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Opinión “En promedio, uno a uno estos jóvenes extraía el equivalente a unos mil dólares en oro diarios…”.

Predicando en el Futuro Desierto

LIMA, 16 DE SEPTIEMBRE DE 2011

Se me salió el Billy Graham que todos tenemos dentro: “¿Y no has pensado que en unos pocos años estarás muerto, que no vas a llegar siquiera a los veinticinco?” Se bajó la capucha de barrista a pesar de que ni la brisa que acababa de barrer el puente Huancamayo minimizaba en un punto los 40 grados de temperatura. “¿Y por qué, pe? Ah… porque me enfrío cuando chambeo de noche en el agua…”. El ambiente en el puente de la Interoceánica tendido sobre la quebrada se empezaba a malear, la gente de esa basura viva que se ha creado ya como pueblo por la minería informal e ilegal en la que fuera una zona prístina en Madre de Dios, en los labios de la Reserva Nacional Tambopata, sobre todo los muchachos como el joven puneño con el que yo intentaba entablar algo parecido a un diálogo, me comenzaron a mirar feo, pensarían o que era un predicador, o un periodista o simplemente un huevón blanco y viejo que no tenía que estar ahí. Entendí el mensaje rápidamente, pero antes de salir disparado tuve la chance de preguntarle al chico puneño cuánto estaba ganando en esos días: “Diez por ciento de lo que saco, pe”. La onza de oro en ese entonces –hace cosa de un año– no pasaba de los 1200 dólares. En promedio, uno a uno estos jóvenes extraía el equivalente a unos mil dólares diarios. Más claro, se embolsicaban cien verdes cada 24 horas, por cabeza. Un decir, pues los billetes duraban lo que una borrachera en algún video pub construido con plásticos azules, y el polvo consiguiente. Si era con charapita, cien soles. Con ojotita, en cambio, “que huelen a llama”, cincuenta. Y con tía –mayor de dieciocho años– treinta, “para su almuerzo de ella”.

“¿Usas condón?”, le había preguntado antes y se cagó de risa. “¿Sabes que respiras mercurio y cianuro y entre la putrefacción de tus pulmones y el sida se están peleando a ver quién te lleva primero?”. En ese momento hice consciencia de que con una camisa blanca de manga corta y una corbata, solo me faltaba el partner para ser un mormón, y la magdalena no estaba para tafetanes. Esa noche en Puerto Maldonado me enteré que en los ríos de Madre de Dios esta minería viene arrojando en veinte años, más de tres mil toneladas de veneno químico, y que en veinte años más, Tambopata estará deforestada y contaminada en un buen diez por ciento. Si las cosas siguen así.

¿Hay razones para pensar que las cosas vayan a cambiar? Alan García hizo una aparatosa movida, destruyó un par de dragas y luego se fue a almorzar chicharrones. El precio del oro mientras tanto sigue subiendo y ya se acerca a los dos mil dólares la onza. Esa es la única lógica a la que hay que hacer caso para intuir con realismo si las cosas en esos infiernos de oro sangriento podrán cambiar. Ergo: no podrán cambiar sino para peor.

Mientras siga la crisis mundial, el precio del oro seguirá en trepada y automáticamente crecerán más las áreas ocupadas para extraerlo, y ya no solo en la selva, en Piura, en Ocongate (impresiona ver los cerros del Ausangate horadados y nadie dice nada), en Nazca, en Chala. En casi todo el Perú. Hay gente que insiste en correlacionar la Interoceánica con la expansión del fenómeno. Por favor, basta, es como echarles la culpa a los aviones de que haya secuestradores de aviones. Acá estamos ante una cosa muy gorda y muy mafiosa, tanto como el narcotráfico o el contrabando. Pretender combatir esa minería con las herramientas de lo legal quizás sea lo que haya que hacer, pero solo por ser una buena causa.

Don Damián tiene su chacra en la que trabaja agroforestería, produce una fruta maravillosa, un café inmejorable, con marca propia y todo. “Pero, ¿sabe qué, amigo? Mire, mire cómo se pudren mis piñas, mis cabezas de plátano, mis copoazú, mis arazá. ¿Quién va a querer venir a cosechar por veinticinco soles diarios, si sacando oro ganan lo que yo nunca veré en mi vida?”. Sigo de mormón: ¿Es un sacrilegio, hermano Jaime de Althaus, pensar que la planificación del desarrollo económico de una región, pueda dar una estrategia viable contra la destrucción de la selva? ¡Aleluya! (Rafo León)


 


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