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Opinión “Isaac Humala alguna vez declaró que jamás había acariciado a ninguno de sus hijos varones para no debilitarles el carácter”. Los Humala según Rafo León.

Mitologías

LIMA, 12 DE AGOSTO DE 2011

En ese truculento best seller que es la Biblia se cuenta la historia del patriarca Abraham, suma de virtudes y temeroso de Dios. Padre de una inmensa prole, Abraham es convocado por el creador, castigador, insaciable e irracional, a que le ofrezca en sacrificio a su hijo preferido, Isaac, degollándolo como a un carnero sobre una pira de leña. El patriarca obedeció a ciegas y cuando Dios consideró que ya lo había hecho sufrir hasta el límite, le envió un ángel con el mensaje de que podía abandonar el espantoso ritual propiciatorio justo antes de dar el tajo mortal.

El Cronos griego es un titán, hijo de la tierra Gea y del cielo Urano. Titán, según Hesíodo, significa “el que abusa”. Cronos se empareja con Rea, su hermana, pero sabe que está destinado a ser destronado por uno de sus hijos. Entonces, cada vez que Rea daba a luz a un nuevo ser, Cronos lo devoraba. Ver cuadro de Goya de la serie negra.

Don Isaac lleva el nombre del hijo de Abraham, pero menos que la función del obediente hebreo, ejerce la del dios que da una orden a ser cumplida sin dudas ni murmuraciones. Tiene la mirada helada y la prohibición de sonreír. Alguna vez declaró que jamás había acariciado a ninguno de sus hijos varones para no debilitarles el carácter. Su palabra es ley, como su camisaco y su corbata de punto con una llama bordada. Su mayor temor: ser superado por alguno de sus hijos. Y en esta vida hay muchas maneras de comerse al rival. Una de ellas es la de someterlo de manera absoluta a la autoridad del pensamiento único, la predeterminación de la voluntad, la obligación de seguir el camino del superhombre.

Los Humala, se dice, conforman un clan. ¿Qué es un clan? La palabra viene del gaélico clann y significa brote, o planta, aludiendo al tronco común del que sale un conjunto de individuos unidos por parentesco. La clave para la sobrevivencia del clan es la unidad y esta se mantiene solo si el ascendiente –real o mitológico– sigue controlando al grupo. Por ello el poder es siempre la meta. El método para conseguirlo es parte del concepto del poder a ejercer, las armas, la sedición, la imposición macha y el mango de la sartén. La democracia, una debilidad feminoide prescindible, o en todo caso, un requisito tan fácil de cumplir como de abolir.

El titán patriarca ayacuchano don Isaac, en sus propias palabras, ya colocó a uno de sus hijos en el máximo puesto de poder que se puede tener en el Perú. Pero no está satisfecho, nada lo sacia, otro de sus hijos (quizás el favorito) está en prisión, no por asesinato sino por haberse rebelado contra un poder al que el clan consideraba blandengue, el del sensual Alejandro Toledo. El joven Alexis digamos que a don Isaac le salió menos mitológico y bastante más práctico, chapó rusa y apenas Ollanta fue elegido, se fue a las estepas para hacer sus bisnes.

Quienes estamos lejos, muy lejos del poder tendemos a pensar que el presidente elegido es quien tiene la autoridad y no solo sobre un país, también en su entorno. Y porque confiamos en eso es que delegamos en su gobierno la dirección de nuestro territorio, de nuestra economía, de nuestra cultura, de nuestra vida en sociedad. Estar lejos del poder de pronto nos impide darnos cuenta de que en el siglo XXI combinan muy bien los mayores avances tecnológicos de la historia, con la horda primitiva encaramada sobre la silla sagrada. El clan surge inmediatamente después del Paleolítico, sobre la base del culto patriarcal y la conducción matriarcal. El integrante del clan es fuerte a condición de seguir unido a este, de otro modo se aísla y desaparece. Solo hijos débiles puede generar el patriarca del clan, aunque se alcen en armas o al menos, sepan manejarlas. Don Isaac, ¿por qué no te callas? (Rafo León)


 


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