Alfredo Barnechea El Perú ha tenido esencialmente tres grandes ciclos económicos. Todos fueron “activados” por demanda externa. ¿Qué tenemos que hacer para consolidar lo ganado? Reponde Alfredo Barnechea.
¿Y Después de China, qué?
Como sabemos, el Perú, y otras economías emergentes, han tenido la última década altas tasas de crecimiento.
¿Qué causó este crecimiento? ¿La inteligencia de unas reformas internas, una repentina aparición de talento empresarial, un incremento en la productividad? ¿O, más bien, como en el pasado, una “tracción” externa?
Este es, por supuesto, el caso. Ha sido la poderosa re-emergencia económica del Asia, primordialmente de China (China e India están volviendo al lugar pre-eminente que tenían antes de la Revolución Industrial), lo que ha “jalado” las economías emergentes.
¿Qué pasará cuando el crecimiento chino se detenga, o incluso apenas se desacelere?
Al parecer faltaría tiempo para eso, dado que todavía tiene que trasladar millones de personas del campo a la ciudad, además de cerrar, o acortar, la brecha entre su Este y su Oeste. Asimismo, sólo la clase media india es mayor que toda la población de Estados Unidos. Esa “longitud” del crecimiento asiático ha llevado a muchos a hablar, no ya de un gran “ciclo” económico sino de un “superciclo”. Pero todos los ciclos, por más prolongados que hayan sido, han terminado algún día. ¿Qué pasará entonces? ¿Con qué nos quedaremos?
En la historia de la república tuvimos esencialmente tres grandes ciclos. Uno fue el guano, el segundo fue la llamada República Aristocrática, el tercero es el actual. Tuvimos también otros momentos de crecimiento, “saltos” en el producto (a finales de los 50 por ejemplo), pero sólo tres grandes ciclos.
También los dos anteriores ciclos fueron “activados” por demanda externa.
El guano (entre 1845 y, digamos, 1870) alimentó las agriculturas europea y norteamericana cuando, en el desarrollo de sus revoluciones industriales, tenía que aumentar su productividad agrícola, cuando sus poblaciones viajaban del campo a la ciudad para trabajar en las nacientes industrias.
En el caso de la República Aristocrática (1895-1929) fue la expansión europea generada desde el fin de la guerra franco-prusiana (1871).
¿Qué quedó de esos ciclos?
El guano sirvió para consolidar, por primera vez, bajo Castilla, un Estado nacional, pero cuando el guano se agotó, ese estado estaba en quiebra. Manuel Pardo nos prometió en sustitución una “república práctica”. Nos hubieran quedado los ferrocarriles pero se interrumpieron. Desde su célebre artículo sobre Jauja, Pardo había pensado que ellos conectarían Lima con el centro agrícola del Perú (básicamente el valle del Mantaro). Curiosamente, como lo ha recordado Rory Miller en su libro Empresas británicas. Economía y política en el Perú, 1850-1934, el ferrocarril ayudó al desarrollo de los yacimientos mineros, no tanto de la agricultura; incluso “un volumen mayor de alimentos subía a la sierra antes que bajar”.
La República Aristocrática fue un pasmoso instante de crecimiento, pero no había propiamente una “sociedad” peruana, sino enclaves, para aprovecharlo. La crisis de 1929-1930 disolvió ese crecimiento. El “Hinterland” andino, donde todavía vivía la mayor parte de la gente, siguió en la pobreza.
China e India crecen. Como consecuencia, crece Sudamérica. Pero la eurozona, “espoleada” por Grecia pero en una crisis que no se limita a ella (no sabemos, en el fondo, qué ocurre con España e Italia), estaría al borde de un desenlace imprevisible. Estados Unidos no despega. Una recesión (o algo que no tenga ese nombre pero se le parezca) en más de la mitad de la economía mundial, ¿qué efectos tendrá sobre el mundo “emergente”?
Hasta ahora se ha producido un fantástico vuelco en los “términos de intercambio”. Raúl Prebisch debe estar revolviéndose en su tumba. ¿Pero qué tenemos que hacer para consolidar lo ganado? ¿Con qué deberíamos quedarnos?
Nada de esto se discute de veras en el Perú, sea en su Poder Ejecutivo, en su Parlamento o en su prensa. Hay un abismo entre las oportunidades “materiales” del país y la calidad de su dirección.
Sin embargo, se sabe perfectamente lo que hay que conseguir. Hoy tenemos un “stock” de conocimiento acumulado sobre qué causa el desarrollo, a disposición de todos los países que quieran usarlo. Tenemos que quedar con mejor “productividad”, lo que significa básicamente dos cosas principales: más, y mejor, infraestructura (que nos “conecte” al comercio mundial), y más, y mejor, educación (dado que lo que al final intercambiamos con el mundo son destrezas, “capacidades”). En un país donde el grueso de lo que se intercambia son materias primas, ¿estamos en el buen camino, o una súbita crisis nos dejaría como en los dos grandes ciclos anteriores? (Por: Alfredo Barnechea)