Seguridad Cámara PTZ desde la cual se filmó la tribuna Sur donde fue asesinado Walter Oyarce en el último clásico. El instante mismo de la caída no aparece en la memoria fílmica. Las cámaras le pertenecen a la empresa constructora Gremco.
El Coloso del Crimen
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Francisco Díaz de la Cotera, director de seguridad del Monumental en el año 2003, señala la cámara móvil que debió grabar la muerte de Oyarce. |
La prueba clave en el caso del asesinato de Walter Oyarce, el pasado sábado 24, está en un video de 5 horas de duración. Pero la filmación de su caída mortal, del palco C-128 de la zona sur del Monumental, ha desaparecido.
El estadio cuenta con 8 cámaras móviles PTZ en el techo. Cuatro miran hacia los palcos y las tribunas de las zonas sur, norte, oriente y occidente. Las 4 restantes miran hacia el exterior (ver Infografía).
Una cámara PTZ puede cubrir una distancia de 200 metros y girar sobre su eje en un ángulo de 360 grados. La fotografía que abre este reportaje muestra una de estas cámaras sobre la tribuna de Occidente. Su ubicación estratégica le permitió grabar con precisión todo lo ocurrido en la zona Oriente, donde se encontraba el palco de David Sánchez-Manrique Pancorvo, 36, el principal sospechoso del asesinato, y la zona Sur, donde estaba Walter Oyarce, 23, el trágico sábado 24.
¿Por qué entonces no hay imágenes del crimen?
Las cámaras son controladas por Gremco, la empresa que construyó el Monumental en el 2000. El martes 27, Jorge Fumagalli, administrador de servicios de Gremco, sostuvo que “la caída no había sido grabada” porque entonces las cámaras se enfocaron hacia los puntos de salida del Monumental.
Fumagalli brindó un revelador testimonio a CARETAS, el martes 4. Alegó que, de las 8 cámaras móviles, sólo 6 estaban operativas, pues 2 se encontraban “en mantenimiento”. La cámara de Occidente, que cubría los palcos de la zona Sur, empezó a grabar a las 3:00 pm y culminó a las 8 pm.
Oyarce cayó a las 7:26 pm., aproximadamente, pero ese momento fundamental no está registrado en el video. Sí aparece, en cambio, el momento en que ‘Loco David’ y ‘Cholo Payet’ fugan desde los palcos de sur a oriente, a las 7 y 30 pm, de acuerdo al video proporcionado por Gremco a la Policía.
Fumagalli reiteró que Gremco no editó la grabación. ¿Pudo hacerlo alguien del Club Universitario? Según Fumagalli, la cabina de monitoreo de las cámaras del Monumental es controlada por un operador que reporta y entrega los videos de cada encuentro a la Junta de Propietarios de los Palcos.
Marco Paredes, presidente de dicha junta, admitió a CARETAS que recibió el video el domingo 25, pero negó haberlo visualizado. Entregó la grabación a la División de Homicidios recién el lunes 26, es decir dos días después del crimen.
Paredes es miembro de Universitario y amigo del jefe de imagen del club, Jorge Luis Espinoza Sánchez, quien está casado con Úrsula Sánchez-Manrique, prima hermana de David Sánchez-Manrique, según publicó La República, el jueves 29. Otro de los acusados, José Luis Roque, ‘Cholo Payet’, fue seguridad del actual presidente de la ‘U’, Julio Pacheco, nada menos.
Paredes, por cierto, afirmó que el día del clásico contrató a la empresa Control Security para custodiar los palcos, pero el director de esa compañía, Gustavo Dávila, negó esa información (ver Nos Escriben y Contestamos).
La Policía elaboró un atestado, pero en el documento no hay mención alguna a la posible complicidad entre dirigentes de la ‘U’ y los acusados.
MONUMENTO A LA IMPUNIDAD
La manipulación de las cámaras de vigilancia del estadio Monumental representaría un monumento a la impunidad. No se frena a la violencia sin castigo a hinchas desalmados, empresarios y autoridades con la vista gorda.
El Presidente Ollanta Humala vistió a la blanquirroja e hizo calistenia con las estrellas de la selección de fútbol en La Videna el martes último. Invocó al público a apoyar a la selección en el partido contra Uruguay el viernes 7 “con cariño y no con violencia”.
En el mismo escenario donde se va jugar el partido, el Estadio Nacional, murieron 318 personas en una estampida futbolera en junio de 1964.
La seguridad ciudadana es una de las prioridades del presidente Ollanta Humala. Para reforzar ese interés, se apuntó él mismo para presidir la Comisión de Seguridad Ciudadana.
El Caso Oyarce recuerda que las “barras bravas” del fútbol son una de las aristas espinosas en la compleja problemática de violencia urbana. La dimensión de seguridad ciudadana no se limita al pandillaje y los “marcas”.
El padre de Oyarce, el comandante de la Marina (r) Walter Oyarce, intuye el problema al anunciar con devota entrega una fundación que identifique hinchas descarriados y ayuda a encaminarlos en la vida.
“Pronto no tendré un hijo, sino muchos hijos”, dijo con los ojos perlados.
