Nacional Asamblea vota el viernes 23 por cambio de estatutos. ¿Qué viene luego de la cantada negativa?
Católica en Hora Cero
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Cardenal Juan Luis Cipriani no parece contar con eco en la asamblea universitaria. |
Asamblea universitaria de la PUCP decidió el viernes 23 no aceptar modificación del Estatuto propuesto por el Gran Canciller de la universidad."Es una acción de desacato", opinó el Cardenal Cipriani. ¿Qué viene?
Todas las cartas han sido puestas sobre la mesa. El viernes 23 se llevará a cabo la esperada asamblea convocada en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Su objetivo es poner al voto el informe que una comisión de la propia asamblea elaboró sobre los cambios al estatuto de la Universidad demandados por la Santa Sede, vía una carta remitida por el arzobispo Juan Luis Cipriani (CARETAS 2195).
Podría llamarse una mera formalidad. Ya el 19 de agosto la asamblea emitió un comunicado que pasó casi inadvertido. Ahí anunció la formación de la mencionada comisión pero también adelantó que respaldaba “el modelo actual de la PUCP plasmado en su estatuto”, además de reafirmar la identidad católica de la institución y “manifestar su voluntad de preservar la autonomía universitaria y el derecho a la propiedad privada de sus bienes” (a los que declara “no eclesiásticos”). Entonces la asamblea también formuló un voto de confianza al rector Marcial Rubio sobre su forma de abordar las relaciones tanto con el Arzobispado como con Roma.
La cancha del campus, pues, ya está claramente marcada.
“BASTANTE SENCILLO”
Probablemente ante lo previsible de la decisión, el cardenal Juan Luis Cipriani intentó tomar alguna distancia. El lunes 19, en conferencia de prensa ofrecida en ocasión de la devolución de un lote de libros por parte del Arzobispado a la Biblioteca Nacional, declaró que “respecto al tema de la universidad, lo que toda la ciudadanía está pidiendo es que se dialogue, no que se pelee”. Sobre la controversia en torno al testamento de Riva Agüero apuntó: “creo que debemos recordar, con el mejor ánimo, que todo este asunto se introdujo al Poder Judicial por iniciativa de la Católica, no del Arzobispado. Y esta propuesta de cambios de estatutos viene de la Santa Sede. Yo poco puedo dialogar si la Santa Sede está pidiendo algo bastante sencillo”.
Aquello “bastante sencillo” es lo que se espera recibirá un rotundo rechazo por parte de la asamblea compuesta por dos terceras partes de profesores, una de dirigencia estudiantil y cinco obispos que, desde hace dos años, no asisten a ninguna convocatoria. Se trata de darle al arzobispo, el Gran Canciller de la Universidad, la facultad de elegir al rector de una terna propuesta por la asamblea. Y en general, extender sus atribuciones a otras áreas académicas de la PUCP.
Un sondeo realizado por Ipsos-Apoyo y publicado por El Comercio arroja que el 56% de los encuestados limeños no se encuentra al tanto de la controversia entre la Iglesia y la Universidad. El 40% sí declara encontrarse informado.
El 83% opina que el rector debe ser elegido por “la asamblea universitaria con el voto de autoridades religiosas, profesores y alumnos”. El 14% cree que esa atribución le debería corresponder al Arzobispado.
Los estudiantes se han mostrado en activa oposición a Cipriani. Javier Albán, presidente de la Federación de Estudiantes ha dicho que si se adecuan los estatutos “sentiría que la universidad a la que ingresé ha muerto”. Otros dirigentes de Izquierda Universitaria, como Sigrid Bazán y Pedro Llanos, han sido igualmente críticos.
Pero otros personajes como Beatriz Boza, de Ciudadanos al Día, que no pueden ser calificados ni de izquierda ni “caviares”, se han mostrado elocuentes. La abogada celebró que allí “me formaron en libertad como lo sigue haciendo la facultad hasta ahora” y recalcó que la PUCP “es un espacio de encuentro, revaloración y testimonio vivo de nuestra diversidad”.
Algunos religiosos han dejado escuchar sus voces de protesta. El padre jesuita Jeffrey Klaiber, también historiador y teólogo, además de profesor principal del Departamento de Humanidades, le declaró a Punto Edu, publicación interna de la universidad, que a partir del II Concilio Vaticano de 1962 “la Iglesia misma se abrió al resto del mundo. Incluso hubo protestantes invitados al Concilio. En ese sentido, una Universidad Católica debe seguir a la Iglesia. Ser una institución abierta al mundo, en diálogo con otras perspectivas”. Y remata: “de hecho, lo hacemos”.
Klaiber destaca que “hay universidades fundadas por obispos, otras por órdenes religiosas y otras por ninguno de éstos, aunque participe un religioso”. Pone como ejemplo local a la Universidad del Pacífico, que es privada y se rige por las leyes nacionales, aunque reconoce a los jesuitas entre sus fundadores y tienen participación en su asamblea.
¿QUÉ SIGUE?
Fuentes consultadas al interior de la PUCP consideran que lo más probable es que se le encargue al rectorado comunicar la respuesta de la asamblea. Queda el misterio de quién será el destinatario. Como ya se sabe, el nuncio Bruno Musaró fue trasladado de improviso a La Habana, todo indica que después de varios meses de guerra fría por el cardenal precisamente por este motivo (CARETAS 2198). El propio Cipriani ha trasladado públicamente la controversia al Vaticano.
En el mismo periódico se adelanta la posibilidad del peor escenario:
“Una eventual exigencia externa para que la PUCP cambie su nombre podría resultar en un proceso sumamente complejo, pues la Universidad tiene su nombre registrado ante Indecopi, que es la instancia nacional correspondiente”, se lee.
Pero luego es advertido que “un cambio de nombre no implica, de ninguna manera, la extinción o la disolución de la Universidad, pues esta seguiría funcionando. Sucede con frecuencia que las instituciones cambian de nombre y no por eso dejan de existir”.
Queda un largo camino y el tiempo dirá si se recorre a punta de epítetos, como hasta ahora, o las posiciones se van encontrando en silenciosa comunión.