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Opinión “Don Pedro, cajamarquino, me envía una foto del cadáver de sus mejores caballos matados a machetazos”.

Ellos Matan a los Caballos, ¿No es Cierto?

ARICA, 7 DE SETIEMBRE DE 2011

Las playas de Arica que se abren al sur del morro son austeras, con sus colores volcánicos y su anti caribeñismo característico de esta parte del Pacífico, que las hace distinguirse sobre el cliché del repugnante turismo de sol y playa centroamericano. Cinco días he pasado en el Altiplano chileno, observando cómo la zona del extremo norte de este territorio ha sido históricamente una de las más maltratadas por el centralismo y la indiferencia política. Hoy, aún los pueblos que se van encontrando en el ascenso hacia el abismal Altiplano que une a Chile con Bolivia, carecen de electricidad y son pobres a todas luces. Sin embargo, entidades conservacionistas locales, no gubernamentales y privadas, están emprendiendo proyectos para el rescate de elementos históricos que han dejado huellas de gran valor, como los caminos de los troperos que arreaban las recuas de mulas con sus cargas de plata desde Potosí hasta los puertos de la costa. Este tráfico determinó que desde el siglo XVI se levantaran en lo que hoy es la XV Region Arica/Parinacota, una treintena de templos doctrinarios, pequeños, humildes, en sillar, tributarios de un barroco andino muy austero, y que ahora se están recuperando para crear rutas de turismo cultural y de aventura, respondiendo a la necesidad de crearle a la región nuevas fuentes de desarrollo que también le pongan límites a la minería.

El tema me resulta apasionante y al observarlo de cerca, conversando con los ancianos que habitan el villorrio de Parinacota, donde se levanta el templo de la Virgen Natividad que es una verdadera joya del barroco andino primitivo, no he pensado un solo instante en el Perú que dejé hace una semana. Hasta que hoy, en mi hotel frente a la playa de Arica, abro mi correo y encuentro un mensaje que me produce náuseas.

Conocí hace pocas semanas a don Pedro Zambrano, un cajamarquino apasionado de los caballos de paso, quien en su fundo La Argentina viene criando desde hace décadas ejemplares que se ganan cuanto premio existe. La Argentina se encuentra en los territorios que han sobrevivido a la descontrolada y agresiva urbanización del entorno cajamarquino, pero él se ha resistido sin concesiones a vender tierras, aun cuando le han ofrecido sumas de varios, de muchos ceros. Lo suyo son los caballos de paso peruano, las alamedas de sauce y eucalipto, la vida rural y los desayunos con jugo de poro.

Pues bien, don Pedro me llamó muy angustiado hace unos días a contarme que un grupo de invasores estaban ya al borde de sus terrenos y los de otros vecinos, a punto de entrar con todo a apoderarse de lo que no es suyo y de inaugurar en estos campos el horror de la barriada lumpenesca y omnipotente. Le pedí que me hiciera una ayuda memoria para difundir el tema en los medios, pero luego mis tiempos y los suyos no coincidieron y me vine para Chile. En el correo que hoy don Pedro me envía se ve una foto del cadáver de varios de sus mejores caballos matados a machetazos. Los animales, con los ojos abiertos, muestran sus interiores tasajeados con una maldad pre humana y un ensañamiento que solo llama a la venganza. Pero don Pedro no será quien asuma la reacción del ojo por ojo. Me lo imagino, junto a su esposa doña Zenaida y sus hijos y nietos, refugiados en su pequeña casa hacienda como quien en una revuelta de salvajes, espera la llegada de la horda enemiga con las estocadas finales definidas en sonrisas llenas de babas y crueldad. Hay veces en las que uno se da cuenta de que el aprecio por el Perú solo se puede sostener en la ideología y en la fantasía, porque la realidad nos excluye a los que no queremos decapitar caballos para dejar mensajes. (Escribe: Rafo León)


 


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