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Exposiciones María Elena Ramírez, madre de Stephany Flores, expone cuadros que homenajean a la hija asesinada.

En el Nombre de la Hija

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La pintura la ha reencontrardo con su hija, pintándola tal como la imagina hubiera sido de adulta.

Todas las noches, durante 21 años, María Elena Ramírez de Flores peinaba la larga cabellera castaña de su hija Stephany mientras le cantaba “muñequita linda, de cabellos de oro, de dientes de perla y labios de rubí”. Pero la noche del 30 de mayo, aquella tradición cómplice entre madre e hija terminó de golpe. El holandés Joran Van Der Sloot asesinó a Stephany y dejó a María Elena con un hueco en el corazón.

Al dolor inicial, que fue según cuenta, como un disparo en el cerebro, le siguieron cinco meses en los que solo se levantaba de la cama para ir a la iglesia y pintar. “Yo no podía levantarme de la cama. Hasta hoy me preguntó: ¿qué pasó? Lo único que sé es que me quitaron a mi princesa, mi principessa, como le decía. Mi vida cambió totalmente. Todo perdió sentido para mí hasta ahorita que he logrado estar en contacto con ella gracias a la pintura”.


 


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