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Flanco izquierdo
El Presidente Ollanta Humala se perfila entre la violencia en las tribunas y la esperanza nacional.
El martes 4, Ollanta Humala llegó hasta La Videna, en San Luis, donde la selección entrenaba para el encuentro del viernes contra Paraguay.
Hacen falta estudios que establezcan la conexión entre el desempeño de los equipos nacionales de fútbol y la popularidad de los presidentes. Pero a ojo de buen cubero –o futbolero– parece evidente que, a mejores resultados en los estadios, mejores números en las encuestas. El humor popular encuentra en la política uno de sus desfogues.
Humala lo sabe y repitió su gambito de presidente electo, cuando invitó a la selección luego de que obtuviera el celebrado tercer lugar en la Copa América. Acompañado del entrenador Segio Markarián y los jugadores, ahora el Presidente salió a la cancha uniformado con la bicolor y declaró que “el fútbol puede unir a todos los peruanos. Estamos cansados de no clasificar a un mundial, ahora tenemos que clasificar sí o sí y los muchachos se han comprometido a poner todo en la cancha: alma, corazón y vida. Van a entregarlo todo como buenos peruanos que son”.
Filosofó que cuando salen a enfrentarse, “no hay equipos grandes, ya que son 11 contra 11”. Dadas las penosas circunstancias de los días previos y la gran atención mediática puesta sobre el dramático caso de Walter Oyarce, Humala instó a la hinchada a apoyar a su equipo “con cariño y sin violencia”. El optimismo y la esperanza de un país tienen un sensor en los goles. No en las barras bravas y el lumpen de toda clase.