Salud Bebés que sufren deformaciones craneales encuentran la cura en coloridos casquitos.
El Club de los Casquitos
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Giancarlo Peña y el pequeño Santino, de 8 meses. En tres meses dejará el casquito. |
A Fabiola Franco se le vino el mundo encima cuando un neurocirujano le dijo que a Fátima, su bebé de tres meses de nacida, tenían que fracturarle el cráneo y colocarle unas placas de titanio para corregir la malformación craneal que presentaba. Peor aún, le dijeron que iba a necesitar transfusión de sangre porque iba a sangrar profusamente en las dos cirugías que le proponían.
Fátima tenía la parte superior frontal de su cabeza hendida, como si una vincha le hiciera presión. El diagnóstico fue braquicefalia. Hubo quienes hasta le recomendaron dejarle un tupido cerquillo para solapar pero cuando le dijeron de las complicaciones médicas que podría sufrir a largo plazo (problemas de visión, de oído, y hasta de aprendizaje), decidió buscar una solución que no implicase algo tipo “Frankenstein”, como ella recuerda.