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Fotografía

La Música del Silencio

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Genial. La foto es genial. Este abrazo palpitante de la niña con el gato es un shock, pero no de violencia o mendacidad moral producto de los tiempos que vivimos, sino de paz irrestricta, total, modélica y casi evanescente. ¿Existen shocks de paz? ¿Golpes, latigazos de paz? Sí existen, cuando la vida nos altera, cuando al abrir la ventana percibimos los latidos de la ciudad que se mueve llena de urgencias con el fragor de los mil y un sonidos que nos llegan al mismo tiempo: la sirena de un coche policía por aquí, la alarma de un carro activada por algún malandrín por allá, los bocinazos soliviantados por la impaciencia de una circulación caótica por acullá. Y todos sabemos y estamos suficientemente enterados por los medios de que la ciudad tiene la conciencia sucia de tanta rapiña, tanta extorsión y tantas agresiones y crímenes perpetrados a lo largo de una jornada de veinticuatro horas. Ese es el pan nuestro de cada día que va aunado al estrés del trabajo cotidiano. ¿Existen por tanto shocks de paz como el proporcionado por esta fotografía tomada por Daphne Zileri? Por supuesto que sí. Definitivamente. Todo aquello que aparece de golpe y como antinomia a nuestras costumbres cotidianas e inveteradas nos produce shock.

Ya está aquí la Navidad. Una vuelta completa al año. Vienen los villancicos. ¡Noche de paz, noche de amor! La gente, quiéralo o no, tiene que deliberadamente intentar pasarlo lo mejor posible, en familia, con los amigos, como Dios manda. De alguna forma uno busca estar a bien consigo mismo. Hay un reblandecimiento medular en el ambiente. Como en todo el mundo, ya que nos convertimos en seres más frágiles. Aumentan en las esquinas las sociedades anónimas de mendicantes. ¡Colabóreme por favor! Pura cuestión de moneditas. Se afilan los presupuestos familiares. El comercio a lo grande del Perú exulta de satisfacción vendiendo alegría puntual “a plazos largos y en cómodas cuotas mensuales”. El dogal de pagar la deuda vendrá después, “ya que ahora estamos en Navidad”. Los árboles de Navidad están cada vez más presentes en los hogares. En la foto que observamos hay mucho más silencio que ruido. El shock. El silencio de la inocencia que implica mucho más. Observen: la niña tiene los ojos cerrados en una especie de amor recogido y palpitante. Mira para adentro, no para afuera. Se evade. Se concentra. El minino la siente y ella siente al minino. Dos corazones que laten al unísono. ¿Se dan cuenta? ¿No es esta foto una extraordinaria misiva de Navidad carente de algazaras? ¿No es esto lo que muchas personas sensibles quisieran recibir?


 


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