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Local Pacientes de leprosorio en San Martín de Porres sin agua hace 2 meses y hostigados para irse. Bienes Estatales busca vender terreno donde viven.

Peor Que la Enfermedad

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Hace dos meses y medio que Sedapal les cortó el agua. Hasta sus pozos están secos.

Caminando con un cojeo agobiante, Serafín Vásquez, un paciente de lepra, va cruzando el terreno de 12,500 metros cuadrados donde él y otras 16 personas que sufren el mal y sus secuelas habitan hace 40 años. Se dirige al tópico médico de la Universidad Cayetano Heredia que les presta atención gratuita. Sus manos y pies no tienen dedos, pero sí una enorme herida abierta hasta la carne en la planta. Pero el dolor en su rostro, cuando lo empiezan a tratar, no es comparable a otro dolor que sufre: “Hace dos meses y medio que nos han cortado el servicio de agua para botarnos del terreno”.

El área en cuestión es el leprosorio conocido como “La cochera de la lepra”, ubicado en San Martín de Porres y propiedad de la Superintendencia de Bienes Estatales (SBE). Serafín y compañía han pedido que se les adjudique porque no tienen dónde más vivir ni la capacidad de trabajar por las secuelas de su enfermedad, según cuenta. Y hasta setiembre de 2010, el Ministerio de Salud, a modo de labor social, pagaba el agua. “Pero la SBE le dijo al MINSA que iban a vender el terreno y que se retiraran. Entonces dejaron de pagar y la SBE tampoco lo hizo”, cuenta Serafín.

El corte, hoy, es producto de “una deuda que asciende a los S/. 42,000”. ¿Tanto? Resulta que la SBE ya le adjudicó parte del terreno a Edelnor, “y ellos han venido utilizando nuestra agua, por lo cual el consumo aumentó de manera gigantesca”, denuncian Serafín y el resto de los habitantes del leprosorio.

“Es la forma en la que nos hostigan para irnos y poder vender el terreno, que está valorizado en US$ 1’200,000 –prosigue–. Necesitamos el agua para vivir y tratarnos, porque se la han cortado hasta al tópico”. Y mientras tanto, compran baldes a los vecinos a un sol, cuando un cilindro, en un asentamiento humano, cuesta dos. Sí, peor que la lepra, es el abuso y la indiferencia.


 


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