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Personajes La Duquesa de Alba y la octogescencia*

El Amor se Abre Cancha

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El novio valenciano Alfonso Diez, veinte años menor que la prometida.

Pasar revista semanal al mundo para ver sobre qué vale la pena escribir se ha convertido en una tarea con ribetes cada vez más deprimentes. La Europa de nuestros sueños se ha convertido en una pesadilla de desempleo, especulaciones financieras y teutones que dan lecciones a los irresponsables del sur; la tragedia griega no acaba de solucionarse y puede acabar llevándonos a todos a la ruina. Del sueño americano, mejor no hablar. Este muchacho maravilloso de tez morena, sazonado con los mejores diplomas de universidades de la Ivy League, extraordinariamente inteligente y que nos dijo a todos que “sí se puede” cambiar todo lo fundamental de la política, de la economía y de la seguridad mundial, se ha empantanado en un lodazal de asesinatos teleguiados, 46 millones de pobres, un déficit agobiador y se ha convertido en el “blanco perfecto” de los fundamentalistas del Tea Party. Del comercio de armas, del tráfico de drogas y de personas, de la pornografía infantil y de los escándalos sexuales de la Iglesia Católica, mejor ni acordarse. Sólo el cardenal Cipriani puede insistir en meter las cuatro en un área en la cual la Iglesia Católica tenía el beneplácito de la inmensa mayoría de la gente inteligente: las universidades católicas. Tampoco hurguemos mucho en la primavera árabe que, ni bien miramos mejor, vemos a los aviones de la OTAN haciendo barbaridades y Siria matando a cuantos opositores puede sin que podamos hacer nada. Olvidemos a Pakistán, Irán e Iraq, por favor. Y por si todo esto fuera poco, tapemos nuestros oídos cuando alguien comience con la cantaleta de la profecía Maya para el 2012.

Es por eso que no puedo dejar de sentirme profundamente agradecido a la señora Duquesa de Alba. Que a sus 85 años esta señora haya decidido, contra viento y marea, contraer nupcias con un “chaval” 26 años menor que ella es algo que nos llena de orgullo a quienes estamos entrados en la “sexagescencia”, pues nos permite tener la ilusión de veinte años más de las locuras que caracterizan a la adolescencia. La duquesa ha permitido inventar un nuevo término: “octogescencia”, gracias a un carácter indomable inspirado por el amor. Y en esta época de la vida sí que se pueden hacer locuras cuando se tiene un pequeño capital que, en el caso de la duquesa, anda alrededor de los tres mil millones de euros. Sus descendientes se opusieron al matrimonio. Pues la duquesa les adelantó la herencia, un palacio a cada uno más unos dineritos en efectivo y el novio firmó todos los papeles que correspondían renunciando a todo, salvo al amor de la duquesa. Problema terminado. La pobre España, tan golpeada por la crisis, está agradecidísima a la duquesa, que le ha dado abundante material de conversación frívola que desarrollar. La decisión de la señora en este momento recuerda la definición de uno de esos franceses geniales sobre la frivolidad: “ligereza en la conducta humana gracias a la cual muchos de nosotros todavía no nos hemos suicidado”. Felicitaciones, señora duquesa, que viva muchos años de felicidad con su nuevo consorte. Y no haga caso a esos que andan apostando por el nombre de su cuarto esposo. Pura envidia. (Luis Jiménez)

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(*)“Octogescencia” es una especie de adolescencia.


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