Opinión Gigante asiático cascabalea.
Orando por China
Esta semana Grecia reconoció oficialmente que no había alcanzado las metas fiscales que se había propuesto y que tampoco alcanzará las del año que viene. Los expertos de la “troika” (Banco Central Europeo, FMI y Comisión Europea) examinan la situación antes de desembolsar 8,000 millones de euros que Grecia requiere para no caer en cesación de pagos en octubre. Las tensiones sociales crecen ante la perspectiva de nuevos y masivos despidos de empleados públicos. Los sindicatos han convocado a una huelga general para el miércoles 5 de octubre.
Mientras, Estados Unidos mantiene su anémico crecimiento y el Senado comienza a tratar un proyecto de ley para nivelar su comercio internacional con China y contempla sanciones en caso que no revalúe su moneda (renmimbi – yuan). Crecen las manifestaciones de los “indignados” que quieren tomar Wall Street y las manifestaciones se expanden a otras ciudades. Obama insta al Congreso a pronunciarse sobre su propuesta de ley de empleos.
Hay algo de similar entre Grecia y Estados Unidos: el dilema de realizar ajustes para lograr el equilibrio fiscal pero que provocan recesión y desempleo o estímulos que dinamizan la economía y generan empleos pero aumentan una deuda pública insostenible.
El dilema aparentemente se supera cuando se entiende en términos de procesos, ¿Cuál tiene más probabilidades de éxito al final del camino? y ¿de qué tipo de ajustes y de qué tipos de estímulos estamos hablando?
MIENTRAS TANTO, EN CHINA
China, por su parte, comienza a adoptar medidas para reducir la tasa de crecimiento de una economía que está amenazada en varios frentes por su propio dinamismo: en ciertas ciudades, como Shanghai, se habla ya de una burbuja inmobiliaria y se están adoptando medidas para frenar su crecimiento.
Las exportaciones, por su parte, están sufriendo por la desaceleración de la economía mundial, provocando la caída de la actividad manufacturera. Esto podría ayudar a enfriar la economía pero su contrapartida, el descenso del nivel de empleo, es algo política y socialmente muy sensible en este país de 1,300 millones de habitantes.
La incorporación de trabajadores al sistema económico ha sido un elemento esencial no sólo del pujante crecimiento económico, sino del pacto político que mantiene una a veces inestable paz social. Un estudio de la Universidad de Tsinghua indica que en 2010 hubo 180,000 protestas callejeras por diversas causas, entre las cuales se destacan las motivadas por problemas ecológicos.
Debe señalarse, además, el persistente incremento de la inflación, que ha pasado de ser alrededor del 2% en el pasado para ubicarse actualmente en el 6.2%, levemente por debajo de los 6.5% en que se mantuvo por un período de tres años. Esto ha conducido al Banco Central de China a aplicar una política monetaria y crediticia restrictiva que ha comenzado a dar resultados. Pero los incrementos de precios se han sentido en los bienes de consumo, especialmente en los alimentos.
Así, la locomotora china podría reducir su ritmo de crecimiento, como resultado de los malos signos provenientes de sus principales mercados a los que también afectaría con su desaceleración. Hay quienes ubican al crecimiento de China entre el 5 y 7% en el año que viene. Los conflictos de Estados Unidos por lo que consideran que es la manipulación de la moneda por parte de China vendrán a poner una nota negativa en un momento en que la recesión se convierte, por obra de los problemas fiscales europeos, en una realidad cada vez más próxima. Una situación en la cual todo el mundo tiene algo que perder. (Por: Luis F. Jiménez)