Opinión “PPK, ¿por qué no te callas? Ya perdiste la elección, es obvio que no volverás a postular…”.
¿Qué Pasó con Maxime y Jean Luc?
LIMA, 19 DE NOVIEMBRE DE 2011Escucho a PPK en su entrevista semanal en una radio de alcance nacional, al economista y financista hijo del polaco Maxime Kuczynski, médico de una pasmosa humanidad combinada con el espíritu exploracionista de fines del XIX. PPK es primo de Jean Luc Godard, director de La Chinoise, algo de lo mejor de lo mejor en la historia del cine. El hijo de Maxime y primo de Jean Luc está opinando sobre los conflictos mineros y con ese aire que tiene de Papa Noel haciendo la dieta del lagarto, dice que para él, el asunto es relativamente sencillo de encarar. Primero hay que determinar quiénes de los que están ahí metidos pertenecen a algún partido de la ultraizquierda (pero no precisa qué hacer con éstos) y luego, volver a las poblaciones, partícipes de las ganancias de las mineras. “¿Cómo?”, pregunta mi querido amigo don Raúl con su buen humor de viernes.
“Bueno, no es tan complicado, se entrega directamente el dinero a la gente sin que pase por los gobiernos regionales, de frente del MEF a las escuelas, a ciertas organizaciones y a las madres. Calculemos, unos cuatrocientos ó quinientos dólares al año por persona, las cuentas cuadran y todos contentos”. Sí tío, pensé, en el año 2004 volví a la zona de Timpía cuando se estaba construyendo el gasoducto, luego de media década de no haber estado por ahí. Las comunidades matziguenga antes vivían cerca del río, tenían su pequeña aldea, su escuela, los hombres cazaban y pescaban, las mujeres preparaban el masato y los hijos estudiaban ahí mismo. No creo que hayan sido las familias Ingalls en versión chuncho, pero mal no la pasaban, y sonreían y eran muy amistosos con los foráneos. Hasta que, al menos a una de esas comunidades que yo conocí, la concesionaria le comenzó a dar cinco mil dólares mensuales por servidumbre de paso. Es decir, de nunca haber visto un dólar, los nativos comenzaron a tener cinco mil cada mes, durante el tiempo que tomó la construcción del tubo.
Esa segunda vez lo que encontré fue que en medio de la aldea había, cual monumento, un equipo de música del tamaño de mi edificio, emitiendo las veinticuatro horas del día, las mismas horas que pasaban los hombres de la comunidad tomando aguardiente. Pegaban a las mujeres, se habían vuelto hostiles y desconfiados con el ajeno, no nos quisieron prestar la escuela (abandonada) para levantar nuestras carpas, en buena cuenta, nos echaron, porque sí. ¿O por qué no?
Me cuentan en Piura. Alguien que acaba de bajar de Ayabaca. En esa zona serrana, bellísima y llena de riqueza natural, cultural y humana, los programas sociales –sobre todo Juntos– para las mujeres han resultado siendo una maldición. Antes el gobierno les daba la plata a los jefes de hogar. Por supuesto que entre el local de Juntos y la botella de cañazo mediaban tres minutos. Se decidió entonces entregar a las esposas el dinero, sobre la idea de que según el diseño del programa, ellas son quienes deben reportar el uso del fondo. Me dice mi informante que mientras las señoras hacen la cola, los hombres merodean el local como los querubines esperando a que la Virgen María dé el último suspiro para llevársela al Paraíso en cuerpo y alma. Solo que en Ayabaca, para quitarles el dinero a las mujeres y si se encuentra oposición, golpe, patada, puñete, ahí en la mitad de la calle.
PPK, ¿por qué no te callas? Ya perdiste la elección, es obvio que por condición humana no podrás volver a postular. Si de todas maneras vas a hacer lobbies y cosas por lo bajo, bueno, que seas feliz, pero no disperses ideas estúpidas e irresponsables, porque por ahí algún funcionario del flamante Ministerio de la Inclusión te las piratea, les pone un nombre bonito y que a las señoras de Ayabaca y de Timpía los maridos las sigan masacrando, con tu venia de ilustre pariente de Maxime y Jean Luc.(Escribe: Rafo León)