Historia
Recordando el Espanto
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Junio, 1989. La explosión de una carga de dinamita en el jirón Junín sorprendió al Regimiento Escolta Presidencial. Cinco soldados fallecieron. Otros catorce fueron heridos. |
Oportuna relectura de La verdad sobre el espanto, registro fotográfico de los años del terrorismo de próxima reedición. Arriba, camarada "Freddy" decidió en agosto de 1981 colaborar con la policía y darle una entrevista a CARETAS.
Recordar, dicen, es volver a vivir. Pero en momentos como éste, la frase invita a una paráfrasis. Con respecto a Sendero Luminoso y a los años de violencia a los que sobrevivió el país, cabría decir que solo recordar nos ayudará a no volver a vivir aquella vesania. Mientras Movadef –el brazo político de los remanentes de Sendero Luminoso– intenta abrir todas las puertas de las cárceles para liberar a sus líderes, la sociedad civil debe defenderse con su mayor arma: su propia experiencia. Es con ese propósito –y en respuesta a los numerosos pedidos de nuestra lectoría (ver Cartas)– que CARETAS prepara la reedición de La verdad sobre el espanto, el dossier fotográfico de nuestra época más oscura. En las siguientes páginas, un breve y educativo descenso a los abismos de la memoria.
La verdad sobre el espanto. El Perú en los tiempos del terror (2003) contiene un tan escalofriante como imprescindible dossier fotográfico sobre aquella época que jamás debemos olvidar.
Los asesinatos rituales de Sendero Luminoso eran cosa de todos los días en las afueras de Ayacucho. El equipo fotográfico de CARETAS –gracias a nombres como Óscar Medrano, Víctor Ch. Vargas, Carlos Saavedra, Javier Zapata, Gilmar Pérez y Ruth Enciso– fue testigo de excepción de aquellos años de incertidumbre, tanto en Lima como en el resto del país.
La explosión en la calle Tarata dejó al menos 183 familias con viviendas destruidas y más de 400 establecimientos dañados.
Hacia 1991, unos 1,715 policías y militares habían sufrido serias lesiones en combate.
El Ejército se logró ganar, finalmente, la confianza de los pobladores de la selva de Ayacucho. Gracias al trabajo del GEIN y los comités de autodefensa el terror llegó a su fin.