Opinión A propósito de los 350 mil peruanos que firmaron a favor de la inscripción como partido político del Movadef, Rafo León se pregunta: ¿Qué tenemos en la cabeza?
Son Más de 350 Mil
LIMA, 21 DE ENERO DE 2012
Es perfectamente posible que entre los 350 mil ciudadanos que firmaron a favor de la inscripción del Movadef, haya quienes se sientan engañados porque dicen haber suscrito una propuesta en contra del sistema actual pero jamás a favor de Sendero Luminoso. A ver, sendero más sendero menos, igual hay 350 mil personas que oficialmente, con coordenadas, DNI y rúbrica, están dispuestas a adoptar una alternativa separada del modelo democrático que vive el Perú en estos momentos. Yo no sé cuál sea la proyección estadística entre los firmantes y los adherentes que no llenaron el padrón, pero quizás la suma resultante nos podría sorprender por nutrida.
El tema Movadef ha tenido la virtud y el defecto de poner nuevamente en primer plano el asunto del terrorismo y sus repercusiones hasta el día de hoy. La virtud porque se está volviendo a escuchar comentarios, a ver reportajes y a publicar fotos de momentos que jamás debimos haber vivido; opinan nuevas voces con miradas distintas a las de los adultos mayores, nos planteamos las cosas con palabras inéditas entre los signos de interrogación. El defecto, porque por ejemplo hace unos días en una sintonizada radioemisora se entrevistó a un parlamentario del PPC que no hizo sino repetir noventa veces que no había que olvidarse de Tarata. Tanto que el normalmente sereno entrevistador mañanero le tuvo que decir, “congresista, Tarata fueron los últimos cinco minutos de Sendero, ¿qué con Lucanamarca, con Acosvinchos, con…?”. El defecto es que pareció cambiar todo para que realmente no cambiara nada.
Estamos ante una oportunidad muy atractiva para recordar, procesar, entender y por tanto, no repetir. Pero eso, igualito que en la experiencia psicoanalítica, demanda recordar, procesar, entender. Lamentablemente un sector de la opinión pública, del periodismo, de la mamarrachenta y tóxica clase política, está aprovechando de esto para botar al bebé con el agua sucia. Al negarse la inscripción del Movadef como partido político, los brutos achorados piensan que se ha dado un primer paso para luego liquidar la confianza en la Comisión de la Verdad y después el de cualquier intento diseñado para seguir hurgando con transparencia y con honestidad en lo que nos pasó y que de algún modo nos sigue pasando desde hace más de cuarenta años.
Pero volvamos a las 350 mil firmas, un monto que una buena cantidad de iniciativas políticas democráticas nunca pudieron conseguir para inscribirse como partidos. ¿Quiénes son? ¿Adónde están? ¿Qué piensan realmente? Y por la misma ruta de preguntas, ¿quiénes somos los que estamos en contra del Movadef? ¿Adónde estamos? ¿Qué tenemos en la cabeza de verdad? ¿Somos todos iguales o hay mil y un matices en esta alianza para el rechazo al suicidio social que significaría aceptar la legalidad de semejante movimiento? Personalmente yo no tengo nada que ver con gente a la que escucho decir que esta es la oportunidad para meter presos a “todos los comunistas que se subieron al carro de Ollanta”, o que encuentra la camita para descalificar una vez más el informe de la Comisión de la Verdad... Quienes no ven más allá del tristísimo Tarata, quienes son incapaces de distinguir un oficial militar honesto de un psicópata sistémico, quienes solo se dejan llevar por el odio y el deseo de venganza, quienes buscan la ocasión para hacer sus bisnes con los militares escindiéndolos del todo, están mucho más cerca del Movadef de lo que jamás imaginarían. (Rafo León)