Bicentenario
Zela y Castelli: La Primera Rebelión Criolla
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Insurrección de Zela fue “la primera rebelión criolla de alcance regional en el país”, declaró Hampe cuando se celebró el bicentenario del grito en 2011. |
En este artículo vamos a tratar preferentemente la relación de Francisco Antonio de Zela con Juan José Castelli (1764-1812), uno de los líderes más connotados de la Revolución de Mayo en Buenos Aires.
Es sabido que los grandes preceptos de igualdad, libertad, fraternidad se extendieron en la época independentista a lo largo y ancho de toda América. Uno de los hombres que más se destacó en el ámbito de estas ideas revolucionarias fue precisamente Castelli, conocido como el “Adalid de Mayo” o el “orador de la revolución”. Su vida política no fue muy extensa, dado que murió a temprana edad. Pero sus ideas trascendieron las fronteras de su patria, llegando a difundirse hasta Paraguay, Chile, el Alto Perú, Perú y Ecuador.
Al igual que otros próceres de la época, Castelli consideraba que América debía configurarse como una gran familia, una reunión de países que sustentara las bases de una confederación. Buscaba una transformación completa en lo político, lo económico y lo social. Según ha destacado un valioso trabajo de la historiadora Cristina Mazzeo, sus ideas corresponden a la vanguardia del movimiento revolucionario en América del Sur.
Dicho personaje se nutrió de nuevos conceptos durante su formación como abogado en la Universidad de Chuquisaca. Esto le permitió dar a sus ideas el sustento jurídico en que basó su concepto de soberanía popular. En sus primeras proclamas se evidencia la defensa de la monarquía, pero luego, al ser criticado por la facción más conservadora de la revolución, se volcó hacia la independencia. En la declaración de Tiahuanaco (25 de mayo de 1811) reconoció a los indios como ciudadanos iguales ante la ley, con la capacidad de elegir a sus propios representantes.
Luego de los sucesos del 25 de mayo de 1810 y erigida ya la “junta grande” en Buenos Aires, Castelli fue designado representante de la misma con plenas facultades. Entre sus instrucciones se encontraba la de obtener la mayor cantidad de adhesiones en todos los pueblos del interior, darles confianza en el nuevo gobierno, fiscalizar el reclutamiento de nuevos soldados, imponer contribuciones y, en caso extremo, aplicar la pena de muerte. Su deseo era lograr en Lima la instalación de un gobierno provisorio y fomentar en los distritos del Perú, Chile, Santa Fe y Buenos Aires el debate sobre la organización de unas cortes generales americanas. Esa fue la razón por la que eligió Tiahuanaco, sede de varias culturas, como el sitio para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo. En aquel espacio, cuya fuerza ritual recordaba haber sido el primer imperio americano, proclamó la anulación de los derechos de los soberanos españoles sobre América, rindió homenaje a la memoria de los incas e incitó a vengar a nuestros antepasados.
Castelli recibió la contradictoria orden de no presentar combate con su ejército auxiliar sin tener la seguridad del éxito. En estas circunstancias, el 20 de junio de 1811 las fuerzas del general José Manuel de Goyeneche avanzaron sobre las tropas revolucionarias en Guaqui, infligiéndoles una rotunda derrota, la cual dio virtualmente por perdido el Alto Perú. Al poco tiempo de este encuentro cayó Potosí y más tarde Cochabamba. De esta manera todo el Alto Perú quedó en poder de las huestes comandadas por Goyeneche, a quien Castelli definía como “poseedor de un corazón formado en la intriga y habituado al crimen”.
Si bien el ejército auxiliar de la junta de Buenos Aires fue vencido en Guaqui, las proclamas de Castelli corrieron como reguero de pólvora y dieron lugar a varias sublevaciones en el Perú. Estos fueron intentos por desestabilizar el gobierno virreinal, aunque con escasas posibilidades de éxito. No cabe duda de que los hechos ocurridos en San Pedro de Tacna entre el 20 y 23 de junio de 1811, es decir, la conspiración de Francisco Antonio de Zela, estuvieron influenciados por la ideas de Castelli.
Debido a la posición estratégica de Arica y Tacna para cortar el suministro a las tropas españolas acantonadas en el Alto Perú, resultaba de vital importancia que las poblaciones de estas comarcas se sublevaran. Evidencias documentales han comprobado que existió un canal de comunicación entre Castelli y Zela, y las condiciones estaban dadas para una rebelión en Tacna. Pero ésta estalló el mismo día en que el ejército patriota fue derrotado en Guaqui. Es un hecho que el descalabro de las tropas rioplatenses debilitó el ritmo de la rebelión tacneña, porque se contaba con dicho ejército para sostener el movimiento.
El 20 de junio un grupo de personas capitaneado por José Rosa Ara, hijo del cacique indígena de Tacna, logró tomar el cuartel de caballería y apoderarse de las armas, y luego hizo lo propio con el cuartel de infantería. A continuación el vecindario, despertado por el rumor de los hechos, comenzó a reunirse en las inmediaciones del cuartel dando vivas al rey, a la junta de Buenos Aires, a Castelli y a Zela. Esa misma noche se organizó una reunión en la casa de Zela, donde éste dio lectura a las últimas comunicaciones de Castelli, informó sobre los avances del ejército bonaerense y señaló que otras ciudades como Arequipa, Moquegua y Tarapacá también estaban dispuestas a sublevarse.
El segundo día de la rebelión, sin enterarse aún del desastre de Guaqui, Zela se proclamó Comandante Militar de la Unión Americana y mandó publicar un bando donde anunciaba la inminente llegada de las tropas rioplatenses, prometiendo a sus conciudadanos que “la mansedumbre de mi corazón y la generosidad de nuestros restauradores, cuya personería ejerce el doctor don Juan José Castelli, darán a conocer el beneficio que os espera”. Luego llegaron refuerzos enviados por los jefes indígenas de Tarata, Sama, Locumba e Ilabaya; pero no llegaron las esperadas fuerzas de Arequipa ni de Tarapacá.
Como se sabe, el 23 de junio Zela fue víctima de un repentino ataque cerebral y debió ceder la conducción del movimiento a Rafael Gabino de Barrios. Esto coincidió con la llegada de las noticias sobre la derrota del ejército bonaerense en Guaqui, por lo que ya no se podía contar con los refuerzos indispensables para mantener la rebelión. Así, a pesar del entusiasmo y la buena disposición de los participantes, la insurrección quedó abortada.
Cuando finalmente llegó a Tacna el ejército realista, no hubo batalla alguna. Goyeneche rodeó la casa de Zela, y este prefirió aceptar su detención buscando que con su castigo no se vieran afectados los patriotas que lo habían secundado.
San Pedro de Tacna era en realidad un próspero pero humilde pueblo, con unos siete mil habitantes, mayormente indios, en cuya estructura social estaba a la cabeza la familia de los caciques Ara. Se sabe por referencias documentales de la riqueza que poseían estos jefes indígenas, que accedían a libros importados de Europa y uno de cuyos miembros, el ya mencionado José Rosa, participó decisivamente en el movimiento de Zela. Lo cierto es que esta insurrección no pasó de ser un grito de libertad y no aspiró a constituir una junta de gobierno porque Tacna, la posterior “ciudad heroica”, no poseía el mismo rango de sede de audiencia o cabeza de intendencia que otras poblaciones hispanoamericanas. (Escribe: Teodoro Hampe Martínez)