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Internacional :::: Cómo medir el drive del rutilante candidato Demócrata.

La Ensaladera de Obama

Barack Obama ha tocado una fibra sensible particularmente entre los jóvenes, en las primarias más animadas en años.

LA política de masas no se estila en Norteamérica. Rara vez, aun en los últimos días de una elección presidencial, llama un candidato a una concentración callejera para reunir a miles, como en América Latina. Pero con la candidatura de Barack Obama se percibe algo nuevo —indicios de una transformación política y de un fervor que no se ha visto en Estados Unidos desde los años 60.

Esto era muy palpable cuando en el corazón de Washington –la ciudad símbolo del “cinismo político” para el resto del país– miles de personas, en su mayoría jóvenes, formaron cola desde las 5 de la mañana para presenciar el momento en que el septuagenario senador Ted Kennedy pasaría a Obama la antorcha y el legado de su legendario hermano y presidente asesinado John F. Kennedy.

Acercándome una hora antes de empezar el mitin en el estadio de básquetbol de American University, tuve que caminar casi un kilómetro para encontrar el final de la cola. Menos de la mitad pudo entrar en el estadio.

Hillary Clinton, la principal contendora de Obama en el Partido Demócrata, es también senadora y oriunda de Illinois. Con su carismático marido al lado, el expresidente Bill Clinton, acaparaba hasta hace poco el endoso de las figuras e instituciones más importantes del ‘establishment’ del partido. Hillary era pintada como la candidata “inevitable” para lograr la reconquista de la Casa Blanca después del desastre de George Bush.

Ahora de lo inevitable ya no queda nada y la ‘carrera de caballos’ entre dos políticos bien equiparados puede ser fascinante. Pero eso no es lo más importante para los Estados Unidos ni para un mundo tan intensamente afectado por las alternativas políticas que se desgranan allí

Lo que está en juego –y lo señaló Ted Kennedy– es la posibilidad de poner fin a la “demonización” polarizante que ha envenenado la política estadounidense durante las últimas décadas y cuya continuación representarían los Clinton.

Ted designó a Obama como el heredero de la unidad nacional que inspiró y lideró John Kennedy; todavía es una figura mítica en Estados Unidos y también en América Latina.

Obama va a ser “un presidente como mi padre”, afirmó Caroline Kennedy en una impactante columna en el New Yorker. Jamás la familia Kennedy había asociado a otro político al legado de John Kennedy y de su hermano Robert, también asesinado en los años 60.

Y es que hay indicios que algo poco usual está ocurriendo, y la transformación es a la vez comparable con la que engendró Ronald Reagan en los 80, cuando produjo un trasvase hacia el Partido Republicano de muchos demócratas de clase media y baja.

Barack Obama, que no se presenta como un “candidato negro”, está generando el mismo fenómeno, solo que al revés.

Estados Unidos es un país de baja participación política, pero este año parece ser radicalmente distinto. Aun antes del ‘Super Tuesday’, el ‘turnout’ de votantes había aumentado enormemente: se duplicó en las primarias y ‘caucas’ partidarias de Iowa y South Carolina (en ambos ganando Obama) y se ¡multiplicó por 13 en Nevada! Y aun en South Carolina, territorio firmemente republicano donde ningún demócrata había ganado en elecciones presidenciales desde 1976, la participación demócrata fue 20% mayor que la republicana.

La indiferencia política de los jóvenes es quizás lo que más se ha reducido. Según la revista Time, el número de menores de 30 años “interesado” en la campaña presidencial ha subido de 13% en el 2000 a 74% hoy.

Todo esto no significa que Obama va a terminar ganando, pero ha comenzado un movimiento que se está transformando en un nuevo y poderoso factor en la política norteamericana. (Escribe: John Dinges, CIPER* (Extractos editados por CARETAS)
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* Dinges es co-director del Centro de Investigación Periodística (CIPER) y profesor de Columbia University. En el 2004 publicó ‘Operación Cóndor’, el documentado libro sobre el acuerdo entre varias dictaduras sudamericanas para intercambiar subversivos secuestrados.


 


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