Alfredo Barnechea
El 2021, a Diez Años
Según Alfredo Barnechea el desafío para el bicentenario es transformar una economía de metales en una más diversificada y sofisticada. En cuanto a innovación, así como Brasil investiga el etanol, Perú debería hacerlo con el cobre.
Los editores de CARETAS me sugieren que escriba sobre el tema del 2021, y su relación con el tema de la innovación.
Es difícil resumir en pocas líneas un tema tan vasto. ¿Dónde estaremos entonces?
Si el Perú creciera constantemente a un 6%, tendríamos un PBI de alrededor de 300 mil millones. Es, aproximadamente, el tamaño que tiene hoy el PBI de Grecia (como el ejemplo no es el más edificante dada la crisis helénica, usemos más bien Dinamarca, que tiene un tamaño parecido).
Naturalmente no tendríamos su per cápita. Si la población creciera 1.3% al año, nuestra población habría crecido casi 14%. Eso pondría nuestro per cápita entre 9 y 10 mil dólares, el sitio que hoy tiene, digamos, México.
Esto, si asumimos que la “ventana de oportunidad” abierta por Asia, y básicamente por China, se mantiene una década más. Si, en cambio, China “desacelera” su crecimiento (y su poder de compra), y el Perú no crece a 6% sino, por ejemplo, a 3%, doblaríamos el tamaño del PBI no en una década sino, aproximadamente, en un cuarto de siglo.
En una ocasión, Samuel Huntington nos dijo en una clase que a los 6 mil dólares las democracias se volvían inmortales. Quería decir, sobre todo, que los países que tenían per cápita de 1,000 a 2,000 dólares tenían asimismo dictaduras, guerras civiles, cleptocracias. El Perú se está acercando por tanto a la edad económica en que las democracias se vuelven, si no inmortales, más longevas.
¿Qué tipo de país será el Perú?
Lo que ya es, en gran medida: un país urbano (con 4 de cada 5 peruanos viviendo entonces en un centro urbano). Probablemente, 2/3 de la población vivirán en no más de 8-10 ciudades, con cerca de la mitad en Lima y el resto principalmente en algunas ciudades de la costa (algunas ciudades del norte estarán cerca de los 2 millones: el número que hoy tienen Viena, Praga, Bruselas, Lyon, Dublín, Valencia…).
Este país será esencialmente costeño. Habrá culminado así el proceso de “larga duración” (acelerado a partir de los años cuarenta del siglo XX) en el que la población abandonó el “Hinterland” andino para volcarse sobre la costa. Basadre dijo alguna vez que ese proceso había sido la única verdadera revolución peruana.
Esto supondrá, supone ya, un cambio sísmico en la relación Costa/Andes, en torno a la cual se construyó desde siempre lo que puede llamarse la civilización peruana. Los Andes será un espacio más vacío, una “cornisa metálica” que producirá agua, oxígeno …y divisas mineras.
Esencialmente, el Perú tendrá que redefinir su matriz energética y, sobre todo, re-enderezar el desbalance fundamental de su organización: casi el 90% del agua se va al Atlántico, donde no está la gente, y más de ¾ partes de la gente vivirá donde no está el agua.
Inevitablemente, junto con ser un país urbano (y costero), habrá surgido una nueva identidad nacional, para la que las pasiones que enardecieron el debate ideológico de los siglos XIX y XX, por ejemplo el tema de la disyuntiva indigenismo/hispanismo, será pura arqueología. Una enorme mayoría de los nietos de los primeros migrantes andinos se llaman ahora John, o Gerson, o Mary, o combinaciones variables que, todas, destierran el pasado andino y quieren ser “modernas” y “cosmopolitas”.
En esta reorganización comprimida de la vida peruana, un tema fundamental será cerrar la gran asimetría entre el nivel de vida del sur andino y el resto del país. No debería olvidarse nunca que el área de aquel calza casi literalmente con las fronteras del Estado sudperuano de los orígenes de la república, cuando el Perú estuvo a un tris de partirse en dos países. En 1867, a propósito de la rebelión de Huancané, Manuel Pardo escribió páginas que podrían usarse para el sur andino moderno. Sin embargo, el sur andino encierra riquezas que podrían transformarlo en la región de mayor crecimiento peruano.
Respecto a la innovación, el gran desafío será cómo transformamos una economía de metales en una más diversificada y sofisticada. De hecho no estamos precisamente en ese camino. En conjunto, no lo está tampoco toda Sudamérica. Hace pocos años, el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo presentó un mapamundi con los círculos de la innovación. Los círculos más grandes estaban por supuesto en California (Silicon Valley) o Israel. Al sur del Ecuador casi no había círculos (salvo unos pequeños, en São Paulo y Australia).
¿Cómo cambiar esto?
Hace pocas semanas, en la última reunión anual del Foro Iberoamérica, Ricardo Lagos presidió un debate extraordinariamente interesante entre José Goldemberg, uno de los creadores del etanol, y Roberto Rodrigues, uno de los grandes agricultores del Brasil. Lagos cerró la mesa con una idea muy interesante: ¿por qué no investigan qué se puede hacer con el cobre? ¿Cómo ponernos en la punta de la industria eléctrica o de superconductores por ejemplo? Goldemberg dijo entonces: esa investigación no deberían hacerla en MIT sino, como nosotros en Brasil con el etanol, en Chile y Perú.
Quizá ese debate habría sido útil para la CADE que comienza. Porque tenemos que crear más valor agregado, y la innovación tiene que estar ligada al aparato productivo. Cuando esto ocurra, el crecimiento económico se habrá transformado en desarrollo. (Alfredo Barnechea)