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Opinión “La deflagración en Fanning es una de las consecuencias predecibles de la construcción desenfrenada en Miraflores”.

El Hombre Animal del Año

LIMA, 24 DE DICIEMBRE DE 2011

Si partimos de la premisa de que el hombre es un animal con capacidad de raciocinio, mi candidato a Hombre del Año califica al título. Animal es, qué duda cabe. Capacidad tiene, pero para pensar al revés de lo que dictan la inteligencia, el sentido común y la solidaridad. Y lo de raciocinio, veamos, supongo que a ratos, cuando luego de haberlo sacado a pastar al parque lo llevan a su casa, se tira en un mueble y razona, “qué rico es descansar después de haber comido”. Entonces, como mi candidato a Hombre del Año está en el estándar, me explayaré sobre él.

No recuerdo su nombre, por lo cual será el Hombre Anónimo del Año, pero sí estoy seguro que es funcionario del Indeci porque en su condición de tal declaró lo que declaró a raíz de la deflagración de gas que ocurrió hace unos días en la cuadra 3 de Juan Fanning, en el viejo Miraflores, a una cuadra y media del edificio donde vivo. Recordará el lector que a las 2:30 de la madrugada del 18 pasado, una brutal explosión nos hizo a los miraflorinos saltar de la cama. Algunos revivimos el fantasma de Tarata (lo que significa que en nuestro inconsciente está la posibilidad de que el terrorismo actúe en cualquier momento, igualito que hace veinte años); otros, los más cercanos al incidente, apenas tuvieron cabeza para juntar a sus familiares y ponerse a buen recaudo puesto que las esquirlas los podían matar, o los vidrios que caían estrepitosamente, o los muros que se desplomaban, o las piezas metálicas de los autos al salir a toda velocidad hasta que otro objeto las detuviera, un cuerpo, un niño, un anciano, otra ventana.

Como ya todos sabemos, la causa del siniestro fue una deflagración –no una explosión de balón–, producida por una fuga de gas dentro de un ambiente cerrado, en el que los inquilinos de la casa que voló, y que se usaba como depósito clandestino del hotel El Ducado, guardaban sus trastos de limpieza, entre ellos líquidos inflamables de la más alta peligrosidad, absolutamente prohibidos de conservar en un sector residencial y por supuesto, menos aún sin una licencia municipal.

Pues bien, mi candidato a Hombre Anónimo del Año declaró a los medios que los vecinos del hotel y de su depósito trucho deberían ser más responsables con el mantenimiento de sus viviendas, pues estas son antiguas, de adobe, de quincha y eso las expone a peligros como el que le pudo costar la vida a un montón de gente de mi barrio. Claro, Imbécil del Año, los dueños del hotel hacen su bestialidad y son los vecinos los que tienen la culpa por vivir en casas de barro y caña, casas que han aguantado en algunos casos cien años, mientras no hubo un patán que decidiera zamparles un hotelucho huachafo y matadero y trafear con un depósito que convirtieron luego en un barril de pólvora.

Hay que destacar la reacción del alcalde Muñoz Welles, quien desde el comienzo se puso del lado de los damnificados y estoy convencido que no va a ceder a la presión de los dueños del hotel para que esta barbaridad pase por aguas. Pero hay también que decir que este incidente, gravísimo a mi modo de ver, es una de las tantas consecuencias predecibles de la construcción desenfrenada en Miraflores, surgida con el boom inmobiliario peruano y a la que los alcaldes Manuel Masías y Fernando Andrade contribuyeron ahítos de felicidad vendiendo licencias para construcción como quien volantea para un centro de masajes. Es decir, los alcaldes coludidos con los constructores, permiten que callecitas muy angostas donde domina la respetable construcción tradicional, se llenen hasta las cachas de edificios de departamentos, hoteles y torres de oficinas. Y cuando por efecto de esa realidad que va contra la ley y contra la sensatez se produce una tragedia, son los vecinos los culpables por vivir como se debe vivir en el distrito de Miraflores. Hombre Anónimo del Año, por mi parte, ojalá haya otra deflagración pero esta vez dentro de tu casa y contigo adentro borracho celebrando el Año Nuevo. (Escribe: Rafo León)


 


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