Entrevistas La sociedad melómana de los hermanos Daniel y Carlos Moscol, sangre y música de la mano por la vida.
Una Locura Musical
 |
La madre de Daniel y Carlos Moscol cantaba en el grupo “Hermanas Dial”, mientras que su padre era parte del trío “Los Chingolos”. De raza le viene al galgo. |
Realmente insólito lo de los hermanos Moscol, Daniel (62) y Carlos (58). Si a estas entrevistas las califica CARETAS de insólitas el caso de los hermanos Moscol no puede orillarse, abandonarse, olvidarse y no sacarlo a la luz. Son un caso aparte en lo que a actuación musical se refiere, ya que viven para recrearse con la música, que es su pasión, y precisamente para disfrutar de ella a total cabalidad renuncian a ese profesionalismo que busca la popularidad y el éxito. ¿Y por qué hacen esto de no seguir el camino trillado de tantos artistas de renombre cuando ellos son estupendos en lo que hacen? Para no coartar sus posibilidades de disfrute y pasar por el martirio de la profesionalización dura y agreste: representantes, productores, contratos, giras, prensa mediática, ensayos indiscriminados, intervencionismo, ahora tocáis eso, ahora eso otro, etc., etc. A ellos les gusta cantar en libertad total y sin ataduras. Es la segunda vez que hago una entrevista a dos personas a un tiempo, lo cual tiene sus bemoles. Les es muy conocido el restaurante Costa Verde, donde ahora estamos para la entrevista, ya que han actuado muchas veces en él y se sienten como en casa. Vamos con ellos.–A ver Daniel, como el mayor de los dos, explíqueme cuál fue el ambiente familiar que tuvieron.
–Daniel: Nuestro padre, Raúl Moscol, era ingeniero civil y administrador de aguas. Se casó con Caridad Ledesma, barranquina, hija de médico y de clase media acomodada. Se conocieron en Radio Miraflores allá por los años 30. Mi madre cantaba con dos hermanas bajo el nombre “Hermanas Dial” y mi padre formaba parte del trío “Los Chingolos”. Lo destinaron a Piura y allí nacimos los dos. Más tarde destacaron a nuestro padre a San Pedro de Lloc en La Libertad, y luego a Pisco y a Cañete (infancia linda y campestre con los amigos), hasta que lo nombraron Director General de Aguas y nos vinimos todos a vivir a Lima a una casa de 900 metros con chofer, cocinera y dos empleadas más. Éramos de clase media acomodada. Cuando nació Carlos, para que no me sintiera destronado, nuestra madre Caridad me hizo responsable de él.