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Edición 1879

23/Jun/2005
 
 
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Del trabajo de campo a las alfombras rojas, y de ahí a un set de televisión. Una vez más, Verónica Ayllón se reinventa.

Verónica Ayllón: Visión de Película

3 imágenes disponibles FOTOS 

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La conductora de televisión se ha despedido de las superestrellas. Hoy el turno es para la discusión.

Verónica Ayllón volvió a la pantalla chica con una propuesta que la aleja de Hollywood y le permite explorar otras facetas de sí misma. Se siente contenta con el nuevo proyecto, y asegura que agradece la competencia porque, desde su punto de vista, falta conversación en la televisión peruana. Como mujer no le teme al riesgo, ni a sus propios miedos. Y desde esa perspectiva, pocas metas le parecen imposibles de lograr.

–¿Por qué decidiste cambiar de rumbo con tu nuevo programa?
–Sentí que el otro espacio me encasillaba. Yo he sido reportera, y también conduje un noticiero. Así se me presentó la oportunidad de entrevistar a Lucho Llosa, quien había dirigido Anaconda. En ese entonces nadie en el Perú iba a entrevistar a artistas a Los Ángeles. Y aceptar ese reto significaba abrir un espectro que no había sido explorado. Claro, hace mil años cuando Pepe Ludmir estaba allá entrevistaba a todos los que quería, pero no era una cosa que se estaba haciendo, y me pareció interesante hacerlo. Sin embargo también me encantaba la posibilidad que me daba el noticiero de hablar un poquito de todo. Entonces, después de 4 o 5 años haciendo solamente cine sentí que sí, era uno de mis intereses, pero que éstos eran mucho más amplios. Y si yo pasaba de Avant Premiere a hacer otro programa de cine el encasillamiento iba a ser peor. Ya nadie se acordaba de que yo había estado en el noticiero, de que había otras facetas mías. Así que me corrí un riesgo, y me tomó casi un año y pico volver, pero con una propuesta que me parece interesante porque abarca más, y me da la libertad de llegar a diferentes temas e intereses del público, y míos también.

–¿Cuál ha sido el mejor momento de tu carrera?
–Un logro es que cuando yo empecé a hacer Avant Premiere no había segmentos de espectáculos en los noticieros, y el asunto funcionó tan bien que hoy día todos los noticieros tienen ese segmento.

Hoja de Vida

1994–1997: Conduce el segmento cultural Matices.
1997: Conduce el noticiero Impacto Hoy.
1998–2003: Conduce Avant Premiere con Verónica, el programa que la hizo conocida como entrevistadora de estrellas.
2005: Conduce De Película, por ATV.

–En una oportunidad un periodista local que te entrevistó en un hotel en Los Ángeles contó que el actor Colin Farrell se fijó en ti y te miraba interesado. ¿Alguna vez te piropeó alguna superestrella?
–Dennis Quaid. Yo estaba sola, pero él estaba casado con Meg Ryan, desgraciadamente. (Risas.) Si no, ¡por lo menos hubiéramos salido a comer! Lo que pasó es que terminó la entrevista que le hice, y entonces él dijo que se iba a tomar un descanso, y quería sentarse un rato a conversar conmigo. Y yo me asusté y le dije ‘Nice to meet you’ (Gusto en conocerlo), ¡y me fui! La entrevista había sido muy divertida, agarró un ángulo diferente, y creo que le provocó seguirla porque había sido algo más relajado para él. Pero bueno, me quedé.

–Tú estuviste casada, tuviste tres hijos y te divorciaste. Después de eso…
–Pasé como tres años sola, hasta que conocí a Oscar (Dufour).

–¿Qué fue lo que más te gustó de él?
–Bueno, en realidad yo lo había conocido cuando tenía 14 años, porque era amigo de mi hermana mayor y de su esposo. Siempre me cayó muy bien. Él era un hombre entusiasta, inteligente, divertido, gracioso. Encantador. Pero habían pasado mil años que no lo veía. Y después un día me lo encontré en un avión. Yo me iba a entrevistar a Robert Duvall a Buenos Aires y él estaba en un viaje de trabajo. Después, ya en Lima, un día me llamó y salimos. Estuvimos juntos durante un año y medio.

–Su muerte fue absolutamente inesperada. ¿Cómo manejaste esa pérdida?
–Con mucha pena, y mucho dolor. Para mí, para mis hijos, para sus hijos. Por lo sorpresivo, por lo brusco, porque era un hombre lleno de vida. Y de repente el contraste, de una presencia tan fuerte a una ausencia tan grande. Eso te deja un enorme vacío. Y, bueno, lo primero que uno se pregunta es ‘por qué’. Me lo pregunté cien veces, y después pensaba ‘y ahora cómo hago para poder reconstruirme, salir adelante’. No me podía dar el lujo de tirarme a una cama y deprimirme, tengo tres hijos y ellos estaban tristes. Yo tenía que poner todo de mi parte para estar lo mejor que podía sin dejar de asumir el dolor. Creo que cuando pospones o evades el dolor, después viene y te ataca de golpe. Hay que asumirlo, y procesarlo.

