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Edición 1873

12/May/2005
 
 
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Mabela Martínez ha reído con Pedro Aznar y soñado con Caetano Veloso. Y su pasión, qué duda cabe, es la música.

Mabela Martínez: Arena y Son

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Sus elementos son el agua, la nieve y la arena. Todos espacios donde encuentra sonidos de paz.

Mabela Martínez es una “melómana enfermiza” desde que cumplió veinte años y comenzó a comprar casetes con su propio dinero y a grabar secuencias de canciones para sus amigos. Desde entonces muchas cosas han cambiado, pero su pasión por la música nunca se fue. Y si se cuentan los siete años que pasó en Canadá trabajando como reportera para una estación de radio, las cabinas de transmisión han sido parte de su hábitat durante 25 años consecutivos. Y de ellos, dieciocho han estado dedicados a sus programas de jazz o, más recientemente, a Sonidos del Mundo.

Todo comenzó en 1981 con Súper Jazz, a través de Radio Súper FM, donde junto a Tito Barreto difundía el jazz, que en ese momento era “lo más difícil de escuchar”. Su experiencia trabajando en información de sistemas, introduciendo a sus clientes al uso de una PC, la preparó para enfrentar el rechazo y las dudas, infaltables cuando se trata de vender algo distinto. Su trabajo como azafata le permitió comprar discos en carritos de supermercado y ampliar su colección –hoy ordenada por países–. Y su amor por la música la llevó a tener ese estilo natural e inteligente que siempre la ha caracterizado. Después, en 1995, llegó Sonidos del Mundo –“el nombre era para que no me limiten géneros”–, programa musical que hoy tiene una versión en televisión y otra en radio.

–¿Cuáles son los mejores recuerdos de tu etapa inicial?
–Haber conocido directamente a músicos cuando trabajaba en el Festival Internacional de Jazz en Canadá, donde fui voluntaria durante los siete años que viví ahí. Al comienzo, como era nueva, trabajaba en los conciertos gratuitos. Después, poco a poco y no sé cómo, terminé trabajando en los mejores conciertos y cerca de los músicos, que es lo que quería. Así conocí a Dizzy Gillespie y a Pat Metheny. A veces los llevaba a comer porque no sabían adónde ir, y terminaba con Lyle Mays, el pianista de Pat Metheny, en un restaurante donde todo el mundo le pedía autógrafos. Podía conocer sus personalidades, lo que fue muy interesante. Porque una cosa es el músico en el disco y otra el músico en el camarín y detrás del escenario. Ahí conoces sus frustraciones, locuras, vicios y caprichos. Milton Nascimento, por ejemplo, pedía una licuadora con agua y kión. Y antes de salir al concierto se tomaba esta agua para limpiar su voz. Cada uno tenía sus cosas.

–¿A qué músicos te ha fascinado conocer?
–A Pedro Aznar, sobre todas las cosas. Me encantó. Una persona maravillosa, un músico de primera, sencillo, humilde como pocos. Muchos músicos son divos, y lo hueles al segundo. También me encantó conocer a Abdullah Ibrahim, que es un pianista espectacular. Y he conocido a músicos cubanos maravillosos en los festivales, como Tata Güines o Changuito.

–¿Alguna anécdota?
–Tenía un día en Buenos Aires para entrevistar a Pedro Aznar, iba a escribir un artículo para una revista peruana. En ese momento ya tenía mi programa de radio, Sonidos del Mundo. Entonces estábamos Pedro Aznar, el fotógrafo y yo en una especie de azotea en un tercer o cuarto piso. Era pleno verano, hacía un clima riquísimo y Pedro y yo nos sentamos en el suelo a conversar. Puse mi grabadora y hablamos durante dos horas, como si fuésemos grandes amigos. Mi vuelo salía a las seis de la mañana, yo no me estaba quedando en ningún hotel y tenía que pasar toda la noche en el aeropuerto o no sé dónde. Le conté eso a Pedro y me dijo, ‘vamos a comer’, y nos fuimos a comer sushi a las 12 de la noche. Caminamos, después fuimos a su departamento y él se sentó en el piano. Grabé dos temas que el tocó: “Blue Eyes”, de Elton John, y un tema propio. Me enseñó su estudio, y después llegó el taxi y me fui al aeropuerto. Me quedé con el recuerdo de una amistad muy bonita. Después él ha venido a Lima, lo propuse para un festival hace mucho tiempo en el Teatro Segura. Conoció la música peruana, y ha producido un disco de Eva Ayllón. Se ha convertido en un amigo del Perú y también de Sonidos del Mundo. Me encantó que me trate como todo periodista quiere siempre ser tratado, con el respeto que se merece. Porque es un reto entrevistar a un músico, sobre todo a los divos o a las divas. Pero entrevistar a alguien como Pedro Aznar o Luis Salinas es tan fácil, porque son transparentes, auténticos, no tienen poses y no son arrogantes. Cuando estás entrevistando a alguien más distante, que está un poco harto o harta de la prensa, te encuentras con un muro difícil de romper.

