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Medio Ambiente En Chaparrí, los osos de anteojos tienen un refugio de las amenazas que los asolan por todos los Andes. A pesar de los pronósticos, una hembra rescatada está criando dos cachorros a plena vista de los visitantes al bosque.

Ampay Osos

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Mamá Milagros con sus dos crías, Panda y Gill-Gill.

Milagros se llama la madre que, desde hace un mes, se ha dejado ver criando sus dos cachorros. Mientras que los visitantes a la Reserva Ecológica de Chaparrí miran, la pequeña familia come, juega y descansa entre las ramas. A veces los tres osos se acercan a apenas 10 metros de los grupos que han venido hasta desde Europa a observarlos.

Su conducta demuestra qué tan seguros se sientan los osos adentro de Chaparrí, a unos 70 km de Chiclayo, Lambayeque. Una especie tímida, se asustan fácilmente y suelen evitar a los humanos, que a menudo les representan peligro. Sin embargo, Milagros no es cualquier oso, y su historia justifica el nombre que los guardaparques le dieron.

La trajeron a Chaparrí hace ocho años, una huérfana traumatizada en circunstancias insólitas. Milagros fue encontrada por un campesino en el lugar del accidente del vuelo TANS 222, que chocó contra un cerro en Amazonas el 9 de enero de 2003. Todos los 46 ocupantes del avión murieron. El campesino, el primero en llegar a la escena de la tragedia, no encontró ningún sobreviviente pero sí esta cachorrita sola y atemorizada. Aún no se sabe si la madre de Milagros murió en el impacto o si, quizás. se asustó y huyó, dejando a su hija de tres meses.

En Chaparrí le daban mamaderas de leche y otra hembra sin crías la adoptó. Milagros creció pero siguió siendo una osa particular. Tres veces se escapó de la reserva y la tuvieron que buscar, incluso una vez trepando por el cerco eléctrico y otra vez aprovechando de un árbol pegado al perímetro cuyas ramas alcanzaban al otro lado. Cuando por fin la liberaron de propósito, le pusieron un collar satelital. Sin embargo, el aparato no aguantó el abuso que le dio y se malogró, dejando así al personal de Chaparrí sin rastros de Milagros.

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La Reserva Ecológica de Chaparrí es el mejor lugar de la región para ver osos de anteojos silvestres

Y ahora es la primera osa rescatada de Chaparrí en tener cachorros. Después de un año sin dejar verse, Milagros apareció en la reserva a finales de setiembre con sus dos críos –aún no se sabe su género– justo cuando un grupo de 10 turistas nacionales se había parado en un mirador. El guía, Juan Carrasco, cuenta cómo se quedaron atónitos durante unos 10 minutos interminables: “Fue una sorpresa enorme,” dice.

La familia se ha acostumbrado a la presencia humana en Chaparrí y numerosos visitantes a la reserva los han observado. Los dos cachorros ya tienen sus apodos. Uno se conoce como Panda por tener un rostro blanco con una mancha negra alrededor de los ojos. El otro se llama Gill-Gill, por David Gill, el dueño del zoológico inglés South Lakes Wild Animal Park, que ha apoyado a Chaparrí tanto con recursos económicos como asesoría técnica.

Nadie lo sabe con certeza, pero se cree que hay entre 5,000 y 20,000 ejemplares silvestres en el continente, la mitad en el Perú. Para Heinz Plenge, 64, el fotógrafo y amante de la naturaleza detrás de Chaparrí, la primera Área de Conservación Privada en el Perú, la aparición de Milagros, Panda y Gill-Gill ha sido un momento emocional, después de más de una década de lucha para realizar su sueño de crear este refugio. “Fue como el nacimiento de tu propio hijo”, cuenta del momento cuando le dieron la noticia. “Se me escaparon unas lagrimas”.

Los esfuerzos han recorrido desde la colocación meticulosa de huevos y otra comida adentro del bosque hasta una campaña de concientización entre las 20 comunidades alrededor de la reserva para que también participaran en su conservación. En los primeros seis años, ni se observaban osos, solamente las huellas y heces de uno o dos individuos. Hoy día, se han identificado unos 30 ejemplares y se cree que la población que pasa por Chaparrí –los osos son muy móviles, capaces de cruzar los Andes en uno o dos días en búsqueda de comida– probablemente alcanza más de 100.

Las comunidades también merecen un reconocimiento. Carrasco, que vive en la Comunidad Campesina de Muchik Santa Catalina, al lado de la reserva, habla de un cambio profundo en su pueblo al acordar con Plenge el uso del territorio comunitario para la reserva. “Antes, fuimos cazadores y taladores. Estas fueron nuestras costumbres”, dice. “Al principio teníamos muchas dudas, pero ya no. Los comuneros ya estamos todos convencidos de la necesidad de la conservación.”

Hoy día, Chaparrí es el mejor lugar para ver osos de anteojos silvestres. Más de un 80% de visitantes a la reserva logra ver un animal, incluso personas que apenas pasan unas horas allí. Desde Venezuela hasta Argentina, en ningún otro lado del territorio natural de esta especie es así. Y la reserva ya es una inspiración a nivel internacional. Vienen representantes de comunidades de todo el Perú, y también desde Chile, para conocer y así emular su exitoso modelo de conservación comunitaria. (Escribe: Simeon Tegel)

 


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