–¿Si eso no hubiera pasado, todavía estarías con él?
–Esa es una pregunta difícil de responder porque entra en el ámbito de la especulación. En ese momento la relación era maravillosa, linda, y yo obviamente pensaba que iba a seguir. Ahora el tiempo ha pasado, han pasado cinco años y hace más de un año tengo una pareja. Él es un hombre maravilloso también, de una esencia muy buena, de mucha calidad humana. En eso es parecido a Oscar y a mi padre, que son digamos referencias. Mi padre siempre ha sido una referencia para mí. Mi pareja es un hombre muy inteligente, muy sensible y muy familiar, es muy lindo con mis hijos. Además es un profesional brillante al cual admiro. Entonces es difícil hacer un supuesto porque en este momento de mi vida, después de cinco años de soledad en los que era difícil encontrar a una persona que me moviera a sentir nuevamente, porque es un riesgo y porque además Oscar era un hombre que me dejó los estándares altos, he encontrado a alguien.

–Cuando salió a la luz la relación de los Dufour con Vladimiro Montesinos, y se habló tanto de Oscar papá como de Oscar hijo, ¿cómo te afectó eso?
–Yo no quisiera entrar en ese tema porque hay un sentido de lealtad hacia el recuerdo de Oscar. Porque tengo cariño por sus hijos, por ejemplo soy madrina de uno de sus nietos, y he mantenido una relación de cariño y amistad con ellos. Y porque finalmente no puedo opinar sobre algo que desconozco. Es un tema que por principios y lealtad no quiero tocar.

–Hablemos de belleza en televisión. Para empezar, el tema del peso. ¿Te importa por una cuestión personal o porque sientes que si no lo controlas pierdes oportunidades?
–Es importante porque a mí me importa, para empezar. Pero en televisión es mucho más complicado porque ésta, de arranque, te sube cinco kilos. Entonces ya es un hándicap en contra. Y verse bien es parte de este trabajo. Ahora, y yo separo eso claramente, importa cuando estoy trabajando. Que yo esté en televisión no significa que un día no me voy a poner un buzo, una cola y un par de zapatillas y salir de mi casa sin una gota de pintura porque me provoca.

–Por otro lado, se tiene la idea de que si no se es joven hay que parecerlo. ¿Qué opinas de eso?
–Yo creo que todo el mundo trata de prolongar la juventud, definitivamente. Lo que es genial es poder equilibrarla con la experiencia. Entonces creo que eso está al margen de la televisión. Ahora, yo sí creo que hay gente muy mayor que es muy joven de espíritu. Pero sí, uno busca prolongar la juventud por lo que ella significa en cuanto a entusiasmo, a ganas, a vida.

–¿Y qué papel juega en eso la cirugía plástica?
–Es un recurso utilizable. Válido como todo en la vida, con equilibrio y con medida.

–¿Es algo que has considerado o hecho?
–Es algo que haré en el momento que quiera hacerlo. Y cuando lo haga, si los resultados quedan naturales no lo voy a contar, obviamente, porque esa es la gracia. (Risas.)

–¿Qué crees que te depara el futuro?
–No soy una persona que programa mucho el futuro, porque creo que la vida te va resolviendo el aquí y el ahora con cada momento y con cada decisión que tomas, que tiene determinadas consecuencias. Lo único que puedo decir es que siempre trato de moverme bajo mis códigos, y dentro de eso están mis intereses del momento. Sí soy una persona capaz de arriesgar una realidad segura cuando ésta deja de motivarme, porque no hacerlo sería desleal a mis propios intereses aquí y ahora. Y nunca me he quedado por miedo. (Escribe Romina Massa / Fotos Víctor Ch. Vargas)



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La Fuerza del Amor

Verónica Ayllón aprendió a cuidarse gracias a sus padres. “Tuve una niñez bastante protegida, con dos padres muy lindos, muy tiernos, muy dedicados a mí y a mis hermanas. Era una casa donde había respeto y amor. Y quizás la estructura emocional que te da crecer en un hogar bien constituido es una ventaja en los momentos difíciles, porque tu ser interior está curado.” Verónica, aquí con sus hijos Alonso y Larisa –su hija mayor, Talía, no vive en Lima–, considera que su infancia le dio fortaleza, y espera que sus hijos encuentren la propia. Por otro lado, insiste en la importancia de la lealtad y la considera uno de los valores más importantes en su estructura familiar y personal.

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