Alfredo Barnechea Para una reedición de La república embrujada, mi libro de 1995, mis editores me han sugerido una “posdata” que analice qué cambió en estos dieciséis años desde su publicación.
Un Futuro de Clases Medias
¿Dónde comienza la clase media, cuál es su “piso”? ¿5 veces el ingreso mínimo como sugieren algunos? ¿Cuán firmes son? ¿Una crisis puede hacerlas retroceder otra vez? responde Alfredo Barnechea.
El subtítulo de ese libro era “un caso en la pobreza de las naciones”. La primera parte era un examen de nuestra historia, y se preguntaba por qué no habíamos alcanzado el desarrollo. La segunda era un análisis de la temática del desarrollo económico, y figuraba prominentemente el caso de los países del sudeste asiático, que se habían convertido en un exitoso modelo.
Esos países compartían una admiración por Japón y querían replicar su camino. Todos eran muy pequeños y, al cabo, podían por eso impactar quizá poco en el rumbo del mundo. Singapur, una ciudad-Estado, tiene apenas 699 kilómetros cuadrados, y el más grande, Corea del Sur, tiene 100 mil, 96 veces más pequeño que China.
China representa el mayor cambio en estos dieciséis años desde que saliera el libro. Tal vez debía haberme fijado más en China.
Ya en 1978 Deng Xiaoping había puesto en marcha las reformas que catapultaron a China a lo que es hoy. Pero entonces solo 18 por ciento del país era urbano; hoy lo es 50 por ciento, y cada año pasan 20 millones de personas del campo a la ciudad. Tiene más de 170 ciudades con más de un millón de habitantes.
600 millones de personas han salido de la pobreza. Su PBI ha crecido quince veces. El 2010 había pasado ya a Japón como la segunda economía del mundo. Su reemergencia ha alterado todos los términos de intercambio de la economía del mundo, proveyendo a los países productores de materias primas de una nueva y gigantesca plataforma de despegue. Un fenómeno mucho más importante, de más vastos alcances, que la experiencia del sudeste asiático, que serán, de pronto, una nota al pie de página de la China.
El otro gran cambio lo resume la palabra “Internet”. Para usar la expresión de Octavio Paz, ha hecho a todos los hombres por primera vez verdaderamente contemporáneos. A la vez, ha convertido al planeta en cierta forma en una nube digital, en un mundo sin centro.
A nivel peruano, el gran cambio en estos dieciséis años fue la aparición de un nuevo país, que he tratado de describir en el epílogo de mi último libro, Perú, país de metal y de melancolía. Un país que hubiera sido irreconocible para Haya de la Torre o Mariátegui. Urbano, en el que 3 de cada 4 peruanos vive en una ciudad y acaso, en otros dieciséis años, 2/3 vivirán apenas en unas 8 ciudades. Una alteración sísmica del intercambio Andes/Costa que hizo a la civilización peruana (si podemos usar, como creo, esta expresión).
Este nuevo país será, si no lo es ya, uno de clases medias. Una transformación que ha ocurrido en varias partes de América Latina. Brasil por ejemplo, donde se supone que 52 por ciento forma parte de alguna forma de clase media.
En general, son “nuevas” clases medias, que acaban de abandonar la pobreza. ¿Dónde comienza la clase media, cuál es su “piso”? ¿5 veces el ingreso mínimo como sugieren algunos? Más allá de cualquier tipo de medición, podemos concluir que es una realidad muy poderosa y fluida.
¿Cuán firmes son? En otras palabras, ¿una crisis puede hacerlas retroceder otra vez?
¿Son más “conservadoras”? ¿Creen en la política, en formas del Estado de Bienestar, o son “liberales” y no esperan nada de ella?
En el caso de Perú, ¿cuál es su “memoria andina” o, simplemente, quieren ser “modernos”? ¿Cuál es su “comunidad imaginada”?
Siempre se pensó que en sociedades con amplias clases medias, la democracia era más sostenible. Que eran una suerte de “bisagra” social, que amortiguaba los conflictos, y garantizaba el pacto social. Sin embargo, como esas nuevas clases medias han crecido en una sociedad del espectáculo, donde los “role models” son personajes de la farándula, o chefs, ¿cuál es su relación con la política democrática?
Facebook fue el instrumento decisivo de la “primavera árabe”. ¿Buscarán esas nuevas clases medias nuevas formas de comunicación política, menos “partidarizadas”, más informales, pero igualmente seductoras como las del pasado?
Por ahora lo que sabemos es que buena parte de las nuevas clases medias no están contentas. A fines del año pasado hicimos con algunos amigos una encuesta. A la pregunta de a qué clase sentían pertenecer, la mitad del segmento C, que debía sentirse parte de estas nuevas clases medias, contestó que pertenecía a la clase “baja”. Este desajuste es la base de la inestabilidad social, política, y por extensión electoral.
¿Cómo disolver “la paradoja del crecimiento infeliz”? Responder a esta pregunta será sacar a la república de todos sus embrujos. (Por: Alfredo Barnechea)