–¿Qué muro te enorgulleces de haber tumbado?
–Bueno, no sé si logré tumbarlo o no. Pero entrevistar a Caetano Veloso fue muy difícil. Es un tipo muy callado, muy tímido. O por lo menos me pareció tímido. Y se veía frío. Yo estaba en su departamento de Río de Janeiro, y para mi era muy difícil lograr encontrar una química con alguien que conoces de pronto y con quien solamente tienes una hora para hablar. Traté de entrar por el lado onírico, él venía de una siesta. Y en un momento estábamos conversando y sentí que los ojos le brillaron un poquito. Nunca supe realmente qué significó eso. Pero sus ojos brillaron como signo de que algo había ocurrido emocionalmente en su interior, y habían sido cuerdas movidas por la conversación que estábamos teniendo. Después el resto siguió por el típico camino, pero tú nunca sabías si él estaba feliz o cansado. Era siempre la misma cara. Y como venía de una experiencia tan linda con Pedro Aznar, quería lo mismo. Pero no siempre vamos a tener la entrevista ideal. Por otro lado, entrevistar a David Byrne fue muy interesante. Era mi primera entrevista para televisión con un personaje internacional. Y considero que investigar y meterme en su mundo y el de Susana Baca me ayudó mucho a poder tener una conversación inteligente. La música siempre destapa una serie de cajas de Pandora, y los músicos y los melómanos pertenecemos a la misma familia. Los melómanos somos músicos frustrados, en potencia. Entonces entre músicos podemos hablar.

–¿Y por qué no se te ve dando conciertos, tocando algún instrumento?
–No creo que me vayan a ver. De repente si algún día los invito a mi casa después de haber tomado un poco más de clases de piano, de cajón o de canto, puedo hacerlo. Pero no tengo un afán protagonista con respecto a la música. Para mi ella pertenece a los músicos, y yo soy la que la llevo a los oídos y a los ojos de todos. Y creo que ellos aprecian ese trabajo. A mi me encanta escuchar, no escucharme.

–Te sientes cómoda siendo el puente entre músicos y oyentes.
–Sí. Sé cuáles son mis limitaciones. Sé que tengo 44 años y no voy a poder tocar el piano ni cantar a tocar el cajón como lo hacen los músicos. Puedo hacer la ‘finta’ de acompañarlos, pero nunca yo sola, siempre en un grupo. Y me divierto mucho. He tenido la oportunidad de estar en un estudio de grabación rodeada de músicos e instrumentos, mientras haya un segundo para tocar el piano o el cajón yo estaré sentada tocándolo. Siempre. O pidiéndole un consejo a un músico, que me enseñe un toque o que me de un datito. Yo voy recogiendo, recogiendo. Para mi los instrumentos son como una mascota, que siempre tienes que agarrar y acariciar. Pero de ahí a tocar para afuera, eso es otra cosa.



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Los Cinco de Mabela

Jazz, bossanova
y otros favoritos.

Con mucho esfuerzo, Mabela Martínez logró seleccionar a los cinco discos indispensables para ella. Tómese en cuenta que el orden de los factores, en este caso, no altera el producto. Los ganadores:

- Getz / Gilberto. Stan Getz y João Gilberto. Featuring Antonio Carlos Jobim.
- Finest Contemporary Latin Music. United Artists of Messidor. Con Astor Piazzola, Paquito D’Rivera, Irakere, Mario Bauzá, Seis del Solar, Gonzalo Rubalcaba, Arturo Sandoval, Paulo Moura, Giovanni Hidalgo, Jesús ‘Chucho’ Valdés, Jaime Torres y Agustín Carbonell ‘Bola’.
- Summit. (Reunión Cumbre.) Astor Piazzola y Gerry Mulligan.
- Francis Albert Sinatra y Antonio Carlos Jobim. Arreglado y conducido por Claus Ogermann.
- Santana’s Greatest Hits.

_____
Hoy Mabela Martínez tiene una hija de cinco años, Sandra, a quien transmite su gusto por la música “sin forzarla”. Y resulta que a ella, como a su mamá, no le gustan los ritmos agresivos o bullangueros. “Pero yo nunca le he dicho que no escuche una cosa o la otra.” Mientras tanto, Mabela ha avanzado con el tiempo y hoy compra su música vía Internet y graba las secuencias musicales –“bandas sonoras únicas para los momentos especiales”– en su I-Pod, que lleva consigo a todas partes y le sirve de despertador con música de yoga primero y “Blackbird”, de The Beatles, después. No siente que ha cambiado desde que empezó a salir en televisión, dice que “lo que más te cambia es cómo la gente te ve”, y sabe que hay que acostumbrarse a ser reconocida en el supermercado. Pero al menos así puede enterarse en vivo y en directo de la aceptación que tienen sus programas, y de lo inevitable que le es ser reconocida en casi cualquier lugar. Y eso sorprende, ya que se supone que los peruanos solo disfrutan de la televisión basura y por eso hace años que se extrañan los cambios en la pantalla chica. Esta popular melómana demuestra que no es así, que un programa como el suyo puede tener seguidores y que el peruano, en sus palabras, “tiene buen gusto musical desde hace muchísimo tiempo.” Ella es el ejemplo perfecto. (Escribe Romina Massa / Fotos Víctor Ch. Vargas)


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