El control de barras bravas o turbas plantea un desafío singular. Mucho se aprendió en Inglaterra luego de la década rampante de hooligans en los 80s.
Leyes específicas y drásticas contra el vandalismo, el control de alcohol y el fichaje de los “Cholo Payet” británicos, y su movimiento migratorio han ayudado a neutralizar los excesos.
Las Cortes de Londres sentenciaron a jóvenes hasta por 4 años de prisión por ser responsables de destrozos y desmanes en las flamígeras revueltas que estallaron en el pasado, y tuvieron estos códigos a la mano.
También en Colombia acaban de promulgar normas legales específicas para tipificar y sancionar con prisión los actos de vandalismo.
El Mundial de Fútbol 2014 en Brasil plantea un singular desafío. La FIFA no permite la presencia de policías dentro de los estadios y permite la venta de licor.
Esta semana, la presidente brasileña Dilma Rousseff planteó personalmente sus observaciones al secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, en Bruselas, sobre el cocktail explosivo entre el alcohol y la “torcida” brasileña más torcida.
Pero la onda en el mundo es “desmilitarizar” los escenarios deportivos –no incitar la testorona de los hinchas con escudos y varas–, pero acompañada de un claro código legal que castigue efectivamente a los infractores.
Los legisladores peruanos harían bien en revisar éstas normas en busca de códigos aplicables a la trifulca nacional.
Porque en el Monumental cundió la impunidad el sábado 24 pasado.
La Policía impasible ante los desmanes en los palcos, ahora lamenta la tragedia.
Las autoridades deportivas, insufribles, confieren a los palcos un status de virtual extraterritorialidad, donde puede correr droga y alcohol pero no debe entrar la Policía.
Y Gremco y la “U” puniblemente no tienen explicación lógica a la ausencia del registro fílmico del hecho sangriento puntualmente con sus 8 cámaras PTZ.
La prensa también echa leña al fuego.
“Hace 15 días les fui diciendo que me parecía un exceso de verbalismo violento que era alentado por algunos dirigentes”, declaró el uruguayo Sergio Markarián, técnico de la selección peruana. “Nadie tomó la bandera, ahora sí todo el mundo se golpea el pecho. Lo que hay que hacer es callarse la boca. Si alguien agrede no hay que contestar”.
Cuando el Mago habla, hay que parar la oreja.
Porque si David Sánchez-Manrique y su collera de barristas fichos hacían lo que les venía en gana en el estadio Monumental de Ate era porque creían gozar de impunidad y así lo demostraron en el fatídico clásico del sábado 24. Hoy están en prisión.
EL PERFIL DE DAVID
El jueves 29, David Sánchez-Manrique pasó de La Planicie a Ancón: fue trasladado al penal de Piedras Gordas. La noche del clásico había fugado a Miami. Volvió el martes 27, luego de que Gremco informara que las cámaras del estadio no habían captado la muerte de Oyarce.
La Policía lo acusa a él y al ‘Cholo Payet’, quien fue recluido en el penal Miguel Castro Castro, del delito de homicidio calificado que se pena con 35 años de prisión efectiva. El resto de su pandilla, Jorge Montoya Fernández, ‘Calígula’ y Richard Valverde Sifuentes, ‘Negro Ampilio’ fueron denunciados por el delito de lesiones graves, penado hasta con 8 años de cárcel.
La pericia psicológica de David Sánchez-Manrique concluye: “reacciona de forma agresiva, denotando poca tolerancia a situaciones que le generan frustración y pierde el control de sus impulsos. Actúa sin medir las consecuencias de sus actos, guiados por la emoción del momento”. El documento indica que David dijo no llevarse bien con sus padres, pero sin embargo vivía con ellos en la exclusiva zona de La Planicie.
CARETAS 2200 reveló el anuario 1992 del Colegio Santa María. Algunos profesores se acordaron vagamente de él, pero sin ser capaces de decir algo sobre su personalidad o alguna anécdota.
A los 18 años fundó la barra ‘Terror Mochica’ en honor al parque Mochica, ubicado en los alrededores de la Universidad Ricardo Palma. Desde mediados de los noventa, Sánchez-Manrique solía reunirse allí con sus amigos para “calentar” antes de ir a los partidos de “U”.
Del Santa María, Sánchez-Manrique pasó a la Universidad del Pacífico donde estudió Administración y Contabilidad. “Desde esa época ya era loquito estadio” –recuerda un alumno. Una mujer que trabajó como personal administrativo en la Universidad dice de él que “la amabilidad de los otros le resultaba extraña. Como si no supiera recibir afecto”.
Al egresar en 2002, fundó la Constructora e Inmobiliaria Casa Grande, con sede en Chincha, y posteriormente adquirió la discoteca Onuba de San Borja.
Dos testigos, identificados con claves 01-2011-SA y 02-2011-SA, declararon a la Policía que vieron cuando David y el ‘Cholo Payet’ arrojaron a Oyarte a las graderías. A sus 36 años, David parecía tenerlo casi todo. Tanto que pensó salir impune de la tragedia del clásico. (Juan Carlos Méndez, Américo Zambrano).