Autos Cómo la innovación empresarial nipona llevó a fraguar la tecnología que hizo posible el Lexus LFA traído especialmente para la CADE.
Fierro Forjado
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Patrick Huggard- Caine, de Toyota, revelando joya de la familia antes de su traslado al Cusco. |
Nacía la Revolución Industrial y los trabajos manuales se reemplazaban por la industria. Por un lado, las bases sólidas industriales de Gran Bretaña; por el otro, el atraso de Japón, entre otras naciones de Europa y América del Norte. El gobierno japonés hacía un llamado a los jóvenes a concebir prometedores inventos que puedan impulsarlos hacia el ansiado desarrollo.
Kiichiro Toyoda (1894/1952) atendió al llamado. Hijo de carpintero y tejedora, veía a su madre tejer un telar todas las noches e ideaba posibles mejoras. Durante años, pasó de desarrollar un telar semiautomático, a uno automático y luego formar una pequeña empresa de telares. Fue la crisis de Japón la cual lo obligó a vender la patente del telar a una empresa británica, que le pagó un millón de yenes (12 mil dólares en la actualidad) y, acto seguido, su madre depositaba todo el dinero y esperanza en él para que cumpla su sueño: fabricar el primer auto japonés. Kiichiro fue hasta EE.UU. a aprender el proceso de producción en la mejor industria automotriz y lo demás es historia. En setiembre de 1933 nacía Toyota Motor Corporation.