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Entrevistas La educación intelectual de Hugo Neira: entre Lince, Cusco, Francia, España y la Polinesia, siempre volviendo al Perú.

Un Pensador Trotamundos

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Hugo Neira, un discípulo aprovechado. En el Perú su maestro fue Raúl Porras Barrenechea. En Francia, Raymond Aron.

He aquí a un gran pensador, a un destacado sociólogo, historiador y ensayista, a un hombre que ha hecho de la cultura su razón de vivir. Hugo Neira (75) encandila y la conversación con él carece de puntos muertos. Está físicamente joven para su edad sin ser esto comparable a su edad cognoscitiva, que está llena de un vitalismo avasallador. Es un hombre que ha tenido la suerte inmensa de haber sido intelectualmente prohijado por grandes maestros tanto en el Perú como en el extranjero. En el Perú por Raúl Porras Barrenechea, espejo de la lucidez en su época y en Francia por Raymond Aron, socialista de pro, y otros profesores lumbreras que junto a Sartre, Beauvoir, Picasso, Camus, etc. (sin que comieran en el mismo plato) fueron figuras señeras del pensamiento artístico-literario de la “grandeur” francesa del momento que no hay que confundir con la de De Gaulle (exclusivamente política). A buenos maestros excelente discípulo. Hugo Neira ha vivido avanzando por la vida en una constante ebullición mental aquietada y alineada a través de la razón. Autor de varios libros, su “Teoría y práctica del ensayo”, finalista en el Concurso de Weimar 2000 nos lo acredita como uno de los grandes ensayistas de nuestro tiempo. Quedamos en el restaurante Costa Verde para hacer esta entrevista y él llegó, mucho más que puntual, quince minutos antes de la hora señalada. Lo primero que me dice es que la puntualidad es parte de su forma de ser. Nos sentamos. La conversación chorrea. Jamás languidece. Acabamos encerrados en nosotros mismos aunque siempre fluctuando en los “tempos”, ya que éstos se elevan de tono emotivo o se calman según su batuta le ponga mayor o menor énfasis al concierto de ideas que él dirige con maestría. Empezamos.

–Vamos a sus orígenes. Explíqueme el ambiente y la condición social en que usted vino al mundo.
–Mi padre era de la Policía Montada, arequipeño, y mi madre hija del Prefecto de Abancay. Mi madre tenía 17 años y mi padre 22 cuando se enamoraron. Eran muy guapos. Mintieron diciendo que mi madre estaba embarazada y por ello se fugaron. Mis tíos por parte de madre, Samanez, los alcanzaron en su huida y uno de ellos, ¡fíjese qué barbaridad!, empuñó una pistola y disparó contra mi padre y el pistoletazo falló. No salió la bala. A ese tío nunca lo quise. Esos amores apasionados fallaron porque eran los dos incompatibles y a los tres años se divorciaron.


 


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