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Entrevistas :::: Y encima, liberal confeso. El pensamiento Aldo Mariátegui en sus propias palabras.

El Guardia Republicano

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A la policía se la respeta. Mariátegui usando el sombrero Bobby de policía inglés. Su colección asciende a una docena. La mayoría son cascos de guerra. También colecciona banderas y libros.

Enséñele a un hombre a pescar y no morirá de hambre. Enséñele a Aldo Mariátegui a escribir y cúbrase. Porque Aldo, desde su columna como director del tabloide Correo, más que francotirador es metralleta. Dispara, pero también es blanco feliz del ataque de izquierdistas, congresistas, alpinchistas, y uno que otro derechista. Es la bandeja de entrada de emilios rabiosos, como el del bisnieto de Grau, encolerizado porque osó calificar de estupidez el que el héroe haya rescatado chilenos. O el del patriota ofuscado con su irrespeto ante Alfonso Ugarte. “No se tiró del morro”, dice Aldo. “Está en Basadre”. A veces le devuelven el arroz con fuerza. Otras lo ignoran. Suele veranear en el club Waikiki (ver Caretas 1815), aunque el fin de semana pasado se le vio dormitando en Punta Hermosa. Ah, también es nieto del amauta José Carlos Mariátegui, quien en palabras del mismo Basadre fue siempre “reacio a discutir”, y sobre quien Martín Adán lanzó un categórico “nunca le escuché hablar mal de nadie”.

–Tu tío Sandro evitó que tu abuelo conozca la U.R.S.S.
–En Roma embarazó a mi abuela y viajar así era imposible. Su opción ideológica habría cambiado si hubiese visto la realidad rusa. Sucedió con H.G. Wells, que era pro soviético y regresó espantado.


 


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