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Opinión “La ignorancia del mal turista identifica turismo con bikini rojo, casino y trago con sombrilla china”.

Monseñor Cipriani, Relájese

LIMA, 28 DE NOVIEMBRE DE 2011

Los cálculos sobre flujos turísticos a un destino no se hacen sobre la temporada que se avecina, están proyectados en operaciones de compra que se realizan con varios meses e incluso un año de antelación. Estamos hablando del mercado turístico emisor del primer mundo, ese que marca sus vacaciones con exactitud en el calendario y que valora hasta el último segundo de su viaje, y por tanto, no le quiere adosar a este el menor riesgo. La paradoja peruana es que nos estamos convirtiendo en un destino muy cotizado, gracias a la marca país, a los múltiples esfuerzos (bien) desarrollados por el Viceministerio de Turismo y Promperú en la última década, así como a la constitución silvestre de productos que nadie imaginó, como esa Tacna que recibe un promedio de cuatro mil chilenos al día, que vienen a comer, al oculista, al dentista y las damas, a instalarse tetas y dejan un montón de plata.

Lo contradictorio del asunto está en que nos transformamos en una perita en dulce para unos viajeros… que debido a la crisis van a tener que cancelar esas reservas y compras que con tanta ilusión y anticipación hicieron, debido a la crisis global. Moraleja. Toda la preparación de un viaje, incluyendo su compra, es muy programada por el turista; sin embargo, el proceso se puede truncar por variables súbitas e imprevistas, como una caída económica muy fuerte, un terremoto, una asonada terrorista o una epidemia de cólera. Ningún país debería por eso cifrar su PBI en un sector tan volátil.

Tendría que producirse un milagro para que en 2012 se cumpliera las metas de turismo receptivo que se ha fijado el sector, y no porque la proyección haya sido mentirosa sino que la crisis está resultando peor de lo calculado hasta por los más pesimistas. A la par, la bonanza económica que vive el Perú hace que cada día aumenten las frecuencias de vuelos internos, se vendan más camionetas ruteras y las líneas de autobuses de pasajeros ya parezcan desfiles de hormigas yendo a trabajar. Todo ello, más la circulación de información en diarios, revistas y guías producidas localmente, nos habla de que nuestra prosperidad clasemediera está reclamando una estrategia para que el turismo interno reviente y permita que los peruanos descubramos lo que somos y tenemos, mientras que los servicios turísticos aguanten en algo el vacío que se les viene por la caída del turismo externo.

Para que reviente el viaje del peruano por el Perú, tiene que diseñarse una estrategia rapidísima de desarrollo de producto y de promoción allí donde las cosas ya están marchando (aparte de Puno, Cusco y Machu Picchu, que tienen sus propias no estrategias gracias a las cuales acabarán con la idea de sostenibilidad de destino). Me refiero al norte costero, a Ica y Arequipa, a las sierras piurana, lambayecana y liberteña, a Cajamarca, a Amazonas, a los alrededores de Lima, a Ancash y sus inagotables recursos, a San Martín, a los recorridos que ofrecen hoy –con todo y guía impresa– los tramos 1 por un lado, y 2 y 3 de la Interoceánica.

El problema es que desde la oferta nunca nadie se ha interesado por el viajero nacional, el que por otra parte suele ser muy mal turista porque no va más allá de lo convencional, solo viaja los fines de semana largos y fiestas, exige comodidades que no existen y en promedio su ignorancia lo lleva a identificar turismo con bikini rojo, casino y trago con sombrilla china. Un tercer obstáculo –de los graves– está en las propias poblaciones de lugares atractivos para los visitantes, hoy casi todos marcados por una confrontación social. Siempre he pensado que un conflicto minero no debe intentar ser suspendido en nombre del turismo, ni una presión social como la que pasa Puno de manera cíclica. Eso es frivolidad. Pero hay que tener en cuenta que esas expresiones de violencia son de los fenómenos que más hacen retroceder la viabilidad de un destino. Sugiero una primera estrategia: ya está visto que encima de todo, la mayoría de feriados va a coincidir en el 2012 con fines de semana. Bueno pues, que monseñor Cipriani, quien se llena la sacra boca apelando a la paz y al desarrollo, permita que la Inmaculada Concepción se arrime un día o dos, eso no va a causar que la Virgen vaya a pasar a engrosar las filas de los paridos con coito, a los que nos encanta viajar. (Rafo León)


 


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