
Agridulce segunda corrida, opacada por la mansedumbre. Fandiño salvó la tarde.
Lo Bueno, lo Malo y lo Feo
 |
Con su primer toro, de pelaje color arena de Acho, Fandiño desplegó su capote junto a sus ganas de triunfar. |
Para que se den grandes faenas que constituyan una muy buena corrida se necesita, en primer lugar, la colaboración de los toros. Suponiendo que éstos sean codiciosos y embistan por derecho fijándose en las telas tenemos, inmediatamente después, la sapiencia y la calidad de los toreros. Torear bien es
parar (colocarse a la distancia debida del toro y embarcarlo en la muleta),
mandar (saber exactamente el torero lo que quiere hacer con el toro “mandándolo”),
templar (igualar la distancia entre la tela y el morrillo del toro a lo largo de todo el pase para que éste salga cadencioso),
cargar la suerte (ya que, una vez templado el toro, hay que ponerle el énfasis emotivo, estético y artístico de adelantar la pierna de salida volcándose con el pecho para dibujar el pase con un rapto de pasión y
esculpir la salida (dejando al toro en óptima situación para recogerlo en el pase siguiente, creando así la tanda de pases). Si se dan todas estas circunstancias estaremos viviendo la maravilla de este octavo arte, de este ballet de emergencia y de urgencia que es la fiesta de toros. Y, por supuesto, con el colofón de matar al toro de una sola estocada volcándose sobre el morrillo haciéndolo humillar con el trapo en la mano izquierda que es la que en realidad mata porque al humillar mucho el toro se le abren los huesos del cerviguillo que es por donde penetra la espada en óptima situación de muerte inmediata. Es ésta la estocada sin sangre que todos ansiamos.
Lamentablemente no se dieron todas estas circunstancias en esta segunda corrida de abono.