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Alfredo Barnechea Distribución de la renta natural, crisis económica mundial y el fantasma de Chile son parte de la respuesta. Detalla Alfredo Barnechea.

Por qué Necesitamos Cierta Coherencia en el Gobierno

En 1968, en un libro que se haría clásico, Political Order in Changing Societies, Samuel Huntington dijo que lo que distinguía los gobiernos no era el “tipo” de gobierno sino el “grado” de gobierno. Acaso detrás de los cambios en Perú esté, sin que se sepa, esa idea de Huntington.

Nacido de un sistema electoral de segunda vuelta, el gobierno recogía, hasta ahora, tanto los puntos de vista del programa de primera vuelta como los compromisos de la llamada “hoja de ruta” de la segunda vuelta. Como lo demostró Cajamarca, le faltaba coherencia.

Una mínima coherencia, un propósito unificado, parecen hoy más necesarios que en otras ocasiones, por varias razones.

La primera es porque tenemos que definir la distribución de la “renta natural”. De una solución racional a este problema depende que usemos eficientemente nuestros recursos naturales en esta “ventana de oportunidad” de que disponemos.

Esa solución se mueve en una banda con fronteras, tanto en un plano económico como uno político.

Económicamente, en todo el mundo se reconoce que los lugares donde están los recursos naturales deben recibir parte de sus beneficios, pero esos recursos pertenecen a toda la nación. ¿Cómo se reparte bien?

Políticamente, hay que escuchar las demandas locales pero al mismo tiempo los Estados tienen que garantizar un orden nacional. ¿Dónde terminan unas y comienza el otro? El Estado nacional no puede ser una suma de mini-Estados regionales.

Tenemos que crear un “Protocolo” seguro respecto al uso de los recursos naturales (desde los estándares ambientales, el uso del agua y el reparto de los beneficios) que sea previsible y estable, tanto para las comunidades locales como para la inversión privada.

Esta distribución de la renta natural está atada al sistema de descentralización. En 2002 comenzó un proceso de regionalización (en rigor, de “departamentalización”, manteniendo por tanto el sistema heredado de las “intendencias” borbónicas), necesario, pero tal vez poco planificado. A pocos días de las primeras elecciones no había siquiera ley de regionalización. Quizá haya llegado el momento de reorganizar ese sistema.

La segunda razón por la que necesitamos coherencia es porque nos enfrentamos a un horizonte económico por lo menos incierto.

Veamos primero la eurozona. Paul Krugman ha escrito que en Europa hay una divergencia entre los precios (inflados) del sur y los precios del norte y que, en consecuencia, o el norte aumenta sus precios vía inflación (a lo que el poder dominante, Alemania, se opone), o el sur va hacia una deflación, y por tanto desempleo y quiebra de los beneficios del Estado de Bienestar.

De pronto el número siguiente puede dar una idea de las magnitudes. Si la deuda italiana entra en verdadera crisis, estaremos hablando de 1.9 trillones de euros (o 2.5 trillones de dólares). Esto representa 25 veces la deuda argentina cuando entró en cesación de pagos, mientras que la proporción entre los productos brutos de ambos países es sin embargo sólo 6 veces.

Desde el estallido de la crisis, en 2008, se ha hablado mucho del “desenganche” entre las economías del mundo. ¿Pero se puede “desenganchar” el resto del mundo de 25 por ciento de la economía mundial, o más bien 50 por ciento si le agregamos la norteamericana a la europea?

Pero los problemas no están confinados a la eurozona.

La semana pasada salieron dos resultados inquietantes. Primero, en el trimestre que terminó el 30 de setiembre, el producto bruto de Brasil se contrajo. La tasa anualizada será de 2.1 por ciento, contra un crecimiento anterior de 7.5. Segundo, en noviembre se informó que la actividad manufacturera de China también cayó.

La tercera razón por la que necesitamos coherencia, e incluso consenso interno, tiene que ver con la región. El ministro de Defensa de Chile, Andrés Allamand, se ufanó del poder de sus Fuerzas Armadas, en vista de los diferendos que su país tiene con Bolivia y Perú. Veremos más de esto.

He hablado más arriba de la “ventana de oportunidad” que tenemos para nuestro crecimiento. ¿Cuánto durará? ¿Una década incluso? Aun asumiendo ese horizonte, ¿qué ocurriría si se pierde la mitad de una década, es decir el periodo de 2011 a 2016?

Es en función de estas consideraciones, entre otras, que tiene que verse el recambio en el gobierno, y ellas exigen desearle buena suerte al presidente Humala.(Por: Alfredo Barnechea)


 


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