara de Representantes John Boehner(i) y el líder de la minoría en el Senado Mitch Connell (d) en los días críticos.

La calificación crediticia de EE.UU. dejó de ser AAA. La agencia Standard & Poor’s lo sacó del grupo formado por Reino Unido, Francia y Alemania y lo bajó junto a los AA+ Bélgica y Nueva Zelandia. Y la situación puede empeorar. Lea por qué.

El domingo 31 de julio por la noche, Barak Obama anunció que se había alcanzado un acuerdo con los republicanos del Senado, superando de esta forma el impasse que impedía elevar el nivel de la deuda pública de Estados Unidos y evitar que el país entrara en cesación de pagos el 2 de agosto (Ver CARETAS 2191 y 2177). El acuerdo logrado pasó a la Cámara de Representantes y fue aprobado por amplia mayoría el 1 de agosto; regresó al Senado, que lo aprobó en definitiva y lo remitió al Presidente, que promulgó la ley el martes 2 por la tarde. En los términos de la ley, se elevó de manera inmediata el techo de la deuda en US$ 400 mil millones, con lo cual pueden obtenerse los fondos que eviten el default.

El acuerdo, como ocurre en estos casos, deja a muchos insatisfechos. La elevación del techo del endeudamiento es de US$ 2.1 billones (1) (a un total de deuda de US$ 16.4 billones) y se hace con la contrapartida de US$ 1 billón en ahorros en gastos discrecionales en 10 años. El acuerdo también contempla conformar un comité bipartidista de ambas cámaras para identificar US$ 1.5 billones adicionales en recortes en 10 años antes del 23 de noviembre de 2012. El triunfo de los republicanos y la derrota de los demócratas (encabezados por Obama) es que el acuerdo no contempla incremento de impuestos sobre los más ricos. No lograron, por lo tanto, que prevaleciera una perspectiva balanceada para encarar el tema de la deuda: integrar recorte de gastos con aumento de ingresos tributarios. Los sectores sociales más débiles serán quienes carguen con los cortes y se piensa que estarán dirigidos a la seguridad social y a los sistemas de salud. El 1% de la población de Estados Unidos, que recibe casi el 25% del ingreso y concentra el 40% de la riqueza (ver recuadro), no sufrirá desmedro alguno de su incalculable bienestar ni contribuirán a resolver los graves desbalances que afectan a su sociedad.

El acuerdo logrado, sin embargo, no ha satisfecho las expectativas en el mundo. Las bolsas cayeron debido a la incertidumbre que ha creado el acuerdo y esta situación obedece a diversos factores. En primer lugar, a la disfuncionalidad que ha revelado el propio sistema institucional de Estados Unidos, que ha permitido que un grupo de extremistas como los miembros del Tea Party haya recurrido a un hecho sin precedentes en la historia reciente de este país: utilizar el chantaje de la cesación de pagos para lograr sus objetivos políticos de reducir los gastos fiscales sin aumentar impuestos. Especialmente cuando este grupo acompañó a GW Bush en el incremento frenético de los gastos y en el igualmente frenético recorte de impuestos a los más ricos. Esta disfuncionalidad ha determinado una clara pérdida de confianza en el liderazgo de Estados Unidos en la economía mundial y del presidente Obama en especial. Se calcula que la dilatada y agria discusión ha conllevado a que la economía de Estados Unidos pierda alrededor de mil millones de dólares en ese proceso.

En segundo término, la incertidumbre es generada por el propio contenido del acuerdo logrado. Recurrir solo al recorte de gastos fiscales sin obtener mayores ingresos plantea algo que, a juicio de economistas connotados, genera condiciones para empeorar la situación de la economía de Estados Unidos que no logra recuperarse de la crisis financiera de 2008. De acuerdo con este razonamiento, el gasto fiscal en este momento debería ser empleado para reactivar la economía y, una vez lograda esa reactivación, iniciar el proceso de recortes. Con el acuerdo logrado se provocaría que la precaria situación económica ingrese en una fase francamente recesiva. El Nobel de economía Paul Krugman (New York Times, 31 de julio: “The President Surrenders” “El presidente se rinde”) indica que el acuerdo empeorará la situación de la deuda, pues incrementar los recortes fiscales equivale a las sangrías que practicaban los médicos medievales a los enfermos, debilitándolos más con ese método.

En tercer término, la incertidumbre se acentúa, porque una economía estadounidense debilitada y recesiva tendrá efectos negativos en una economía europea que no logra recuperarse y que afectó seriamente a España e Italia durante esta semana.

En resumen, puede decirse que al haber evitado la cesación de pagos de Estados Unidos se ha evitado una catástrofe inmediata pero la evolución en el futuro próximo puede estar igualmente comprometida. Los reacomodos de la economía mundial serán complejos y podrían no estar exentos de problemas graves para los países de América Latina, incluyendo, por cierto, al Perú.

El único punto a favor de Obama es haber logrado que el incremento del techo de la deuda permita no volver a esta discusión durante el próximo año, que es el año en que postulará a su reelección. Entrará a esta contienda seriamente magullado por las seguidas palizas que le han propinado los republicanos y deberá hacer serios méritos con las bases del Partido Demócrata, desencantados con un líder que parece haber buscado más un ilusorio bipartidismo que responder a las necesidades de los sectores que son sus bases. Son muchos los que esperan que, por fin, Obama se “quite los guantes” y coloque la discusión de los impuestos sobre los sectores más ricos en la próxima campaña electoral, así como la urgente creación de empleo. (Por: Luis F. Jiménez)

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(1)Es necesario indicar que el término “billions” en inglés se traduce al español como “miles de millones” y “trillions” como “billones”, es decir, millones de millones. Las cifras han sido obtenidas de la página web de la Casa Blanca, pues varían en diversas fuentes.


 


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