Música Los Red Hot Chili Peppers calentaron el remozado Estadio Nacional la noche del miércoles 14 de setiembre.
Rocotos Picantes
El concierto empezó a las 9:10 PM con “Monarchy of roses”, el nuevo éxito del nuevo disco I’m with you (2011). El bajo del extrovertido Flea reverberó en los oídos de las aproximadamente 35 mil personas. “Estamos contentos de estar esta noche con ustedes”, dijo saludando al remozado Estadio Nacional. “Desde que hemos bajado del avión nos han dado mucho amor. Gracias.” En los flamantes palcos, la gente se amontonaba y luchaba entre sí por ver unos centímetros más cerca a los músicos californianos. En el césped, la cerveza era la verdadera protagonista de la noche. En la puerta de ingreso, un grupo de gente aún pugnaba por entrar a tiempo, corriendo y esquivando algunos maderos y fierros que sin duda indican que el estadio está terminado.
“Can’t stop”, retomó la noche, que no volvió a encenderse hasta “Under the bridge”, uno de los recuerdos más gratos de la década de los noventa. El sonido demostró no ser el óptimo, y quizás el setlist tampoco, al menos para los seguidores de la primera etapa de los Red Hot Chili Peppers. Se extrañó a John Frusciante, aunque es innegable el talento de Josh Klinghoffer. Pero sobre todo algunos clásicos de sus primeros discos, como “Suck my kiss”, “Soul to squeeze” o “Show me your soul”. Pero la gran mayoría menor de treinta sí agradeció las canciones más nuevas, como “Dani California”, “Around the world” y “Californication”.
Un enorme premio consuelo fue “Higher Ground”, el estupendo cover de Stevie Wonder. Quedó pendiente “Fire”, el cover de Jimi Hendrix. Pero también algunas de la era Dave Navarro, como “Aeroplane”, “My friends”, “Warped” y “Love Rollercoaster”. De las más recientes faltaron “Parallel Universe” y “The Zephyr Song”.
Entre las más aplaudidas estuvo la notable “By the way”. La arremetida final llegó con un solo de batería de Chad Smith, el instrumental “Dance, Dance, Dance” y el cover de Robert Johnson “They’re Red Hot”. Al final, “Give it away” escoltó a los precavidos fanáticos que ya corrían al Metropolitano en su ya clásica rutina de salir antes del final de un concierto. Que no se preocupen los amantes del fútbol: el césped no sufrió mayor pogo. (Carlos Cabanillas)