Actualidad Las primeras cien jornadas en la historia presidencial.
14 Semanas y Media
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Fernando Belaunde Terry y período histórico de 1963. |
Los primeros cien días de un gobierno marcan la vara con la que se mide inicialmente su efectividad. Puede resultar un término caprichoso y los presidentes suelen reclamar más tiempo para ser evaluados, pero lo cierto es que la impronta política del lustro siguiente se establece en buena medida durante dicho lapso.
Sus orígenes como parámetro son significativos y se encuentran en el gobierno de Franklin Delano Roosevelt, que subió al poder enfrentado al desastre económico de la Gran Depresión. Guardando todas las distancias, la catástrofe de entonces guarda similitudes con la incertidumbre mundial de hoy. Una economía desregulada en exceso colapsó y dejó en la pobreza a millones. FDR llegó a la Casa Blanca bajo el mandato de impulsar reformas parlamentarias que le devolvieran al Estado un papel protagónico en la vida económica. El consenso que logró en el Capitolio, además de su estilo optimista y comunicativo, fueron las piedras de toque en esos primeros cien días.
En el Perú todavía se recuerda el ejemplo de Fernando Belaunde Terry, quien en los primeros tres meses de gobierno impulsó reformas necesarias, y para muchos controvertidas, en un país de mayorías postergadas desde siglos atrás. Su versión del nacionalismo tuvo en la estatización del petróleo de Talara, empañada con el mito de la Página 11, el punto más alto en ese primer período.
Un salto en el tiempo recuerda que, en el 2006, Alan García tenía 60% de popularidad, cifra muy parecida a la que hoy disfruta Ollanta Humala. Exactamente entonces debió enfrentar el reconocimiento público de su hijo Federico Danton, nacido fuera del matrimonio. Antes ya se habían dado conatos de escándalo con la denuncia de licitaciones “a dedo” en el sector de Vivienda, cuyo ministro era Hernán Garrido Lecca, y la calculada reaparición de Agustín Mantilla.
En el 2001, Alejandro Toledo había visto un desplome de popularidad durante ese período. Sus puntos flojos ya eran conocidos desde sus días de candidato y representaban nuevos problemas su alianza con Fernando Olivera, las muestras de frivolidad (con el sueldo de US$ 18 mil bien arriba) y las actuaciones cuestionables de hermanos y sobrinos. Un problema cantado de familia que, valgan verdades, Ollanta Humala ha logrado mantener relativamente neutralizado a pesar de toda la tela que su apellido tiene para cortar.